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El impactante ‘Rising Force’ de Yngwie Malmsteen
El 5 de marzo de 1984, el guitarrista sueco Yngwie Malmsteen lanzó su álbum debut con el que logró impactar a las audiencias que ya lo seguían tras su paso en la banda ‘Alcatrazz’.
En este álbum se logra de manera sublime la fusión entre el mejor rock instrumental con el sonido neoclásico del cual Yngwie era un fanático declarado. Siendo su máximo ídolo Ritchie Blackmore (Deep Purple) no es de extrañar que el resultado final de esta obra de 9 temas (7 instrumentales y dos cantados) fuera una combinación de velocidad y técnica con ambientaciones clásicas y barrocas, con una notable influencia de la música de Beethoven y Paganini.
Yngwie estaba harto de seguir bajo las órdenes de alguien; su paso por ‘Steeler’ y ‘Alcatrazz’ lo convencieron de que lo más adecuado era que se hiciera cargo de su propia carrera, sin tener que esperar indicaciones ni de Ron Keel ni de Graham Bonet, líderes de los grupos antes mencionados.
Para dar vida a este disco reclutó al baterista Barriemore Barlow, el tecladista Jens Johansson y el tremendo cantante Jeff Scott Soto, haciéndose cargo él mismo de las guitarras eléctricas, acústicas, así como del bajo y, desde luego, de la producción.

Así, a principios de 1984 se encerró con estos músicos en los Record Plant Studios de Los Angeles para registrar estas piezas, muchas de las cuales se convertirían en grandes clásicas en sus presentaciones a lo largo de su carrera artística.
El inicio con ‘Black Star’, con una duración de 4:53, es realmente impactante. Lo primero que viene a nuestras mentes al escuchar este tema es “¿cómo diablos puede tocar con esa velocidad?” La influencia neoclásica es innegable y se paladea de principio a fin.
‘Far Beyond The Sun’ (5:52) continúa el festín de guitarras relampagueantes, arropadas con un ritmo galopante que la convierten en una de las rolas más heavy del disco, sin que por esto pierda ese estilo barroco que lo distingue.
‘Now Your Ships Are Burned’ (4:11) es la primera canción cantada y es un agasajo, sobre todo porque la voz de Jeff Scott Soto a partir de este trabajo comenzó a ser considerada como una de las mejores de la escena metalera internacional.
‘Evil Eye’ (5:14) es otra instrumental que Yngwie ya había tocado en vivo durante la última gira que realizó por Japón con ‘Alcatrazz’, aunque nunca la grabó con esa banda, sino que desde entonces la reservó para el que pensaba sería su debut discográfico.

‘Icarus’ Dream Suite Op.4’, es la joya del disco, una suite de 8:33 minutos de duración realmente exquisita. Con un inicio denso, se incluye un fragmento del ‘Adagio in G Menor’ de Tomaso Albinoni, pero solamente para el intro, pues cuando despega entramos a una dimensión distinta
‘As Above, So Below’ (4:39) inicia con un órgano que parece grabado dentro de una catedral o al menos esa es la sensación que despierta, pero simplemente es para dar paso al segundo tema más pesado de la colección. Nuevamente es un deleite escuchar los alcances vocales de Scott Soto, un cantante realmente sobresaliente que en esta canción exige su garganta al máximo.
‘Little Savage’ con una extensión de 5:22 incluye una atractiva ‘batalla’ entre guitarra y teclados que se van intercalando los solos sobre una base heavy, demostrando que tanto Yngwie como Jens Johansson son unos consumados virtuosos en sus respectivos instrumentos.
‘Farewell’ de apenas 0:49 de duración es la rúbrica que cierra el álbum que por cierto recibió nominación en la categoría de Mejor interpretación de tema rock en los Grammy Awards de 1986.
RICARDO PAT





























