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Libros

Testimony – Robbie Robertson
Ya he mencionado varias veces en estas colaboraciones que uno de los grupos que más afectó mi crecimiento musical, principalmente porque lo conocí ¡en el cine! cuando asistí a ver The Last Waltz al Cine Cantarell en aquellos días de 1978, fue The Band. En mi afán de conocer más acerca de ellos, adquirí el libro autobiográfico de Levon Helm – This Wheel´s On Fire –, en el que abrevé un poco de la historia del grupo, a través de los relatos de su baterista, quien siempre ocupó un lugar importante en la banda.
Al finalizar aquel libro, que presentaba a Robbie Robertson – el guitarrista principal del grupo – como algo menos que un demonio ventajista y lleno de egoísmo, me quedó la interrogante acerca cuál sería la visión de Robbie. Poco más de un año después, he podido entonces leer la versión de los hechos de Jamie Royal Robertson, el verdadero nombre de este artista que asumió el liderazgo del grupo cuando – según indica – nadie más deseaba serlo, a través de las palabras en su libro autobiográfico Testimony.
Cubriendo desde su infancia, y concluyendo con el concierto que dieron en el Winterland y que se convirtió en la película The Last Waltz de Martin Scorsese, en Testimony hay varias cosas que platicó Levon que Robbie confirma, y hay otras más, muchas más, que vienen a arrojar un poco más de luz acerca de la vida de estos increíbles músicos, y de la espiral de drogas y excesos que desencadenaron en el fallecimiento del atormentado Richard Manuel, suceso que fue ampliamente descrito por Levon en su libro. Me quedé con las ganas de seguir leyendo y, sobre todo, de leer algún tipo de elegía para Richard, Rick y Levon, quienes ya disfrutan en la siguiente etapa del camino, algo que zanjara de una vez por todas las discusiones sobre el ríspido final del grupo.

La comparación entre ambos trabajos es obligada: mientras el libro de Levon abunda en la atmósfera al interior del The Band, el de Robbie abunda en los detalles al exterior del grupo; mientras Levon apenas menciona a Bob Dylan, en cambio Robbie lo presenta prácticamente como el astro al cual The Hawks ataron su crecimiento musical, como una gran influencia artística, y en cuya órbita conocieron a grandes artistas en la mitad de la década de los 60, y hasta mediados de la década de los 70, sin olvidarse de reconocer que se apoyaron en él para crear el disco que los colocó en el camino de la fama: Music from Big Pink; Levon hizo énfasis en la tremenda carga que les resultó cumplir el contrato que firmaron con Capitol Records, algo que Robbie nunca menciona que les hubiera causado mayores problemas; finalmente, mientras Levon indicó que la decisión de no volver a tocar fue exclusivamente de Robbie, éste explica que fue una decisión consensuada debido a los problemas de drogas (todos eran narcodependientes, consumiendo drogas de cualquier tipo) que estaban viviendo y que les estaban comenzando a pasar facturas, y que pensaban – cuando ya todos estuvieran mejor – regresar a crear música, que su retiro sería temporal.
El único integrante – además de Robbie – de The Band que continúa vivo es Garth Hudson, quien es el que podría poner las cosas en claro, puesto que tanto Levon como Robbie lo respetaron; pero el buen Garth simplemente no lo hará, porque su bonachona naturaleza nunca lo permitiría. Así pues, algún día espero que todos se encuentren y hagan las paces.
Testimony resulta un impresionante bufet en el que aparecen innumerables personajes de muchos diferentes ámbitos artísticos. Robbie nos platica de cuando los muchachos – y principalmente el autor – conocieron a The Beatles, a Elton John y Bernie Taupin, a David Geffen, a Salvador Dalí, a Henry Miller y a Terry Southern, cómo se hicieron amigos – muchos de ellos a través del consumo compartido de drogas – de personajes como Janis Joplin, Jimi Hendrix, de personajes que conocieron en sus diferentes viajes, y hasta de cómo trabajaron para Jack Ruby, el asesino de Lee Harvey Oswald.
Robbie Robertson presta particular atención a sus relaciones familiares – quien él pensaba que era su padre no lo era, lo cual le abrió la puerta a otra familia con madera para los negocios, riesgosos algunos de ellos, pero que le abrió los brazos y lo hizo sentirse querido –, así como también a la manera en que conoció a su esposa Dominique, y el amor por los hijos que tuvo con ella, mientras balanceaba su carrera artística.

En un punto particularmente importante, Robbie nos habla de los detalles de grabación, y de cómo componía canciones para The Band cuya autoría luego asignaba a todos, siendo solidario con las regalías por los derechos por las canciones, hasta que Richard, Rick y Garth le pidieron dinero a cambio de que se quedara con la autoría y los derechos al 100%, algo que contrasta completamente con lo que Levon indica en su libro, cuando indica que Robbie “se aprovechó” de la inocencia de los muchachos, quitándoles sus ganancias.
Para los que apreciamos los detalles y el génesis de sus obras, Testimony nos platica acerca de detalles que parecieran nimios, como la elección de los nombres de las canciones y de las portadas de los discos, de los detalles experimentales en los estudios de grabación, de los grandes músicos con los que convivió el autor, de sus colaboraciones con algunos de ellos ya en su rol de productor y de ingeniero de sonido y, en general, nos habla de su rol como líder de The Band, pero matizando el puesto, indicando que siempre sometió a votación todo lo que hacían, nunca imponiéndose. Creo que ahora me explico entonces por qué Levon – ambos se expresan uno del otro en sus inicios con Ronnie Hawkins como “hermanos” – se fue a la tumba guardándole una gran animosidad a Robbie: siempre los asuntos – dinero, conciertos, disqueras, estudios – fueron a través de Robbie, y no dudo que Levon pensara que no fungía como portavoz, sino que todo era maquinado por Robbie para su beneficio personal. Ahora me queda claro que Robbie asumió el rol de líder porque nadie más quiso hacerlo.
Testimony es un libro obligado para aquellos que deseen conocer el medio ambiente artístico de los 60s y los 70s, así como el caldo de cultivo en el que vivían y se experimentaba; también es lectura obligada, sin duda, para aquellos que admiramos la obra de The Band. Es un testimonio más de la grandeza de Rick Danko, Richard Manuel, Garth Hudson, Levon Helm y Robbie Robertson, un testamento lleno de interesantes historias que me hacen apreciarlos aún más a todos, y su inmortal música.
Gracias, Robbie.
Gerardo Saviola





























