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LXXXIX
LA DESGRACIA
No hay nada más respetable
oh niño, que la desgracia,
el dolor es imponente
la infelicidad, sagrada.
Al huérfano desvalido,
al anciano sin morada,
al que, errante, peregrina
sin luz, familia, ni patria;
a los débiles de cuerpo,
a los enfermos de alma,
a todo el que sufre o llora
o al que inválido se halla;
en vez de la burla necia
que los perversos le causan;
en vez de los sufrimientos
de la cobarde ignorancia;
dale, niño, tu respeto,
tu amor, y tu pan sin tasa…
¡eso dice la conciencia!
¡Es lo que Dios te manda!
Rodolfo Menéndez
Continuará la próxima semana…





























