Hanal Pixán: tiempo de reflexión y reinterpretación espiritual de la cultura local

By on noviembre 1, 2018

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Juan José Caamal Canul

Como va siendo costumbre y tradición, estas fechas están dedicadas para recordar a nuestros difuntos. Y para tal nos aprestamos a hacer alguna celebración en casa, acudir al camposanto o algún templo religioso, a rememorar a quien en vida fue objeto de nuestro amor, cariño, lealtad, respeto y obediencia, así como toda palabra y acción opuesta a estos conceptos emotivos y abstractos.

También es oportunidad de acudir expresamente, o de paso, a los diferentes eventos que se realizan en la Plaza Grande, en la Ermita, el Cementerio General y en Paseo de Montejo.

Pero también ya va siendo hora de que reinterpretemos, reelaboremos, repensemos estas celebraciones para contrastar, evaluar y comparar.

Porque nos parece que el hecho de que cada año por distintos puntos de la ciudad estemos levantando casitas de paja, pocitos, veletitas (molinos de viento), bateas, disfrazándonos con la ropa típica, y trayendo el mobiliario de la abuela, o simulando o dando una pálida idea de cómo el pueblo maya –auténtico y superviviente– siente y piensa, nos parece exclusivamente un evento turístico y no un hecho cultural y espiritualmente vivo, mucho más rico en sus expresiones, de la sociedad maya yucateca de la actualidad.

Acaso un típico maya yucateco sabe que este modo de celebrar meridano es diametralmente opuesto a la verdadera tradición y celebración y que noviembre está enteramente dedicado a recordar a los difuntos. El Hanal Pixan es todo el mes y hay quienes se han quedado con la idea de que solo es un día al año.

Sin embargo, no digo que estas representaciones se olviden para dar paso a otras totalmente ajenas a nosotros. Debe haber algún espacio en el cual se pueda hacer estos montajes apreciarlos, valorarlos y sacar conclusiones que nos sirvan para entender y continuar con la tradición.

Es válido el argumento de que, al proceder así en cada escuela o institución, se potencializa la creatividad, pues cada persona y familia aporta y tiene su propia estética o significado para la mesa de los difuntos. Eso es obvio e inherente a cada individuo: si algo nos hace excepcionales es precisamente nuestra particular manera de ver y hacer las cosas.

El Gran Museo del Mundo Maya y otros espacios museísticos de la ciudad nos parecen los sitios ideales tanto para las representaciones como para las exposiciones y actividades desde la cual se mire con otra óptica, con otras manifestaciones, con otras estéticas, la fiesta dedicada a los ya desaparecidos, pudiendo convivir y cohabitar con la parafernalia turística con visión de captar divisas y darle un poquito de lo nuestro, así sea superficialmente, a los visitantes.

En fin, pienso en varios eventos que han perdido su efectividad y su participación colectiva, donde todos quieren ser observadores, o simplemente espectadores en busca de un evento que les distraiga de su monótona existencia.

Pienso en las intromisiones a los cementerios en los cuales las familias van a rendir culto a sus muertos, y ahora son perturbados tanto en la paz como la intimidad con visitantes o turistas que no se agotan de captar imágenes de sus sentimientos revelados en sus rostros.

La prensa y la televisión han roto con la verdadera solemnidad de estas celebraciones, quizá debido a que hay poca información cultural por estas fechas. El Hanal Pixan se ha limitado a la ligereza de “vamos a comer pibes”, o al desfile de calacas catrinas y mestizas.

El grabador José Guadalupe Posada, en su muy conocida plástica y estética, manifestó la manera en que el pueblo mexicano del centro de la república vive y convive con la eterna e ineludible compañera. Esta imagen ha quedado como cimiento de nuestra nacionalidad en su sentido más amplio, algo que algunos muralistas en diversas épocas retomaron.

En conclusión, los pueblos de México tienen su peculiar manera de celebrar; el área maya no es la excepción.

Vayamos, por qué no, a la profundidad del asunto.

Expliquémoslo y conservemos nuestro legado. Esto fortalecerá nuestra identidad regional como componente de la cultura nacional mexicana.

31-10-2018

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