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Juglar
A Paco y José, con una amistad
que, al nacer, tiene ya el sabor
añejo del tiempo maduro.
Bajo la vertical espina de oro amargo
que el sol de Toledo clava y precipita.
Sobre la piedra calcinada por el tiempo
de estas calles cansadas, envilecidas
por los pies repetidos mil veces más
del gusano turístico, infinito y vacío.
En el centro del claroscuro de un Greco
extrañamente verdadero,
a pesar del caldo preparado en su nombre
por los mercaderes de siempre
y bebido sin ganas, de prisa y en silencio
por los necios de ahora.
Ahí, aquí, en este Toledo de rancia piedra
que transpira todavía
el sudor vertido en otros tiempos.
En este Toledo de tantas pesetas el minuto,
llega como una serpiente de agua fresca
nacida del Tajo, envejecido y solo,
una música clara de voz y de guitarra.
Pasa limpiamente por el aire
y los rayos que rompen, a golpes de calor
la filigrana de piedra y de entusiasmo
retroceden vencidos a iluminar la maravilla.
Con esa misma fuerza de frescura
y con el arma de la transparencia,
nos llega la amistad en paralelo
del juglar repartido en manos y garganta.
Pasa limpiamente por la carne y los huesos
y se detiene a cantar,
en el rincón que el espíritu reserva
para guardar celosamente sus tesoros más ricos.
Juan Duch Gary
[Continuará la próxima semana]





























