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II
Rosa Carolina González de la Torre
Nepantla vio nacer a la niña Juana Inés un 12 de noviembre de 1651. Parecía que todo estaría en su contra para brillar: la época, el entorno, su condición de nacimiento: hija natural, mujer, soltera. Su confesor, Antonio Núñez de Miranda, siempre la consideró un peligro para la sociedad: se opuso a su manera de actuar e incluso a algunos de los temas escritos en sus poemas.
Aún con todas estas dificultades, Juana Inés tomó las riendas de su vida. Aprovechó su inteligencia, talento, belleza, humildad, ángel, para primero abrir las puertas de la hacienda donde pasó su infancia, luego radicar en la Ciudad Capital, después cruzar fronteras con su obra literaria hasta Europa, sin pisarla porque durante 28 años vivió en una casa conventual en San Jerónimo y, finalmente, trascender …
De una precocidad extraordinaria, a los tres años comenzó a leer, a los 9 aprendió latín. Autodidacta, interesada en la ciencia y las artes, Sor Juana Inés de la Cruz fue una monja y una mujer moderna para los años 1600, al dedicar su vida al estudio, al pensar que “una cabeza no es linda si está hueca por dentro”, al desempeñarse como escritora, como tesorera del convento, proveedora para sí misma y sus sobrinas, sustento de sus gastos, administradora de sus bienes, consejera quizá, castálida sin duda.
Fue una monja ortodoxa, muy religiosa, temerosa de la Santa inquisición, respetuosa de sus votos de castidad, de clausura, de obediencia y recato. Así construyó su vida para ser una monja viva, presente en el exterior, sin traspasar las rejas del locutorio.
La Décima Musa fue una mujer con valores, sus reflexiones giraron en torno al amor divino y a la esperanza, al paso de la vida, a la condición y las relaciones humanas, al amor entre los hombres y las mujeres, haciendo alusión a sus sentimientos y sus pasiones.
Juana Inés, la niña inquieta, la cortesana, la novicia que no halló su lugar con las carmelitas. Sor Juana Inés de la Cruz, la monja jerónima, la escritora que fue congruente a sus convicciones dedicando sus últimos años a Dios para encontrar la vida eterna. El Fénix de México, la universal, la moderna, la de todos los tiempos supo modelar su vida a su conveniencia, como quiso y en todo sentido tuvo éxito, Su manera de pensar y proceder rompió paradigmas del siglo XVII y permanece vigente en este milenio.

INUNDACIÓN CASTÁLIDA
Y vosotras bellas damas
en el jardín más ameno
sois flores, a quien respeta
humilde el rigor del cierzo,
gozad eterno Verano,
participando el aliento
de la Reina de las flores.






























Excelente análisis de la vida y obra de la décima Musa nos brinda Rosa Carolina en estos ensayos, dos por de pronto de cuatro prometidos, producto de su constancia en el estudio y reflexión sobre Sor Juana Inés de la Cruz en el Seminario de la Academia de la Historia.
Nos invita a leer de nuevo las obras de la Monja Jerónima para también reflexionar sobre la vigencia y modernidad de la excelsa poeta. Y a mi recuerdo vienen dos obras de suma importancia escritas sobre ella por dos mexicanos ilustres. Don Ermilo Abreu Gómez ilustre paisano yucateco y nuestro Premio Nobel de Literatura don Octavio Paz con su impresionante, “Sor Juana Inés de la Cruz o las trampas de la fe”.
Enhorabuena Carola Carola. Esperamos ansiosos tus próximos envíos.
Muchas gracias, Don César Ramón. Justo así como lo comenta, estas reflexiones no tienen más intención que invitar a leer la vida y obra de nuestra gran poeta
Felicicidades R. C. de la T.G, Sor Juana Inés de la Cruz fué y sigue siendo un ejemplo actual para las mujeres.
Muchas gracias, Marcos Muñoz Negrete.