Visitas: 0

IV
“El Ayuntamiento de Mérida faltaría a sus deberes y su noble misión si no elevara su voz hasta el seno de la Representación Nacional para cooperar de alguna manera a que se lleve a cabo un pensamiento que, apoyado también por “El Espíritu Público” de Campeche, oscila por otra parte en la mente de todos los yucatecos: la traslación de la Aduana de Sisal al puerto llamado El Progreso.”
“Fiel intérprete de los sentimientos, nobles deseos y necesidades de este municipio, no puede menos que ocupar su silencio sobre un asunto a todas luces y necesario, conveniente y útil.”
“El Jefe de Hacienda, Señor, a principios de este año elevó al Supremo Gobierno de la República una razonada y luminosa exposición en este sentido y el C. Ministro del Ramo formó expediente acerca de la conveniencia de esa traslación haciendo, en su consecuencia, iniciativa ante el Supremo Congreso para el decreto relativo.”
“Hoy, Señor, esa medida es una exigencia pública.”
“¿Y cómo no serlo, cuando “El Progreso” es un lugar privilegiado por la naturaleza, con un lago canalizable con florecientes poblaciones inmediatas y de una salubridad experimentada tantas veces? ¿Cómo no serlo, cuando los pueblos del Oriente y Sur con sus terrenos feraces, afluirán allí más fácilmente con sus variados frutos para ser exportados a otros puntos de la República y aún para el extranjero?”
“Sisal, Señor, dista de esta capital, que es foco de las transacciones, 63,750 varas y para trasladar el comercio a sus efectos a este puerto necesita de dos noches y un día, dando el triste resultado de que algunas ocasiones no alcancen el buque o vapor para su embarque.”
“’El Progreso’ sólo dista de Mérida 42,460 varas y una noche es bastante para que los carros bien cargados de efectos lleguen a este destino.”
“A las peculiares cualidades del punto indicado, que deben tomarse en cuenta, la municipalidad que representa este Ayuntamiento ha querido limitarse a llamar la atención sobre la brevedad de tiempo; porque el tiempo, Señor, en el presente siglo es de la mayor importancia para el comercio, la industria y para todos los actos de la vida. Cuando los estadistas presentan guarismos, demostrando que ésta o aquella vía de comunicación para un efecto importante traerá más economías y dará más animación a un pueblo y otros muchos; cuando el fuego, el vapor y la electricidad devoran las distancias, no se tiene más objeto, ni más interés que ganar tiempo.”
“Un digno yucateco, tan amante de los progresos de su país, nos ahorra la tarea de evidenciar cuánto ganaría Yucatán con esa traslación.”
“Los planos que esta corporación acompaña, así como “El Iris” número 32, donde expone razones incontrastables, son una garantía para el triunfo de ese pensamiento que, realizado, será el germen de bien y prosperidad para esas poblaciones desgraciadas.”
“Espita, Tizimín, Izamal, Motul, Temax, Ticul, y otros pueblos podrán remitir sus frutos para una abundante exportación; porque los fletes serán más baratos; porque ya no gastarían tanto dinero en la conducción de sus frutos al lugar llamado “El Progreso” como acontece respecto de Sisal. Ahí están los planos. Consúltense, mídanse las distancias y se notará que no hay exageración, sino que de su examen se vendrá en conocimiento de una verdad palmaria, de una verdad consoladora, de una verdad que bien apreciada redundará en bienestar general.”
“Al abrirse, Señor, el comercio de altura y cabotaje en ese punto importante, vendría después el ferrocarril y Mérida podrá saludar con toda efusión que ya no cuentan leguas sino horas. El movimiento, el cambio, las operaciones mercantiles, la realización a día fijo, en momentos oportunos, constituyen, Señor, según la opinión de un publicista compatriota nuestro, el bienestar general. A esto tienden los esfuerzos de los comerciantes, industriales y agricultores de esta desgraciada parte de la República; y esta corporación que está persuadida de que la traslación de la Aduana de Sisal a “El Progreso” será una fuente de prosperidad, tiene interés para llegar a este resultado, que será fecundado en bienes para el porvenir.”
“A vuestra soberanía, pues, corresponde cambiar la existencia de Mérida y de otros pueblos ansiosos con fundamento que se establezca la Aduana Marítima en “El Progreso”. Esta generación, Señor, que se ha distinguido en todos los sentidos, está llamada a realizar un proyecto cuya voz se dejará escuchar a grandes distancias anunciando la vida y el movimiento; pero para esto es indispensable, Señor, que vuestra Soberanía la aliente, resolviendo favorablemente esa traslación que esta Junta Municipal no ha vacilado en solicitar y recomendar a su alta consideración.”
“Fecunda será la medida en bienes para Yucatán; y este Ayuntamiento, confiado en la ilustración de vuestra Soberanía, espera rendidamente que dejará satisfechos los deseos del pueblo que representa.”
Mérida de Yucatán, Sala Capitular, octubre 4 de 1869.- Juan Nicoli, presidente. Olegario Mendoza, Anselmo Duarte Zavalegui, José J. Aldaz, Gregorio Concha, Wenceslao Méndez. Santiago Aguilar, Fermín Domingo, Juan Castellanos, Juan de Dios López, Bonifacio Tamayo, Rafael Canto, secretario”.
“Señor:
“Los que suscribimos, amantes de todo aquellos que puede dar vida a un pueblo, o puede influir en su engrandecimiento, no hemos vacilado en dirigirnos a las primeras autoridades de la Republica todas las veces que hemos previsto de que tal proyecto, de tal medida, o de tal manera esperamos, con fundamento, un resultado lisonjero para bienestar de la sociedad.”
“Comerciantes, agricultores, o industriales los más, solo hemos aspirado a que se lleven a buen término empresas que redunden en provecho de la multitud: porque estamos convencidos, Señor, de que el trabajo es el significado más glorioso de nuestra moderna civilización.”
“Sin embargo, estériles serán en muchas ocasiones nuestros esfuerzos si no contáramos con la importante cooperación del poder público; porque el poder público es a quien únicamente corresponde dictar ciertas medidas, que si son acertadas, si satisfacen una exigencia, si están en consonancia con los deseos e intereses de un pueblo, abren una fuente segura de prosperidad en el porvenir.”
“Para el establecimiento de una vía de comunicación, abrir un puerto, canalizar un río, levantar una ciudad, no bastan los esfuerzos particulares, sino es indispensable la injerencia y cooperación de la autoridad pública; pero de una manera que brinde garantías a las empresas, no retraiga a los comerciantes, e inspire confianza a los capitalistas.”
“Tal sucede, Señor, con la proyectada ciudad de “El Progreso”. Los documentos y planos que han circulado a expensas de un digno yucateco, vienen a poner en evidencia la necesidad, conveniencia y utilidad de que vuestra soberanía decrete la traslación de la Aduana de Sisal a “El Progreso”. Con esta disposición, de exigencia pública en Yucatán reconocida y suficientemente apoyada por el Supremo Gobierno en el anterior Congreso, habrá puesto la primera piedra de nuestro futuro bienestar, y acaso en no lejano tiempo se erija en esa ciudad un monumento al 5° Congreso Constitucional de la Nación”. Siguen numerosas firmas.
Esteban Durán Rosado
[Continuará la semana próxima…]





























