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Judith Reyes: Pionera de la Canción de Protesta en Méjico
A la estatura de los grandes cantantes de protesta en Latinoamérica
“Son las armas de la Patria contra de los campesinos,
las mujeres, los ancianos y como 300 niños.
Linda gente de Parral, linda la ciudad de Juárez
nos trajeron alimentos a pesar de los pesares.
Año del sesenta y uno en la prensa se leía
la repartición de tierras que López Mateos hacía.
Pero sólo eran noticias lejos de las realidades
porque la Reforma Agraria es demagogia en cantidades…”
Desconocida, “desaparecida”, del movimiento social, político y cultural del Siglo Veinte, “enterrada” por la historiografía oficial, hoy, en un siglo donde la mujer comienza a empoderarse, reaparece de entre los escombros la mítica figura de una mujer revolucionaria que se adelantara a su tiempo: la pionera de la canción de protesta en Méjico, Judith Reyes.
Periodista, escritora, compositora, cantante popular, activista social, defensora de los derechos humanos y cantante de protesta, Judith nace en Ciudad Madero, Tamaulipas (1924), de padre migrante. De niña “correteaba con los muchachos del rumbo, jugaba béisbol, se encaramaba en los árboles, atrapaba carvallos de día, luciérnagas de noche y jugaba a la guerra,” como ella misma narra en 1970 en su libro “La otra cara de la patria.”
Artista de carpas, teatro y radio, después de una etapa informal conoce a su esposo, con quien forma un dueto y se profesionaliza haciendo temporadas en Norteamérica. Al separarse de su marido, surge La Tamaulipeca, quien compone melodías que “dan la vuelta al mundo”: La Parranda (Jorge Negrete), Corazón burlado (Tito Guizar), El hombre que quiero (La Torcacita) o Sufriendo y penando (Andrés Huesca, a quien se le atribuye esta canción).
Siendo cantante en la XEW y XEQ, La Tamaulipeca conoce la “represión laboral” pues, por apoyar la lucha de los trabajadores de la radio por obtener un sindicato independiente que “realmente defendiera sus intereses como proletarios,” le cierran las puertas esas radiodifusoras por lo cual emigra a la XEX, donde coincide artísticamente con Pedro Infante, Luis Aguilar, Fernando Fernández, y Viruta y Capulina.
En 1956 surge en Méjico la canción de denuncia política como expresión político musical, conocida después como “canción de protesta.” Sin antes saber de este concepto, La Tamaulipeca escribió canciones de esta naturaleza en géneros mejicanos: corridos, huapango y coplas, lo cual la definió como “la mamá de la nueva canción mexicana y decana de la copla política latinoamericana,” según relata en su libro “El cantar materialista de la historia.”
En uno de sus viajes a Chihuahua, incursiona en el periodismo en el diario El Monitor de Parral, donde cubre la fuente obrera y campesina, sensibilizándose con los problemas sindicales y agrarios. Entonces, se fija como fin estético no sólo volver a escribir canciones, sino ahora cantarlas. De ahora en adelante, canciones “con sabor a historia para cantarlas a todo pulmón.”
En la Acción-Okupa de 184 familias campesinas humildes, del histórico Frente División del Norte, en 1960, en el barrio popular El Triste, Judith y su prestigio como compositora y cantante del pueblo se solidariza con este movimiento, no solamente con su canto de denuncia sino también como proveedora de alimentos para la causa: ocho toneladas de víveres recolectadas de casa en casa en la ciudad de Parral. Gesta popular plasmada en el Corrido de Santo Domingo.
Con su guitarra de palo, recorre campos y sierras de Chihuahua y Durango, resultando pionera en la promoción del arte entre los marginados, al presentar recitales en escuelas rurales del país donde conjuga poesía y denuncia política, recibiendo del gobierno por esto intimidación y persecución, hasta ir a parar a la cárcel. Luego, por “aferrada”, al destierro al De Efe, donde debuta como “corridista” en la Academia de San Carlos, Escuela de Agricultura de Chapingo, Instituto Politécnico Nacional y la Universidad Nacional Autónoma de México
Ofrece recitales en el College St. Marie, en Montreal, Canadá; en la Sorbona y el Politécnico de París; la Universidad de Grenoble, en Lyonn y Orleans, en Francia; Piccolo Teatro de Milán y el Circolo Culturale La Comuna, en Italia. En el exilio, graba en Francia e Italia, al tiempo de fundar el Comité por la Defensa Física y Moral de los Presos Políticos de México, en solidaridad con los estudiantes y maestros encarcelados en 1968.
Por esta solidaria presencia en el extranjero, en 1970 recibe una carta de agradecimiento de los presos políticos de 1968 recluidos en Lecumberri por participar en el movimiento estudiantil-popular: Luis Cervantes Cabeza de Vaca, Carlos Martín del Campo, Elí de Gortari, José Revueltas, Heberto Castillo, Ramón Danzós Palomino, Gilberto Rincón Gallardo, Pablo Gómez, y su entonces esposo Adán Nieto.
edgar rodríguez cimé
edgarrodriguezcime@yahoo.com.mx
colectivo cultural “Felipa Poot Tzuc”





























