Con Fe y Hacia Adelante

By on diciembre 6, 2018

Editorial

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Los cambios que ha traído consigo la asunción de un nuevo gobierno al poder ejecutivo federal han propiciado una copiosa lluvia de comentarios críticos y puntos de vista enfrentados que, por lo general, son frutos de algunos festejos tricolores anticipados y sin justificación y/o de puntos de vista válidos, pero atemporales, que surgen de prejuicios.

Hechos: por razones de la democracia participativa convocada, treinta millones de mexicanos votaron el primero de julio anterior en favor de un partido y un candidato, ambos legitimados por las autoridades electorales. Una mayoría histórica y legítima.

Si quien no se esperaba venció en la lid, eso da a los juzgadores una tarea a realizar para analizar y estudiar lo ocurrido, que no fue producto de magia electoral al viejo y cansado estilo.

En tanto, los apabullantes resultados han sido la última palabra, y las especulaciones buscan tres patas al felino, cuando bien saben que tiene cuatro.

Asumido oficialmente el poder, en medio de la parafernalia acostumbrada, el nuevo presidente ya es presionado por resultados concretos de su gestión, aunque apenas lleva una semana dedicada a la organización de su equipo de trabajo.

Se eligió un Presidente, no a un demiurgo, o sea, no debe exigírsele que en el corto período de una semana resuelva toda la problemática nacional. Pedirle y hasta exigirle que cumpla sí, es correcto. Pero para ello se requiere de capacidad humana, orden de prioridades y pasos firmes. No repetir el camino de las improvisaciones.

Es equivocada la posición de aducir que ya, por artes de magia, nos ofrezca las soluciones perfectas a las enormes fallas de todo un siglo anterior. Nada de dar pasos sin huarache, como dice la sabiduría popular. Bien conocemos ya que, precisamente por apresuramientos y el triunfalismo anticipado, o la improvisación, hemos sufrido de frustraciones severas como pueblo en períodos gubernamentales anteriores.

Resultados.

Hechos, no palabras.

Acciones, no más promesas.

Si esto es la Cuarta Renovación Nacional, bienvenida sea, siempre y cuando brinde respuestas a las demandas de un pueblo que ha redescubierto su poder democrático.

México no es hoy una calca de Hogwarts, la escuela para preparar magos según la concepción de una creadora inglesa transformada en varias películas, aunque fuerzas oscuras temporalmente desplazadas ya existen en nuestra nación. Y eso desde hace mucho tiempo.

Sin varitas mágicas, con trabajo arduo y consistente, hemos de salir adelante.

No se valen las zancadillas ni las patadas por debajo de las mesas.

Sin exigencias desorbitadas…

Sin destruirnos o enfrentarnos en luchas estériles…

Con fe en nosotros mismos y en nuestros conciudadanos…

Con la visión de reconstruir esta patria que amamos, unamos propósitos y voluntades…

Un futuro promisor toca a nuestras puertas…

Abrámoslas a la unidad y un bienestar compartido…

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