Volver al inicio, encontrar la paz.

By on noviembre 28, 2019

Adán Echeverría

360 grados se denomina el libro que como ópera prima presentó la tarde-noche de este viernes 22 de noviembre el escritor Félix Martínez en el café-librería Horus. Tuve la fortuna de acompañarlo en esta presentación, a la que también acudió el escritor Rodolfo Espinoza, que fungió como presentador del evento.

Félix se acercó desde este marzo de 2019 al taller de apreciación y creación literaria que lleva poco más de un año sesionando en las instalaciones del Instituto Regional de Bellas Artes de Matamoros.

Desde que comenzó a asistir, pocas han sido las semanas en las que Félix no se acerque con un poema o algún relato para leerlo y ponerlo en la mesa de operaciones del taller, que los asistentes podamos opinar sobre su trabajo, hacer las indicaciones necesarias para que el texto vaya tomando camino y posteriormente el autor, en la tranquilidad de su tiempo, haga los cambios que considere pertinentes, luego de haber escuchado a los demás compañeros.

Ése es el actuar de nuestro taller literario (de todo taller literario): llegar con una obra de manera semanal (disciplina de escritor), presentarla ante los ojos lectores de los compañeros (tener humildad para ponerlo a disposición de los demás), no explicar de qué va la historia ni discutir con los compañeros, solamente leer la obra. Que el texto se defienda solo, es la sentencia, y todos juntos nos sumamos a esa idea.

Ya será después, en los cafés, las charlas fuera del taller, cuando los autores podremos dar luz sobre el proceso creativo.

La disciplina de Félix es bárbara, como es la de Rodolfo, como empieza a ser igual en Lupita Olvera, quienes se han propuesto presentar textos semanales, lo que habla de la disciplina de escritor, para robarle tiempo a sus actividades de todos los días y poder trabajar en su obra.

El libro que nos convocó la tarde del viernes 22 de noviembre reúne una época del autor. Textos que fueron naciendo en su totalidad bajo la mirada y guía del maestro Ramiro Rodríguez durante los últimos 4 años. Textos –relatos y poemas– en los que Félix Martínez ha puesto una parte de sí, de sus vivencias, de sus amistades, su familia, sus amores: hijos, esposa, hermanos, padres, tíos, haciendo que cada historia, cada poema, cada relato, tenga ese toque de ternura, aun cuando el tema del que se trate pueda resultar en la violencia del sinsentido, la envidia, el rencor, como en el relato “El viaje”.

El autor nos regaló, mientras comentaba sobre la creación de la obra a preguntas que el auditorio le iba haciendo, de esas anécdotas que le hacen escribir, que le hacen traer a la hoja blanca las emociones que se recorren su sangre, salpicando cada una de sus células, lo que promete en convertirlo en un autor literario hasta que las fuerzas le alcancen. Anécdotas que le impulsan a seguir en el oficio de escritor, cuando puede constatar que alguna de sus obras pudo mover la fibra de algún lector, como lo ha hecho ya en alguna ocasión. Porque eso es la literatura, ese espacio para el reconocimiento de nosotros mismos en las historias que leemos de los otros. Para, por medio del lenguaje, reconocer al otro que somos nosotros mismos, desde los personajes que se construyen.

Félix lo presiente, lo intuye, e incluso estoy seguro que lo sabe. La literatura es ese acto comunicativo que nos permite llegar a los ojos y la vida del otro, y desde ese momento pasar a formar parte de muchas vidas. Nuestros personajes, nuestras historias, llegan a ser parte de la vida de aquellos que alguna vez nos leen. Y el objetivo se cumple cuando aquel lector reconoce la historia que se amolda a su forma de ser, que le mueve las emociones.

En este caso, la presentación de Félix Martínez me ha hecho sentir ternura, calma, e incluso paz, esa paz que se siente al disfrutar de los textos que conforman parte del libro 360 grados (Catarsis Literaria, 2019).

 

Testamento / Félix Martínez

Estos son mis bienes que heredo:

Una casa sin paredes ni techo.

Para mirar la extensión les dejaré el cielo,

donde podrán ver las nubes cambiantes

las estrellas.

Les dejo el mar con sus tesoros

la luz, el cálido sol, para que se extienda

a sus noches frías. Dejaré el albedrío, un bien

heredado de mis padres.

Podrán escoger creer en un Dios benigno,

que está en cada huella, en todos los ojos,

o asegurar que existe lo que está en el horizonte.

Dejo un cheque portador de conocimiento,

háganlo efectivo en libros. Ellos abrirán

sus mentes a otros mundos distantes.

El tiempo no se rige por los días o años.

Éstos se acortan cuando pausas la vida

y reciclas el pasado.

Mi mayor riqueza

fueron momentos en familia.

Cuiden sus activos,

separen valores de las posesiones.

Les dono mis sueños y quimeras;

mantendrán despiertos sus sentidos.

Disfrútenlo todo, llénense de sol, lluvia, ríos,

caminen veredas, suban la montaña,

lean ese libro para que vean que el mundo

nunca fue cuadrado.

Este es mi legado,

tomen posesión,

es suyo el universo.

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