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El Método del Torturador (Parte III)

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El Método del Torturador

(PARTE III)

Su estancia en Yucatán pasó desapercibida, a pesar de darse en momentos en los que la violencia en la entidad llegaba a picos históricos nunca antes experimentados, como si su presencia acarreara vibras oscuras.

Fuertemente escoltado, el siniestro sujeto insistió en visitar la zona arqueológica de Aké, a donde llegó un viernes por la tarde. Aquel sitio presentaba tres diferentes tipos de arquitectura: la tolteca, la azteca y la maya, siendo sus pirámides construidas con piedras megalíticas. También ahí se encontraron diversos tipos de armas, por lo que las teorías sobre sus orígenes llegaron a considerar incluso la posibilidad de que hace miles de años fuera una especie de centro de elaboración de ellas.

Él parecía saber más de todo ello, pues solicitó al custodio del INAH – un sujeto llamado Jorge Pech – lo llevara a unas cuevas ubicadas mucho más dentro de la zona.

Al llegar a la entrada, murmuró algo al oído del líder del comando a su servicio. En inglés, este se dirigió al custodio: “Eres un tipo muy afortunado; el ‘Maestro’ realizará ahora un ritual que lleva centurias sin realizarse en este lugar. Además me dijo que tú eres clave en él.”

“¿Y yo, por qué chingados, o qué?”, respondió entre enojado y sorprendido el empleado que vestía de mezclilla y una camisa de color azul claro.

“Porque es imprescindible para la ceremonia un corazón caliente”, respondió el comando.

Un enorme cuchillo penetró la cabeza del yucateco. La destreza del mercenario fue tal que, cuando su cuerpo cayó al suelo, su corazón ya había sido entregado al torturador.

Éste dirigió el órgano aún latente a un punto del cielo, recitando una oda en una lengua inentendible. Después lo devoró de tres mordiscos y dio instrucciones para que lo esperaran, mientras se adentraba en aquellas cavernas.

Anderson, quien era el segundo al mando, le dijo a Cooper, el líder: “Ahora va a su cita con sus amos los lagartos.”

“No son lagartos, son reptilianos, y han estado en este planeta desde hace millones de años, antes incluso que nuestra especie apareciera”, corrigió Cooper.

“Pero entonces… ese monstruo que escoltamos… ¿Es humano? ¿Es un reptil?…”, insistió Anderson.

Cooper encendió un cigarro antes de responder, como analizando las palabras que surgieron de su boca.

“No lo sé. Solo entiendo que este sujeto forma parte de una serie de acontecimientos que definirán una disputa que se remonta a miles de años. Nosotros somos piezas de esa partida. Pero, si las cosas son como parecen, creo que nos conviene estar del lado de quienes han ganado siempre: los putos amos de este y otros mundos.”.

(Continuará)

RICARDO PAT Y GERARDO SAVIOLA

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