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Lo que sucede en Gaza es insostenible: impedir que llegue asistencia a sus habitantes y matar de hambre a la población como medidas de apremio, tortura, presión (use usted el objetivo que mejor considere) es simplemente inaceptable.
Aquellos mexicanos que se envuelven y creen a pie juntillas la simplista versión vendida por los demagogos en boga, que dice que Israel es culpable, pierden de vista que los mismos israelíes no toleran al verdadero autor de esta nueva afrenta humanista: Benjamín Netanyahu.
Algunos dirán que él representa a toda Israel, siendo su primer ministro, pero eso es tan erróneo como pensar que el morenato, con todas sus consecuencias desde 2018, representa a todo México.
Netanyahu y su gobierno, con perfidia y sentimientos de baja ralea, no agrupa a todas las buenas conciencias israelíes que quisieran que la ayuda humanitaria llegara a los palestinos en Gaza.
Con agrado, observamos que muchas naciones se han unido (Australia, Austria, Bélgica, Canadá, Dinamarca, Estonia, Finlandia, Francia, Islandia, Irlanda, Italia, Japón, Letonia, Lituania, Luxemburgo, Países Bajos, Nueva Zelanda, Noruega, Polonia, Portugal, Eslovenia, España, Suecia, Suiza, el Reino Unido, Grecia, Malta y Chipre) en la demanda al gobierno israelí para que cesen las acciones bélicas, se atienda a la población, y que ambas partes negocien condiciones duraderas de paz.
Por un lado, el mortífero Netanyahu; por el otro, el igualmente mortífero y nefasto Hamás. Los verdaderos afectados son los palestinos y los israelíes de a pie.
Que prevalezca la paz y pronto desaparezcan los radicalizados elementos de uno y otro país, para que surjan nuevos ciudadanos que puedan convivir y restañen la grandeza a esa histórica zona del mundo.
Mientras tanto, en México, a la maestra asesinada por no pagar su cuota, a las hermanitas ejecutadas junto con su madre, a todas esas víctimas inocentes que el crimen y sus apapachadores agentes políticos han cosechado, se agrega Fernandito, asesinado la semana pasada porque su madre no pudo pagar una deuda de mil pesos.
Marchas de padres con sus hijos exigiendo medicamentos para tratamientos contra el cáncer, mientras el gobierno recita por enésima ocasión su cantaleta de que “ya hay medicamentos, ya no hay corrupción, no somos iguales…”, mientras sigue tirando dinero en lo que ellos llaman “inversiones estratégicas” y muchos de nosotros llamamos elefantes blancos que homenajean la corrupción y opacidad de sus creadores.
Nuevos desplantes de insensibilidad de los “agotados” personajes encargados de la “transformación” (que más bien parece lumpenización), mientras los políticos ven sus pecados e ínfulas de grandeza expuestos a la opinión pública, negándolos a pesar del peso de las evidencias.
El horror mundial concentrado en Gaza y el horror mexicano no dejan de estrujar el corazón mientras la indolencia galopa…





























