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El Método del Torturador
(VI)
Esa noche Chela tuvo un sueño fuera de lo común.
Se observaba cerca del Observatorio de Chichén, con el cielo enmarcado por las estrellas y con la claridad de la luna iluminando las majestuosas ruinas. De repente, un haz de luz descendió del firmamento, cegándola momentáneamente. Al adaptarse sus pupilas, notó con sorpresa que una pareja – ambos de larga y blonda cabellera, sin una edad definida, pero con una mirada llena de experiencia y vivencias – caminaba grácilmente en su dirección.
“¡Hola, Chela!”, la saludaron ambos sin mover los labios, agitando la mano. “¡Cómo has crecido!”
Chela Ek escuchaba perfectamente lo que decían en su mente, pero no lograba detectar emisión de sonido alguno. Sus pensamientos se tornaron confusos y por un momento la dominó el temor.
“¡No temas, Chela, que venimos en paz! Deja que tu mente procese lo que escuchas, y entonces contéstanos a través de tus pensamientos”, le dijeron mientras sonreían.
“Después de todo, eres una de nosotros y es comprensible que estas aptitudes te lleven un poco recuperarlas y dominarlas nuevamente, sobre todo porque no las has usado desde que eras una niña y te dejamos en esta dimensión.”
“¡¿Cómo?!”, musitó Chela.
“Relájate, Chela. Escucha nuestras voces; reconoce en tu interior este mecanismo de comunicación; rastrea en tu memoria, y entonces sabrás que nuestras palabras son verdaderas.”
Una extraña tranquilidad fue apoderándose de Chela: las palabras de los visitantes comenzaban a despertar recuerdos y sensaciones en ella.
“Bien. Les escucho”, pensó, comunicándolo a la pareja.
Complacidos, ambos sonrieron y asintieron con la cabeza, saludándola.
“Ojalá pudiéramos pasar tiempo contigo para explicarte el motivo por el cual fuiste elegida para quedarte aquí. Celebramos tu paciencia y que te hayas adaptado a las costumbres de nuestros amigos los Mayas. Hemos tenido mucha comunicación con ellos desde tiempos ancestrales; nos ayudamos mutuamente en muchas ocasiones.”
“Están sucediéndose eventos que, sin tu intervención, podrían acabar con la hegemonía de la raza humana. Están por ser invadidos y convertirse en alimento.”
“¿Cómo saben de esto si apenas acaban de aparecerse ante mí?”, preguntó Chela.
“Hemos observado a lo largo de la historia, con no poco riesgo de que nuestras naves sean derribadas y de que algunos de nosotros cayéramos presa de los militares, la manera en que una renegada faceta de los Annunaki renunció a emigrar de este planeta y, en cambio, se ha envilecido y deformado, convirtiéndose en los reptilianos.”
“Penosamente, aquellos que decidieron quedarse atrás se aliaron con humanos ávidos de poder y de riquezas, conjugándose los peores elementos de ambas razas. Aquellos humanos crecieron, y con ellos la influencia de aquellos Annunaki, hasta que decidieron unirse. Pero la combinación resultante tan solo exacerbó los caracteres negativos de ambas razas, naciendo así los reptilianos, ávidos de carne humana, de acrecentar su poderío y liderazgo por medio del sometimiento.”
“Inicialmente nuestra política era de no intervenir, puesto que las manifestaciones de los reptilianos eran mínimas, y la mayoría de los humanos los consideraba un invento, un engaño.”
“Comprendo. Sin embargo, no entiendo qué tengo que ver con lo anterior”, respondió Chela. “¿Entonces soy una Annunaki?”
“Eres una de nosotros, efectivamente, y la mezcla genética de tus antepasados, a través de varias generaciones, te ha dotado de poderes que pronto deberás usar en beneficio de la raza humana. Siempre hemos buscado la armonía y la convivencia en todos los planetas que hemos visitado. Tú eres la elegida por nuestra raza para devolver eso que ha perdido este satélite solar.”
Con cada palabra que resonaba en su cabeza, Chela adquiría un nuevo nivel de consciencia, su material genético se activaba y comenzaba a despertar aquellas habilidades que le habían mencionado.
Después de unos breves momentos, la mirada de Chela cambió.
“Comprendo”, fue todo lo que dijo.
“Dejaremos en tus manos este vial. Llegado el momento sabrás cómo usarlo. Encamínate a Aké, pero hazlo de noche, sin levantar sospechas. Ahí te espera la prueba que definirá el futuro de esta raza humana.”
Un nuevo haz de luz llenó la noche, pero ahora Chela fue capaz de ver perfectamente cómo el haz de luz era en realidad una puerta interdimensional detrás de la cual aguardaba una nave a los viajeros. Sin pensarlo, una de sus habilidades había entrado en acción.
Despertó en su hamaca.
“Seguro fue un sueño”, pensó…pero el recipiente metálico que estaba en el tup de su hamaca dijo otra historia.
Al tomarlo en sus manos, Chela Ek adquirió total consciencia de su misión.
Xibalbá la esperaba.
Gerardo Saviola y Ricardo Pat





























