El bordado, un conocimiento heredado

By on agosto 4, 2022

San José Oriente, Hoctún

La costura a mano, en su vertiente xocbichuy, es el hilo, la línea comunicante entre generaciones y una tradición de San José Oriente que sobrevive a la modernidad y las modas de vestir occidental, lo cual la hace un valor de nuestra cultura maya yucateca.

Texto y Fotos: Estefanny Canche Avilés y Ángela Caamal España*

En la península de Yucatán existen diversas expresiones artesanales que se elaboran con múltiple variedad de materiales que el entorno natural, la Madre Naturaleza, proporciona.

Actividades manuales de nuestra cultura, técnicas y procedimientos nos han sido heredados por los ancestros; hasta el día de hoy se siguen manufacturando usando aquellas añejas y ahora también modernas herramientas.

De estas materias primas se obtienen productos y manualidades. Por ejemplo, el sosquil, fibra derivada del otrora llamado oro verde, el henequén, sirve para elaborar tortilleros o adornos; el bejuco para hacer el peet, nuestra alacena maya o despensero; la palma de huano para los coloridos abanicos y sombreros que nos cubren del ardiente sol peninsular; el urdido de hamacas, en la cual transcurre gran parte de nuestras vidas, y el bordado a a mano en tela, actividad tradicional de las mujeres de San José Oriente, Hoctún.

El ser humano aprendió a convivir con la Naturaleza, y esta le dio las herramientas para transformar su vida y obtener comodidades y bienestar.

Hoctún, que significa Lugar donde se arranca la piedra, es una localidad de nuestro estado, en Yucatán, en México, cabecera del municipio homónimo ubicado aproximadamente 53 kilómetros al sureste de la ciudad de Mérida, capital del estado, 19 km al suroeste de la ciudad de Izamal. Entre sus principales localidades se encuentran Dziuché, San José Oriente, San Antonio Cholul y San Isidro Ochil.

La exuberancia de la vegetación y el matizado del bordado a mano. El trabajo de la mujeres de la localidad, fuerza y voluntad para construir el ser cotidiano.

Conociendo San José Oriente

San José Oriente está situado al oeste de la cabecera municipal, a escasos 2.93 km del centro de la población. La comunidad tiene alrededor de 990 habitantes, la mayoría maya hablante y lugar de residencia de nuestras entrevistadas: Mayra Patricia y su madre, María Asunción. En San José Oriente se escucha la algarabía de un pueblo que vive y late con su fuerza propia, y se nos metió en los ojos por sus coloridos en sus trabajos artesanales.

Fuimos en búsqueda de la casa de Mayra  y María Asunción. En nuestro andar y recorrido, observamos que la comunidad de San José Oriente se pintaba muy colorida, la mayoría de las mujeres viste las prendas tradicionales: los hipiles y sus elementos decorativos, los bordados de hilos llamativos. Para ellas es motivo de orgullo, supimos luego, portar la vestimenta tradicional yucateca con su diseño, bordado y medidas peculiares, con distinción y elegancia.

El entorno exterior estaba vestido de grandes y frondosos árboles, casas frescas que albergaban a familias numerosas, mujeres tomando el fresco en la puerta de sus casas, otras sentadas en sus hamacas y concentradas en su labor de bordado y casi siempre sorprendidas por nuestras preguntas y súbita visita. Sus  rostros mostraban algo de extrañeza por nuestra presencia inesperada.

Sin  embargo, cuando  nos acercábamos  a  preguntar, nos atendían con cortesía y cordialidad -a juzgar por el tono de voz, por sus detalladas explicaciones. La amabilidad nos puso en el camino indicado y así dimos con el domicilio de Mayra y su madre.

En San José Oriente

El bordado en San José Oriente es una forma de subsistencia económica. Dejando de lado la cuestión económica, los bordados son buena calidad, ya que las personas realizan cada puntada a mano de forma intencionada y audaz, con el estilo que solo ellas saben y el conocimiento de muchos años de herencia familiar.

María Asunción, Mayra Patricia y Danna, tres generaciones de artesanas de San José Oriente que preservan, mantienen y se aseguran de que siga viva la costura tradicional en la vestimenta autóctona con sus características particulares, colorido, formas distintivas y excelencia en cada trabajo.

Mayra Patricia y su amor por el bordado

Nuestras anfitrionas, Mayra Patricia y María Asunción, nos recibieron en su casa para contarnos sobre esta maravillosa artesanía y un poco de su historia como mujeres bordadoras y artesanas.

Mayra Patricia inició su camino a los 6 años en esta senda de pasar los hilos por la tela, formando figuras para que porte ella o alguien más, lleva 20 años bordando. Su  mamá,  María  Asunción,  lleva  40 años en esta labor, ella la enseñó a bordar junto con su difunta abuelita, en una actividad en familia que ha sido llevada de generación en generación. Próximamente, este conocimiento será puesto en manos  de  la  pequeña  Danna,  su  hija, que para pasar el rato toma la aguja y las telas para luego sentarse a bordar.

Nos cuentan que es una actividad que realizan por gusto porque es una tradición de San  José  Oriente,  pero  también  lo realizan por necesidad, ya que les ayuda un poco a solventarse económicamente.

