Visitas: 3
Música

Eran mediados de la década de los ochenta. Ozzy Osbourne, ex vocalista de Black Sabbath, tenía por entonces 34 años y continuaba tratando de preservar su carrera tras la trágica muerte de Randy Rhoads, genial guitarrista de su banda.
Me encantaba Ozzy, desde sus tiempos con Black Sabbath. Disfrutaba muchísimo escuchando sus discos como solista: “Blizzard of Ozz” (1980), “Diary of a MadMan” (1981), “Bark at the Moon” (1983), y “The Ultimate Sin” (1986), que eran los que había sacado en aquella época sin internet.
En Yucatán, los roqueros que coleccionamos revistas especializadas en rock esperábamos con ansia la salida de Conecte, Banda Rockera, Sonido, y cualquier otra que nos permitiera conocer más acerca de nuestros ídolos musicales.
En una Conecte de 1986 venía una entrevista con Ozzy. Comentaba cómo lograba seguir adelante tras la muerte de su amigo Randy, las constantes giras y todo lo relacionado al negocio de la música. Aseguraba que su amor al rock tenía una conexión directa con estar sobre el escenario, con la pasión que experimentaba cada vez que salía a compartir su arte con miles de fans.
“Me tendrán que sacar del escenario en sillas de ruedas,” aseguró Ozzy Osbourne al reportero que le preguntó si se veía rocanroleando cuando cumpliera 50 años o más. En aquellos tiempos, Ozzy ya era considerada una anomalía de la ciencia, pues especialistas médicos no encontraban lógico que aún estuviera vivo tras su cantidad industrial de excesos.
La cuestión con Ozzy, un personaje alocado de nacimiento, locuaz, bromista, siempre ha sido la otra mitad del ser humano que desde muy joven se enganchó a las drogas y el alcohol. A lo anterior se debe sumar los constantes accidentes sufridos que lo pusieron al borde de la muerte en al menos dos ocasiones.
Hoy, a sus 76 años, Ozzy continúa batallando contra el mal de Parkinson, apenas puede mantenerse en pie, por lo que es probable que, en su última presentación con Black Sabbath, agendada para el 5 de julio en Villa Park, en su natal Birmingham, se cumpla aquella afirmación de 1986: “Me tendrán que sacar del escenario en silla de ruedas.”
Quienes han seguido la biografía de Osbourne saben que su amor por Black Sabbath es incuestionable. Uno de los sucesos más tristes de su vida fue haber sido echado de la banda debido a sus excesos con el alcohol y la cocaína, algo que estuvo a punto de enviarlo a la tumba. No ocurrió porque terminó rescatado por Sharon Arden, la hija del ex mánager de Sabbath, quien posteriormente se convertiría en Sharon Osbourne, su esposa.

Ozzy comenzó a girar con Sabbath a partir de 1970, realizando con ellos ocho tours mundiales, hasta 1978. En su trayectoria como solista, de 1980 a 2022 participó en las giras promocionales de sus 13 álbumes de estudios, las distintas ediciones del Ozz Fest (1997, 1999, 2001, 2004 y 2005). Además, también viajó con los Príncipes de la Oscuridad en el reencuentro de 1998, que se extendió hasta 1999, y la otra gira de reunión de 2011 a 2014, tras la grabación del álbum ‘13’, y el The End Tour de 2016 a 2017.
En 2018 lanzó el No More Tours II, cerrando la etapa norteamericana con el Ozzfest de ese año. Fue precisamente ese año cuando comenzaron a aparecer entre los problemas de salud, el diagnóstico de Parkinson y la suspensión de la etapa final del tour, la cual fue agendada para reanudarse en Europa en mayo de 2023, aunque finalmente nunca ocurrió.
Son muchas las dudas acerca de la condición de Ozzy. Recientemente se filtró que el avance del mal de Parkinson sigue causando estragos en su salud, principalmente en su movilidad, por lo que actualmente no puede caminar. De poco han servido tres cirugías, tratamientos con células madre, terapia física e incluso el tratamiento de ayuda híbrida para extremidades.
Afectado de su sistema nervioso, se ve muy difícil que Ozzy, con dificultades para caminar e incluso hablar, con temblores en las manos, pueda estar a la altura de las circunstancias el próximo 5 de julio.
RICARDO PAT





























