El niño caritativo

By on enero 23, 2020

CXI

 

EL NIÑO CARITATIVO

Llegaron los exámenes. Raimundo

sobre todos quedó sobresaliente:

niño amable, estudioso y diligente,

recibió el parabién de todo el mundo.

Su padre, transportado,

–como un hombre, Raimundo, te has portado

y la madre llorando lo bendijo

entre abrazos y besos.

–Te tengo un velocípedo ofrecido

por tu buena conducta y progresos:

cuando salga tu padre, hijo querido,

a comprarlo, con él marcharás junto,

–Pues a traerlo a punto

exclamó el caballero.

Solamente, Raimundo, que primero

al hospital iremos un instante

tengo que visitar a un pobre amigo…

Pasaron adelante…

Fue Raimundo sosiego

de un cuadro tan sombrío y lastimoso,

tantos males sus ojos contemplaron

que de ellos las lágrimas saltaron

y sintió el corazón latir penoso.

–Papá, dijo, me abruma

la desgracia que veo:

yo repartir deseo

entre esos fieles esta suma.

Cómprame el velocípedo después…

–Esa acción, hijo mío, santa es.

Repartió los diez pesos el buen niño

entre los pobres llenos de contento,

lloró el padre de gozo, y su cariño

se aumentó por tan noble sentimiento.

Rebosando placer el más profundo,

aquella tarde en el jardín rodaba

sobre un buen velocípedo Raimundo

y su madre, feliz lo contemplaba.

Sin caridad no hay dicha en este mundo.

Rodolfo Menéndez

Continuará la próxima semana…

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