Llena de energía, Mayra comentó que  la mayoría de sus bordados son hechos con la técnica  de Xocbichuy,  que  en  español significa Punto de cruz. Mayra enfatizó que algo que distingue a los hipiles hechos en San José Oriente es el gran tamaño de los bordados  “porque  así  se  aprecian  más  los dibujos  y  los  colores”, cuando en  otros  pueblos  es más reducido el dibujo. De cierta forma, el hipil, el terno, las  blusas  bordadas  en  San José Oriente  tienen  grandes  dibujos; de hecho, en  algunas  blusas que elaboran, el dibujo ocupa la mitad o toda la tela de la blusa.

En el caso del hipil y el terno, los dibujos también tienen un gran tamaño, aunque la mayoría de estos se siguen haciendo de la manera tradicional, es decir, que el bordado termine a la mitad del pecho. Aparte de este sello característico, también el hipil es grande en medidas, esto para que facilite la movilización de las mujeres en sus actividades cotidianas.

La técnica del bordado, si a la persona le interesa y siente un verdadero gusto por estas artesanías, es muy sencilla, aunque a simple vista se observa difícil por el tema de los trazos, los colores y los dibujos, con experiencia se torna más sencillo.

Tanto Mayra como María Asunción mencionaron que no se necesita tantas habilidades para aprender a bordar, que incluso las personas grandes pueden aprender, siempre y cuando tengan la disposición y la voluntad.

El xocbichuy de San José Oriente, artesanía con características particulares que la distinguen y la hacen única en nuestra entidad.

Innovación y modernidad

Con el paso del tiempo han tenido que innovar los elementos bordados en la tela: ahora ya no solo bordan el típico matizado de flores del hipil tradicional yucateco, sino que los clientes piden dibujos a su gusto -desde dibujos animados hasta animales  coloridos-, sin problemas con el matiz de colores, pues están  acostumbradas  a mezclarlos de manera que quede perfecto.

Sus bordados van desde blusas, hipiles, bolsas, cubrebocas, carteras, lapiceras y, si el cliente lo pide, pueden plasmar todo tipo de dibujos encima de prendas ya hechas. De igual manera, dependiendo de cuán complejo y grande sea el bordado, les lleva de un mes hasta dos meses en realizarlo.

Terminar un diseño, Mayra Patricia nos cuenta, le causa una gran alegría y satisfacción, porque sabe que realizó un buen trabajo y, por lo tanto, los clientes seguirán haciendo sus encargos, y bordar le generará ingresos.

Sus trabajos los podemos encontrar en su perfil de Facebook “Blanca Mérida”, que es también donde sus clientes se ponen en contacto con ella para realizar sus pedidos. Todo se hace vía Facebook, porque no tienen mucha movilidad hacia Mérida. Para comprar sus insumos tienen que rentar un flete que las lleva a Hoctún, y de ahí a Mérida para conseguir la malla, la canevá, la tela de popelina o lino, el estambre de tres hebras y las agujas.

¿Qué pasa con las artesanías?

En general, un problema para los artesanos es el regateo, una situación de nunca acabar pues las personas que desconocen este tipo de arte ignoran las horas invertidas en hacer una sola prenda, y los artesanos acceden a tomar el dinero que se les ofrece con tal de vender un poco de su trabajo. Aunque actualmente ha habido movilizaciones en redes sociales en torno a esta situación con el lema de “no regatees a los artesanos y artesanas”, este problema, sin lugar a dudas, sigue existiendo.

A la hora de las ventas, Mayra señala que principalmente esto le pasa con las personas de Mérida, que quieren pagar una menor cantidad de dinero en vez de lo que vale el trabajo en realidad. En Hoctún no hay necesidad de comprar bordados porque la mayoría de la gente los elabora para su uso personal o para vender. Por si fuera poco, incluso instituciones interesadas en consumirles los bordados las condicionan y les imponen precios. Mayra desconoce si les pagan sinceramente lo que consideran o lo que les  conviene, para luego sacar provecho vendiéndolos en lugares concurridos por los turistas.

Otro problema que enfrentan es la pandemia, que llegó hace aproximadamente dos años: para algunas personas significó  una  gran  lucha, pues afectó a artesanos, vendedores ambulantes y toda persona que por algún motivo tenía que salir de casa a “ganarse la vida”. Los ingresos de Mayra y su mamá también se vieron afectados, pues las ventas bajaron de manera significativa, y en algunos momentos no generaban ingreso alguno. Con los bordados ya no le alcanzaba para los gastos de su casa, motivo por el cual tuvo que pedir empleo en un ciber en Hoctún, empleo que actualmente mantiene, aparte de realizar los bordados con su madre.

¿Dónde quedarán estos conocimientos?

La  pequeña  Danna  se  quedará  con  los  conocimientos  de  su madre y abuela: Mayra se encargará de recordarle de dónde es, de dónde viene y cuál es la tradición de San José Oriente. Todo lo que Mayra hace significa, en sus palabras: “Seguir preservando la tradición, que no se pierda”.

Danna muestra por momentos interés por aprender a bordar, toma una aguja y se sienta en su hamaca, hasta que la agobia el cansancio, pero por el momento porta estas maravillosas prendas mientras juega a las escondidas con su hermanito.

*Estefanny Canche Avilés y Ángela Caamal España son estudiantes del tercer semestre de la carrera de Comunicación Social en la Facultad de Ciencias Antropológicas de la Universidad Autónoma de Yucatán.

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