Días Críticos

By on mayo 28, 2020

Editorial

Muchos ciudadanos del mundo, así como innumerables lectores nuestros y seguidores en las redes sociales, han vivido los últimos meses presionados por las dramáticas noticias negativas de una pandemia que amenaza con cambiar el derrotero de la vida humana en el planeta.

La preocupación de tales lectores la compartimos con amplitud, y vemos asomarse serias amenazas en el desarrollo de nuestra vida como una sociedad, que ha venido evolucionando desde los refugios naturales de la prehistoria en habitáculos improvisados, hasta los sobrevaluados departamentos de las torres modernas, los rascacielos.

¿Esa es, hasta esos límites, nuestra natural evolución? ¿O acaso es el principio de una involución amenazante? Ante estas alternativas se imponen análisis serenos, ponderados.

La raza humana priorizó en sus orígenes el alimento al alojamiento. A partir de ahí, su evolución en un muy corto período hacia una convivencia más civilizada se fue dando.

De la caza y la pesca, al cultivo y cosecha de vegetales, a los alimentos cocidos y aderezados, hasta llegar a una amplitud y diversidad alimenticia, se fueron sumando otros hechos y factores que, por su magnitud, se han convertido ahora en serios obstáculos para la humanidad.

Se daba la suficiencia de productos para el abasto de la humanidad de ese entonces al no existir grandes problemas ambientales.

Pero, poco a poco, las variantes en la alimentación, el supuesto “avance” de nuestra civilización, el incremento poblacional, las especiales condiciones naturales de los países, suplieron a través el comercio el abasto de insumos básicos, o hasta sanitarios, para algunos países privilegiados.

La evolución que se estaba dando traía consigo excesos, poco notorios en sus principios, pero en crecimiento constante y acelerado. Hoy sabemos de las consecuencias en la magnitud de la contaminación de la tierra, de las aguas, del aire mismo. Los desechos de la población han contaminado ríos, mares, selvas, espacios vitales. Aun el espacio que rodea al globo terráqueo ya registra basura espacial.

Los desechos industriales que se acumulan, la basura de una población creciente, la polución en el medio ambiente, son temas relevantes para todos porque a todos afectan.

La contaminación, las armas radioactivas, las impurezas flotantes en el aire descienden sobre la población casi siempre de manera imperceptible, y son parte del caldo de cultivo de gérmenes patógenos como el que ahora impacta países, razas, espacios de convivencia, incluso hogares.

Ahora, un minúsculo e invisible enemigo, indeseable visitante, está entre nosotros muy a gusto. Y fuimos todos, con nuestras actitudes negativas quienes le abrimos las puertas a una contaminación creciente.

Pudimos convivir con la fiebre aviar, y el H1N1; quedó atrás la fiebre aftosa y el cólera. Ahora, el COVID-19 nos llega sin aviso, como ocurrió con las plagas sobre el pueblo egipcio, por razón de un castigo divino enviado por manos celestiales.

Reflexionemos. Aún estamos a tiempo de corregir el rumbo errático, y ahora doloroso, al que hemos contribuido todos, a quererlo o no.

Los más avanzados laboratorios del mundo trabajan en una posible vacuna. En tanto, la disciplina también debe imponerse y la cuarentena decretada debe acatarse. Es lo menos que podemos hacer para ayudarnos a nosotros mismos.

One Comment

  1. JORGE FRIAS CASTILLO

    junio 1, 2020 at 1:57 pm

    un interesante y analítico articulo de concientización humana , felicitaciones por hacer un acervo de ideas a las que debemos iniciar un proceso de conductismo ambiental en pos de nuestro bienestar,, excelente articulo

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