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Fiesta de la Candelaria

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Fiesta de la Candelaria, Bendición de Niños y Consumo de Tamales

Portada de la Iglesia de la Candelaria, en nuestra ciudad de Mérida, Yucatán, México
Portada de la Iglesia de la Candelaria, en nuestra ciudad de Mérida, Yucatán, México

Estamos a punto de celebrar la fiesta de La Candelaria. La celebración católica de la fiesta mariana bajo la advocación de la virgen de la Candelaria. Asimismo, es la celebración cristiana de la presentación de Jesús ante el templo.

A la sombra de esta fiesta – que es empate y continuidad del corte de la rosca de reyes y en la que todo aquel que le tocó o no muñequito, según el acuerdo, deberá aportar los tradicionales tamales, los sabrosísimos tamales que en nuestro Yucatán, México y América son parte de la tradición indígena – está presente que somos hijos de la cultura del maíz, cultivo madre de todas las civilizaciones que florecieron en Mesoamérica y áreas culturales afines.

Pero, ¿qué tiene que ver o cuál es el vértice de confluencia de la celebración de la virgen de la Candelaria, la presentación de Jesús y el consumo de los tamales?

La fiesta de la Candelaria, o de la Luz, tuvo su origen en Oriente y posteriormente se extendió a Occidente, en el siglo VI, llegando a celebrarse en Roma con un carácter penitencial. Otros investigadores señalan que esta fiesta tuvo su origen en la antigua Roma, donde la procesión de las candelas formaba parte de la fiesta de las Lupercales.

La fiesta se celebra, según el santoral católico, el dos de febrero, en recuerdo al pasaje bíblico de la Presentación del Jesús en el templo de Jerusalén, y la purificación de la Virgen María después del parto, para cumplir el mandato de la Ley del  Antiguo Testamento.

Escultura de la Virgen de candelaria en Chikindzonot. Obra del novohispano y atribuido al  escultor indígena Pascual Estrella.
Escultura de la Virgen de Candelaria en Chikindzonot. Obra del novohispano y atribuido al  escultor indígena Pascual Estrella.

La fiesta es conocida y celebrada con diversos nombres: la Presentación del Señor, la Purificación de María, la fiesta de la Luz y la fiesta de las Candelas. Todos estos nombres expresan el significado de la fiesta.

El catolicismo le da el significado de que Cristo, la Luz del mundo presentada por su Madre en el Templo, viene a iluminar a todos como la vela o las candelas, de donde se deriva el nombre de Candelaria.

El 2 de febrero y 15 de agosto se celebra la imagen de nuestra señora de san Juan de los Lagos.
El 2 de febrero y 15 de agosto se celebra la imagen de Nuestra Señora de san Juan de los Lagos.

Se debe a los emigrantes canarios la dispersión del culto de la advocación mariana por todo el mundo. Tras la aparición de la Virgen en Canarias, y a su identificación iconográfica con este acontecimiento bíblico, la fiesta empezó a celebrarse con un carácter mariano en el año 1497, cuando se celebró la primera Fiesta de Las Candelas como de la Virgen María de la Candelaria, coincidiendo con la Fiesta de la Purificación de María.

Bendición de niños dioses, en el santuario de la Candelaria en la calle 67 por 64.
Bendición de niños dioses, en el santuario de la Candelaria en la calle 67 por 64.

Entre la población existe una profunda devoción por la imagen de la Candelaria. En ese día son bendecidas las imágenes de los niños dioses, los bebés y niños de las casas. Un inventario somero de los lugares donde se venera la imagen incluye Valladolid, Ichmul, Chikindzonot, Tepakan, Tecoh, Tixcochoh y, en la ciudad de Mérida, en la rectoría del mismo nombre, en la esquina de las calle 67 y 64.

En nuestro país, en el Día de la Candelaria se acostumbra que quien obtuvo algunos de los niños ocultos en la rosca de reyes haga una fiesta, con  tamales y atole.

Escultura de la Virgen de Candelaria en Ichmul, obra atribuida al escultor indígena Pascual Estrella.
Escultura de la Virgen de Candelaria en Ichmul, obra atribuida al escultor indígena Pascual Estrella.

En varias entidades, como la nuestra, se acostumbra levantar a la imagen del niño mediante una novena, o por lo menos un rosario, previo al dos de febrero; llevar al niño Dios a oír misa, y después colocarlo en un nicho donde permanecerá el resto del año.

