KANEK DE TAYASAL, HÉROE DE LA LIBERTAD

By on junio 5, 2015

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Entonces Kanek, Halach-Uinik* de Tayasal**, dijo a Jaguar Negro, sobrino suyo: “Eres el designado por el consejo de los principales para averiguar que está sucediendo en Campeche. Hay rumores de que los españoles pretenden hacer un camino*** a través de la selva que llegue hasta nuestra tierra para sojuzgarnos, como han hecho con nuestros pobres hermanos del norte de Yucatán. Aunque he enviado emisarios para acordar la paz con algunas concesiones de nuestra parte, ellos lo quieren todo, aún nuestra libertad. Si han de cumplirse las profecías katúnicas que así sea, pero será luchando por nuestra independencia. Ya vendrán mejores tiempos.”

“Primero muertos que esclavos”, agregó el Halach Uinik.

Los Itzáes del Petén habían resistido la invasión española durante 150 años y permanecieron libres. Vivieron en el Petén –Guatemala – desde siempre, desde sus orígenes. De ahí habían salido hacia el norte, con rumbo a Yucatán, en donde fundaron Chichén Itzá para, siglos después, abandonarlo y regresar a las selvas del sur. La guerra entre la quebrantada Confederación de Mayapán, aquella alianza entre los pueblos mayas de Yucatán que trajo prosperidad durante 200 años, ocasionó el regreso.

Anda, Jaguar Negro”, dijo Kanek, “camina por las intricadas veredas de nuestra selva que pocos conocen como tú, y averigua qué quieren hacer esos soldados blancos que vinieron del mar del oriente para invadir nuestra tierra.”

Esa noche Jaguar Negro no pudo conciliar el sueño. Pensaba en los peligros que le acecharían en su camino. Aunque conocía casi a perfección los vericuetos de la gran selva y sabía guardarse de los peligros, estaba cierto que al más leve descuido podría caer muerto por la enfermedad, por la mordedura de la serpiente sagrada, o por los ataques de las fieras del monte.

Su esposa Ixchel le preparó el suficiente bastimento: pozole, chile y tortillas. No así carne salada, pues Jaguar Negro era un experto flechador y con facilidad cazaba venado, o pavo de monte, conejo, y otros animales que sabía condimentar y cocer para su mejor deleite.

Ixchel, princesa del reino, hija del señor de Couoh, lo despidió muy temprano, prodigándole antes de su partida todos sus cariños de esposa. Jaguar Negro dio besos a sus tres hijos, dos varones y una niña, que estaban dormidos.

Aún oscurecía cuando se internó en la selva. Los ruidos del bosque le eran familiares: el zumbido armonioso de los insectos, los aullidos de los saraguatos que lo saludaban, o el rugido de sus hermanos – los jaguares– que, a pesar de su ferocidad, no se atrevían a atacarlo. Temor sintieron del valeroso Itzá que andaba por las veredas que, con sus flechas, sus lanzas, macanas, y su temple de guerrero maya podía repeler sin mayor problema cualquier ataque.

Al siguiente día, cuando la luz del Sol penetraba la floresta, un sonido advirtió su presencia. La serpiente de cascabel tapaba el paso, enroscada sobre el camino. El guerrero preparó su lanza pero, por el tono del cascabeleo, entendió que no era un aviso de inminente ataque, sino de amistosa advertencia para que no la pisara. Con mucho cuidado, Jaguar Negro dio un brinco, extendiendo las piernas sobre el reptil, y continuó su marcha.

Un río caudaloso le detuvo. Midió sus fuerzas y desafió la impetuosa corriente. Se lanzó al agua, fue arrastrado a gran distancia pero, nadando y flotando con destreza, llegó a un remanso y, victorioso, ganó la otra orilla.

Después de varios días de caminar, llegó a la aldea de los mayas Keb-Akes. Fue recibido con amistad. Era conocido por esos rumbos. Por algo Kanek le había enviado para cubrir tan importante misión.

Advirtió a los jefes de los Keb-Akes del peligro: habían de prepararse para combatir a los blancos, que pronto llegarían a ellos con intenciones de esclavizarlos. Los Keb-Akes le prodigaron toda suerte de atenciones: comida, descanso. Jaguar Negro, recuperada la fuerza, siguió su destino.

A su paso siguió compartiendo a los pueblos mayas de la selva los rumores que corrían. Después de muchos días de avanzar, cubriendo jornadas de largas horas, al fin llegó a las inmediaciones de Campeche. Dejó su vestimenta de guerrero, escondió sus armas, cambió su indumentaria, y entró a la ciudad como cualquier natural de la región, sin mayores problemas.

Supo de los movimientos expedicionarios del gobernador Ursúa: Andaban sometiendo indios para tumbar la selva y abrir camino hacia el Petén. Logró enrolarse con los trabajadores – sus hermanos de raza – y, rondando por el enclave militar de la expedición, observó que se hacía acopio de víveres, armas, municiones, que habían sido reclutados cincuenta soldados blancos, además de los indígenas que trabajarían en la construcción del camino. Al frente de la expedición iba el capitán Alonso García de Paredes.

Tan valiosa información no tardó en ser enviada con un indígena escapado para el encargo, y en poco tiempo la información, llevada a través de los mensajeros apostados en tramos que corrían por los misteriosos caminos del Petén, fue hecha del conocimiento de Kanek.

La expedición partió de Sahcabchén, lugar cercano a Campeche, y llegó hasta Bolonchén Cauich, en donde comenzaba la selva. En este lugar los soldados fueron atacados por los bravos Keb-Akes que habían recibido con oportunidad el aviso de Jaguar Negro.

