Inyectar es un Arte, pero… ¿y la dosis?

By on noviembre 29, 2016

Vivenciasv_1

Vivencias Ejemplares. Apuntes de un maestro rural.

Inyectar es un Arte, pero… ¿y la dosis?

En la casi media noche de un día por ahí de octubre –ya había adquirido destreza en el arte de inyectar y la gente incluso de fuera del rancho me buscaba mucho– una señora me llamó con apremio: –“¡Profe, profe!, la Cuca está muy mala”

–“¿Qué le pasa?”

–“Tiene mucha fiebre. Está hirviendo y tiembla mucho. Tiene cerrada la garganta.”

Efectivamente, la Cuca hasta deliraba. Saqué mis ampolletas de Eucaliptine Lebrun y el dilema: ¿le pondré sólo una como a los niños? No. La aguja penetró su tersa y blanquísima piel y dejó pasar el contenido de dos ámpulas, porque ya tenía 16 años y la fiebre era muy alta.

Esperé un buen rato sentado junto a ella en su humilde cama, mientras conversaba con Manuel Rodríguez, su papá, y con la señora, hasta que la Cuca empezó a reaccionar. La sudoración cesó, se relajó e incluso me sonrió. Le deseé una buena noche y me fui a querer dormir.

Solo que cuando apenas lo estaba consiguiendo, la misma señora me llamaba angustiada: “¡Profe!, ¡profe!, la Cuca está muy mala. Está helada y tiembla mucho. Córrale, profe…”

Creo que en ese momento yo también me puse helado. Era evidente que la dosis había resultado muy alta. Yo había desestimado su debilidad.

Y ahora, ¿qué hacía? Para la heladez no tenía inyecciones.

Una vez en la casa, al comprobar que la muchacha que momentos antes estaba roja entonces había quedado lívida, creo que me inspiré en los remedios de mi mamacita, quien en la pobreza había criado a 12 hijos; pedí a la señora calentar agua con la que llenamos 3 botellas que forramos con unos trapos y pusimos a sus dos costados, una entre cada brazo y su tórax, y una entre sus piernas. Bien arropada, al rato dejó de temblar y el colorcito iba volviendo a sus lindas mejillas. Creo que a mí lo mismo me pasaba.

Pocos días después la veía con otras muchachas, sus amigas, por las callecitas del pueblo y, entre traviesas sonrisas y miradas, todas ellas llenas de intención femenina, me saludaba agradecida.

Esa fue una cuenta más en el rosario de inolvidables experiencias que me iban conformando como maestro rural, tarea la más hermosa de mi vida.

El tiempo seguía su marcha mientras yo daba clases.

Me iba a caballo a “la leña” con los jóvenes y en comisiones agraristas; inyectaba; visitaba en sus casas a mis alumnos y así, serían las 9 horas de un día semi nublado de fines de noviembre, calculo, cuando por el rumbo de Mariana descubrimos desde el salón de clases una hilera de niños con lindos uniformes, conducida por un maestro alto y apuesto que se llamaba –o se llama– Antonio Mireles.

No me explicaba la visita.

Nos saludamos y me dijo con un vozarrón que correspondía con su estatura, que pensó en la conveniencia de un intercambio amistoso entre nuestras dos escuelas.

Yo estaba la verdad apantallado. ¿Cómo estarían mis niños todos rotitos y no muy limpios? También estaba un poco molesto. ¿Por qué no nos avisó?

Naturalmente, los invité a pasar y acomodé –desacomodé–, con su evidente molestia, a mis chamaquitos, de 3 y de 4 en 4 en sus mesabancos, para que nuestros visitantes se pudieran sentar.

Toño Mireles –llegó el día en que nos hicimos amigos– tomó la iniciativa y me invitó a llamar a cualquiera de sus alumnos al pizarrón y le dictara cualquier cosa. –“Mira,” me dijo entusiasmado, “este muchachito, por ejemplo, es buenísimo.”

Lo hice y lo que se me ocurrió fue pedirle que escribiera su nombre. Lo escribió como podía esperarse y luego él seleccionó a uno de los míos. También le pidió escribir su nombre y eso hizo, sólo que con buena ortografía.

Leyeron, hicieron cuentas, y ahí comprobé que mi dedicación y entrega al 100% estaban rindiendo buenos frutos. Lo que difícilmente pude controlar fue la animosidad de mis diablillos contra los niños de Mariana. Aquel fue el segundo encuentro con la gente de esa comunidad vecina donde se encontraba la más importante escuela de la zona.

Habría otro…

MTRO. JUAN ALBERTO BERMEJO SUASTE

Continuará la próxima semana…

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Diario del Sureste