Imagen de la virgen de Candelaria de Valladolid
Imagen de la virgen de Candelaria de Valladolid.

La tradición también tiene raíces prehispánicas. En muchos pueblos los habitantes llevan a la iglesia mazorcas para que sean bendecidas, a fin de sembrar sus granos en el ciclo agrícola que inicia, pues el dos de febrero coincide con el undécimo día del primer mes del antiguo calendario azteca, cuando se celebraba a algunos dioses tlaloques, según Fray Bernardino de Sahagún.

La religiosidad de los pueblos indígenas que se observa es el resultado de fusionar las festividades católicas con la tradición ritual agrícola mesoamericana. El fenómeno del sincretismo ha generado nuevas alternativas, por la capacidad creativa de los pueblos indígenas de poder reorganizar sus creencias y ritos, y articularlos a la institución católica. La religiosidad indígena ha aceptado los símbolos del catolicismo, pero en un nivel más profundo ha mantenido la lealtad a su culto tradicional (Broda, 2004:62-63).

La elaboración de los tamales, tradición familiar.
La elaboración de los tamales, tradición familiar.

Existe evidencia de que las culturas predominantes en toda la región de Mesoamérica (México y América Central) que llevaron el maíz a otras culturas y regiones también llevaron consigo platos y formas de cocinar el maíz. El tamal, que es el método sencillo de cocción del maíz, es posible que haya sido llevado desde México a América Central y del Sur.

Según los arqueólogos Karl Taube, William Saturno y David Stuart, los tamales datan del año 100 a. C. Encontraron referencias pictóricas en el Mural de San Bartolo, en Petén, Guatemala. Aunque los tamales pudieron haberse trasladado de un país a otro, no hay evidencia de dónde a dónde fue la migración del mismo: si fue de Norte a Sur (México a Centro y Sudamérica) o de Centro América a Sur y Norte América, o de Sudamérica a Norteamérica (de Perú hacia Centro y Sudamérica).

Los tamales son descritos en México por fray Bernardino de Sahagún en su Historia general de las cosas de Nueva España a principios del siglo XVI: “Comían también tamales de muchas maneras; unos de ellos son blancos y a manera de pella, hechos no del todo redondos ni bien cuadrados… Otros tamales comían que son colorados…”

Sahagún y otros autores hacen referencia al tamal no sólo como comida de la gente común, sino de los nobles, de los sacerdotes en ceremonias especiales de ayuno.

La evidencia arqueológica muestra al tamal como parte de la vida cotidiana de algunas culturas de México en la época prehispánica, además de usarse en rituales religiosos, en ofrendas y tumbas. En el caso de los mayas, hay esculturas y pinturas de los períodos mayas clásico y postclásico temprano.

En nuestra entidad hay una diversidad de tamales. Quizá ya se haya escrito el inventario y descripción de características, sabores e ingredientes que le dan vista y sabor. Pero, ¿nos hemos preguntado cuál es el origen del nombre “tamal”?

Salvador Novo, cronista y estudioso de las costumbres gastronómicas  mexicanas, nos indica en un sabroso artículo llamado “El maíz, nuestra carne” – citando nuevamente a Sahagún – que se origina de la palabra náhuatl tamalli, que significa “envuelto en hojas de maíz.”

Como corolario, ¿nos hemos preguntado del nombre de la tortilla? “Tlaxcallii”, nombre también recuperado en este artículo. Tantas palabras prestadas por nuestras lenguas indígenas al español de América.

Por citar algunos ejemplos de tamales diríamos que existen aquellos envueltos en hoja de plátano, previamente rellenos con la masa de maíz y carne de cerdo molida, o pollo.

También existen los vaporcitos, pequeños y cocinados al vapor, rellenos de carne molida o pollo; también los hay rellenos de espelón; los horneados, de tamaño más grande y consistencia dura, rellenos de carne deshebrada de cerdo o pollo; los colados, cuya masa se hace pasar por un colador para que su consistencia sea suave, rellenos de pollo deshebrado y se sirven con salsa de tomate encima.

También hay tamales para ocasiones especiales como el brazo de reina, relleno de hojas de chayas picada, semilla de calabaza, conocida como pepita – en maya top – y huevo duro, que se acostumbra comer durante la vigilia de cuaresma previa a la pascua.

Otro es el  pib o mucbi-pollo, que se acostumbra comer en noviembre para el día de muertos; es un tamal horneado más grande y se va cortando en trozos que se reparten a todos, acompañados de salsa de tomate roja.

