La Paremiología, Un Estudio del Refrán – X

By on marzo 31, 2022

No hay refrán perdido

Fragmento de las Meninas en el Siglo de Oro Español, de Nebrija a Lope de vega. Archivo AHGA.

LA LABOR HUMANÍSTICA EN ESPAÑA Y EL USO DE REFRANES EN LA LITERATURA DEL SIGLO DE ORO. SIGLOS XIV AL XVII.

PARTE 4

ADRIANA RALÓN

Tengan un buen día, queridos amigos. Hoy concluimos este interesante capítulo conformado por cuatro partes que tuvieron a bien ilustrarnos una pequeña, pero muy importante -cabe aclarar- etapa en el uso del refrán en la vasta producción literaria en este periodo.

Espero, pues, que sigan acompañándome en el mundo de la refranística, que aún falta mucho por recorrer.

Vallés, Núñez y Mal Lara conducen a otro profesor de la Universidad de Salamanca, Gonzalo Correas y a su obra “Vocabulario de Refranes” escrita entre 1608 y 1625, que contiene 25,000 proverbios y frases proverbiales, de los cuales 18,000 son refranes. Correas recoge los refranes de sus predecesores, conocidos o no, y aporta un gran número –unos 8,000– recogidos por él, incluso recurriendo a procedimientos curiosos como nos lo cuenta Bartolomé José Gallardo (1955: 344):

“…El Mtro. Correa, hombre de singular humor, es fama en Salamanca, que ya en sus últimos años, tenía la humorada de hacerse poner los días de mercado un sillón a la cabeza del puente, junto al famoso Toro, compañero de los Toros de Guisando; i al charro que le dezía un refrán que él no tuviese en su Colezion le daba un cuarto por cada uno.”

Contribuyendo así, al mismo tiempo, con su literatura a aumentarlo, ennoblecerlo o simplemente a ponerlo en circulación, transformándolos a veces en contextos literarios nuevos y en situaciones sociales históricas cambiantes.

En este tiempo se nota la presencia del refrán en la obra de Juan de Valdés en “El Diálogo de la Lengua”, escrita entre 1533 a 1535 y, por otro lado, un uso mucho más variado y rico tiene el refrán en las obras de Miguel de Cervantes y, más concretamente, en El Quijote.

A comienzos del siglo XVII vamos viendo cómo una nueva percepción de los refranes se va abriendo camino. Ahora ya son materia viva, tanto como la lengua misma.

El cambio lingüístico propugnado para la lengua por Nebrija se plasma ahora en los refranes. Este paso decisivo lo dará Gonzalo Correas al hacer eje de una reforma ortográfica a su “Vocabulario de Refranes” y “Frases proverbiales”. Tres años después Correas publicó su “Ortografía Kastellana nueva i perfeta” (1630). La idea de este es la misma que la de Nebrija: que se escriba como se pronuncie y que se pronuncie como se escribe. Su propósito fue hacer una ortografía castellana, independizándola de sus orígenes latinos, es decir, atada a la pronunciación.

Su obra “Vocabulario y Frases Proverbiales” no sólo es hereditaria de esta reforma, sino también receptáculo de todas las ideas lingüísticas del gran maestro salamantino. Ordenó alfabéticamente su Vocabulario, pero aplicando su particular restructuración del abecedario. De la misma forma, aplicó sobre sus refranes la ortografía que propugnaba. Sus glosas están plagadas de comentarios lingüísticos. Explica muchos giros lingüísticos de origen popular. En otras glosas nos muestra la percepción lingüística que se tenía del siglo XVII de algunos vocablos, por ejemplo, la percepción del “físico” y “catar” como arcaísmos y su remplazo por los más modernos “médico” y “mirar”.

En otros refranes manifiesta los comienzos de la dialectología, identificando en sus refranes regionalismos.

De esta forma se ponía a la vanguardia de las teorías lingüísticas de la época, siguiendo el ejemplo de Sebastián de Covarrubias y Juan de Valdés.

Correas, en su fiebre recolectora, no sólo registra diversas versiones de un mismo refrán, sino también sus variedades lingüísticas, es decir, en todas las posibilidades de su formulación. A él no le interesa, pues, recoger una sola forma del refrán porque para él no son normas ni éticas ni gramaticales; muy al contrario, el refrán para el paremiólogo es algo vivo, dinámico, que cambia y se adapta al discurso y por eso se genera en un sin fin de variedades, de las cuales él recoge las que puede.

Mal Lara consideraba que los refranes eran fragmentos de la antigua sabiduría de Grecia y Roma que nos llegaban a nosotros desde tiempos inmemoriales, es decir, restos arcaicos de antigua sabiduría. Pero para el gran maestro de griego de Salamanca los refranes eran algo vivo, actual.

Hasta aquí la trayectoria del refrán desde la segunda mitad del siglo XV hasta el primer cuarto del siglo XVII. Se trata de este período esencial de maduración en el que hemos visto como el refrán pasó a ser considerado como una norma ética y gramatical, luego como elemento de decoro de la lengua castellana, hasta llegar a ser visto como un verdadero acto de habla con toda la riqueza que esto podía aparejar: la visión de la variedad regional, la percepción de los diversos componentes de la lengua, la reflexión gramatical y el dinamismo de la lengua hablada. Concuerdo con Krausse: La moderna paremiología estaba fundada.

Para concluir, no hay que olvidar que la ardua labor humanística en los refranes, característica muy representativa de estos siglos, no fue sólo la única actividad ejercida, sino que, además, el refrán fue objeto de estudio, por tanto motivador de reformas lingüísticas y reflejo costumbrista de la sociedad en la que era usado. Hasta aquí, mis apreciados.

Espero poder contar con su amable lectura, el próximo viernes. Reciban un cordial abrazo.

La buena educación en el Siglo de Oro. Archivo AHGA.

Referencias

Hugo O., Bizarri. El refrán en el tránsito del Humanismo.

Vicente González Martín. El refrán en la literatura española de los siglos XVI y XVII.

Ilustraciones Archivo AHGA.

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