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Silvia Ramón Valenzuela (iii)

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La nostalgia de los buenos tiempos

Como te dije al principio,” me comenta regresando a sus recuerdos, “recién casada me fui a vivir a Palizada, Campeche. Cinco años estuvimos allá y después pasamos a Escárcega. Ahí mi esposo Marcelino hizo una permuta y nos fuimos a vivir a Leona Vicario, Quintana Roo. Luego pasamos a Tixcacalcupul, Yucatán. En esos lugares él fue maestro de primaria. Como Marcelino sabía hablar maya, vivimos como cinco años allá, y ya después vinimos a Valladolid, porque también hizo permuta y aquí nos quedamos,” comenta desde la Perla de Oriente la hermana de Antonio, Silvia (gemela de Eulalia que lamentablemente falleció a los seis años) y César, que jugaba básquetbol con el padre Juan Martin.

Mi esposo Marcelino Aguilar, ya era maestro de primaria y en ese entonces se abrió la escuela para Maestros, la ‘Normal Experimental Superior’, y también la estudió. Acá en Valladolid daba clases, por los años 80s más o menos. Estuvo de director veintidós años de la Escuela Normal Experimental “Juan de Dios Rodríguez”. Hace cinco años murió por el Covid. A mí me dio cáncer y pensé que me iba a ir primero yo que mi marido. Hace poco me hicieron mi tomografía y salí bien, por eso pienso que hay que salir adelante, por eso nos dejó acá el Señor,” reflexiona Silvia.

¿Que si practicaba yo algún deporte? Sí, jugaba voleibol, softbol, alguna vez estuve en un equipo. Siempre había torneos. Me gustaba también ir al parque de la Sierra, tengo bonitos recuerdos del parque hundido, la cascada, las flores, su pista para caminar alrededor, los juegos… Había uno, je je je, que en un poste tenía colgadas unas sogas, como los voladores de Papantla que giraban, te agarrabas de las sogas y dabas vueltas… Así nos divertíamos,” recuerda Silvia entre risas. “Corríamos alrededor del parque que tenía su círculo así, grande,” me comenta por celular. Me imagino que extendió los brazos al decir así de grande. “Tenía la fuente y sus barras de colores, muy bonita la fuente del parque hundido. Me divertí mucho en la Sierra y en la Colonia. Iba mucho a la nevería de don Luis Basulto a comer helados. Mi papá, cuando se jubiló, ayudaba a Luis Basulto cuando había mucha clientela en la nevería. A mí me gustaba ir al cine, ya ves que los ingenieros se preocupaban por todo y llevaban y pasaban buenas películas como las que proyectaban en Mérida, como Ben Hur y ese tipo de películas. Me gustaba la Colonia, la iglesia, el parque, las casas… Me gustaba todo.

En cuanto a mi esposo Marcelino, siempre le gustó el estudio. También fue muy deportista, maratonista. Participaba en los triatlones. De hecho, estaba preparándose para participar en un triatlón en Cancún cuando le dio Covid. Nunca pensé que se iba a ir tan pronto porque él era un atleta, como te digo. Le gustaba mucho estudiar, incluso estudió para abogado. Después de veintidós años de trabajar de director en la escuela, formó una preparatoria privada acá en Valladolid, él fundó la UVY –Universidad de Valladolid Yucatán- ‘para ayudar a muchachos de escasos recursos a que se preparen y tengan una mejor calidad vida decía’. Era feliz con eso,” me comenta Silvia, quien estudió para modista en la Academia ‘Aguilar’ que estaba en el barrio de la mejorada de Mérida. “Desde muy joven entré a estudiar modas, tan chica que, a los quince años, cuando terminé el curso, no me dieron mi título porque, según los directivos de la Academia, estaba muy chica. Querían que yo estudie otro año y no lo hice. Me fui a vivir a Valladolid y no me dieron el título. Pues a eso me dediqué en Colonia y la Sierra además de ser ama de casa ‘sin sueldo’” dice en broma.

Continuará…

L.C.C. Ariel López Tejero

Vicentelote63@gmail.com

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