Hay pueblos yucatecos donde se preparan los chanchamitos, tamales pequeños envueltos en hoja de maíz cuya masa se prepara con achiote, y que se rellenan con cuadritos de carne de cerdo o pollo.

Sin olvidar los que se hacen con el Joloch, la hoja de la mazorca del maíz, y que en nuestros pueblos se les llama tobijoloch o topijoloch, que se prepara con bofe y otras vísceras de la res, especialmente pulmón molido o picado, condimentados con el achiote y pepita molida.

En los últimos años, dada la presencia de ciudadanos de otras partes del país, cada día se amplía la gama de los tamales como los llamados tipo México, los cuales se elaboran logrando su muy característico sabor y consistencia. Y otros de mexicanos solo poseen el nombre, pues son muy yucatecos.

Para el resto del país solo mencionaremos algunos, porque no sabemos la inmensa diversidad de tamales que existen, de los distintos nombres para el tamal o y sus variantes regionales: zacahuil, corundas, tzotobilchay, pata de burro, nacatamales, chak chak wah, buulil wa, kehil uah, chanchamitos, uchepos, canarios, juacané, xocotamales, pibipollos, uritami, charikiundas, vaporcitos, pictes, pulacles, maneas, chamitles, etc

Ismael Chan, de tamales Santa Ana, tradición desde 1987 en el centro histórico meridano.
Ismael Chan, de tamales Santa Ana, tradición desde 1987 en el centro histórico meridano.

Exponente de la variedad de tamales yucatecos es el sansebastianero Ismael Chan, que tiene su expendio de tamales sobre la calle 45 esquina con 60, abarcando desde los torteados a mano y con pollo, hasta los conocidos como “estilo México”, pero con un sabor muy local.

El Señor Chan tiene casi 28 años de vender sus productos. Antes los ofrecía sobre la calle sesenta, a la puerta de la panadería La Perlita, frente al templo de Santa Ana; allí instalaban ollas y mesas. Esa panadería ya no existe; en su lugar hay una galería de arte. Hoy se encuentran a escasos metros de su ubicación original, en el local número 4, sobre la calle 45, lugar donde todo meridano lo sitúa para las fechas en la cual es sugerido degustar los tamales.

Ismael sigue la tradición de elaborarlos bajo la dirección y receta de mamá, lo que le proporciona a sus tamales este sabor tan característico, fruto del toque especial o la manera peculiar de elaborarlos con los productos por ellos seleccionados, en la casa materna en el barrio de San Sebastián.

En el caso de los tamales llamados “estilo México”, comenta la experiencia de personas que visitan la ciudad cada año y, nostálgicos como somos, solicitan las guajolotas, que son tamales dentro de un bolillo, antojo muy chilango antes circunscrito a la zona industrial de la capital del país, pero hoy localizable hasta en las colonias del sur de la ciudad de México.

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El mercado Lucas de Gálvez todos los días oferta tamales horneados, vianda citadina de la comunidad trabajadora.

Los tamales, presentes en nuestra cultura desde siglos atrás, se consumen en todo momento. El mercado Lucas de Gálvez es ejemplo de ello. Por la mañana, en el pasillo principal, sobre la misma línea de la calle 56, se expende todo tipo de tamales: desde los vaporcitos hasta los pibes.

Estos tamales son muy característicos del gusto y paladar de nuestro pueblo: tienen porciones altas de manteca, sal y chile, e incluyen alas, garganta y moches, las patitas de las aves.

En su caso, también nos encontraremos con tamales de solo masa y col, que es el atole condimentado con achiote. Este tamal preparado solo es para paladares entrenados y apreciativos, pues el verdadero valor es el sabor del maíz cocido bajo tierra.

Algunos hacemos un compás de espera  entre el seis de enero; día de reyes, y esta fecha, dos de febrero, día de la Candelaria, haciendo una ligera abstinencia de alimentos, para emprender con verdadero ahínco y placer el consumo de los tamales en cualquiera de sus variantes.

Provecho.

Juan José Caamal Canul

Oktober_cc@hotmail.com

Bibliografía

Broda, Johanna, “¿Culto al maíz a los santos? La ritualidad agrícola mesoamericana en la etnografía actual” en: Historia y vida ceremonial en las comunidades mesoamericanas: los ritos agrícolas. /Johanna Broda, Catharine Good Eshelman, coordinadoras.México, CONACULTA, Universidad Nacional Autónoma de México, 2004, págs. 61-81.

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