Aunque los españoles, con sus armas de fuego, contraatacaron y dispersaron a los Keb-Akes, no les quedó más opción que regresar a Campeche para reorganizar la expedición con mayores refuerzos. El peligro de ser exterminados por los mayas era un riesgo al que no se atreverían sin pertrecharse mejor.

Kanek permanecía informado de los avances de los españoles, y comenzó a preparar la defensa de la Isla de Tayasal, capital de los Itzáes, sin mayores retrasos. Los informes de Jaguar Negro llegaban con oportunidad, aunque no siempre eran buenas noticias. La expedición invasora, reforzada con más soldados, armas y caballos, avanzaba implacable por el camino que el sudor, la sangre, y la muerte de los indios iba despejando.

La segunda expedición de los españoles partió rumbo a los montes del Petén el 1º.de junio de 1695. Don Martín de Urzúa y Arismendi, el gobernador, había reclutado cien soldados blancos en Mérida, cincuenta guerreros indios de Tekax, y cincuenta de Sahcabchén; el Capitán García Paredes, veinticinco soldados en Campeche, y otro tanto más reclutados por alcaldes y regidores de este puerto. También se agregaron a esta expedición algunos frailes, para la evangelización de los indios que fueran sometidos durante la campaña.

A fin de ponerse al abrigo de toda sorpresa, el Capitán García de Paredes destacaba de cuando en cuando algunas partidas de soldados encargadas de explorar las inmediaciones. Se ocupaban de descubrir rastro de infieles, y también la existencia de aguadas o lagunas a fin de que el camino se acercase a ellos en lo posible, mientras los indios talaban enormes ceibas, cedros, zapotes, ramones, que la naturaleza había construido durante siglos. Pasados tres meses, habían abierto 86 leguas, hasta poco más allá de Tzuctok, ya no tan lejos de su destino final, el lago Petén Itzá.

 Lago Peten Itzá. A la izquierda, la Isla de Tayasal. Guatemala.

Lago Peten Itzá. A la izquierda, la Isla de Tayasal. Guatemala.

Isla de Tayasal en el lago Peten Itzá, “Ciudad Flores” en la actualidad. Guatemala.

Isla de Tayasal en el lago Peten Itzá, “Ciudad Flores” en la actualidad. Guatemala.

Y hubo otras expediciones interrumpidas por las torrenciales lluvias de la región que obligaban la retirada. Pero avanzaban y avanzaron durante las temporadas de secas. Siempre hostilizados por los guerreros mayas que los diezmaban con sus feroces ataques, lograron imponerse por la superioridad de sus armas y así llegaron a las inmediaciones del Petén Itzá al avanzar, a golpe de machete con la fuerza de los indios sometidos, otras cuarenta leguas.

Jaguar Negro fue descubierto. Uno de sus mensajeros fue detenido y, tras cruel interrogatorio, no tuvo más remedio que confesar. Infiltrado entre los trabajadores, un día fue hecho prisionero. Después de arduas pesquisas de los oficiales militares para identificarlo, no faltó un indio torturado que lo delatara.

Hecho prisionero, los españoles respetaron su vida. Tratándose de un príncipe de los Itzáes, sobrino de Kanek y yerno del Halach Huinic Couoh, bien podría servir de rehén para negociaciones de rendición, o para canjearlo por prisioneros blancos.

Habiendo llegado a las orillas del Lago Petén Itzá, los invasores construyeron unas piraguas para remontarlo. No terminaban aún sus preparativos de ataque, cuando las huestes Itzáes los sorprendieron, infringiéndoles numerosas bajas. Repuestos de la sorpresa, los invasores a bordo de sus piraguas combatieron contra los cientos de defensores que, con flechas, lanzas y más armas rudimentarias – montados en sus frágiles canoas –trataban infructuosamente de detener al enemigo. Kanek y sus hombres resistieron todo el día. Los Itzáes fueron derrotados por el fuego de los cañones, de los arcabuces.

Jaguar Negro, durante el fragor del combate, en un descuido de sus captores logró escapar para unirse a los suyos. A bordo de una endeble canoa dirigía los ataques contra las embarcaciones de los españoles hasta que no se pudo más.

Al llegar los invasores a las inmediaciones de la isla de Tayasal, cientos de hombres, mujeres, niños y ancianos del pueblo, desde una altura, se arrojaron a lo profundo del lago, en un acto de desesperación suicida en el que sucumbieron ahogados. Prefirieron la muerte a ser esclavos.

Otros lograron escapar nadando hasta la orilla, se internaron en la espesura de la selva. Entre ellos se encontraba Jaguar Negro, quien protegió a los suyos refugiándose en el señorío de Couoh para continuar la lucha por la libertad poco tiempo después.

El Rey Kanek y sus familiares fueron hechos prisioneros. Conducidos encadenados y con grilletes, fueron bautizados en contra de su voluntad. Sus captores pretendieron adoctrinarlos en la fe católica pero él, solemne y digno, respondió al español: “No te canses en predicarnos que, enmuriéndose una persona allí acaba todo, no hay alma, ni hay nada…”

César Ramón González Rosado

Glosario

*Tayasal – Isla mayor del lago Petén Itzá, capital del señorío de los Itzáes

**Halach Uinik: Rey, jefe mayor

***Antigua ruta Campeche-Guatemala, pasando por Sahcabchén, Tzuctok, Bateab, el Petén, Cahabón, Verapaz, cuando la conquista del Petén en 1697; desaparecida en los primeros tiempos del México independiente, actualmente es de interés arqueológico.

 

Bibliografía

  • Enciclopedia Yucatanense Tomo III.- Historia de las comunicaciones. Los caminos del siglo XVI. Lic. Gabriel Ferrer de Mendiolea.
  • Caminos en la Selva. Laura Caso Barrera. Fondo de Cultura Económica. 2002.

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