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Desde hace unas semanas ha sido promocionada una película mexicana independiente titulada “Cometa. Él, su perro y su mundo”. Hasta donde recuerdo, si no es la primera, es de las pocas que ha tocado el tema del abandono, rescate y adopción animal que, aunque no es el tema central de la cinta, da contexto a muchas de las situaciones.
En los círculos animalistas y de rescatistas se ha comentado como materia obligada asistir a las salas para verla debido al obvio tema que aborda, además de apoyar al cine mexicano independiente así que, al estar de alguna forma inmiscuido en el rescate animal, decidí que había que verla y fue así que programamos con mi esposa la velada cinematográfica para ir a ver “Cometa”.
Debo confesar que la película sí me identificó, aunque no me emocionó tanto… ¡Pero que no se mal entienda este comentario! La película cumple, y cumple bien. Sin hablar de tecnicismos, rescato los mensajes que deja evidenciados a través de la práctica de valores como la empatía, la amistad o la superación personal, que son contrastados con antivalores como la agresión, el abandono, la avaricia o la pobreza. No me emocionó porque la vida real sobrepasa en mucho lo mostrado en pantalla. Los rescatistas se enfrentan a casos terribles todos los días: animales de compañía abandonados, accidentados o mutilados a propósito; intentando con sus propios recursos, y a veces con ayuda de la gente, solucionar un problema que debería ser abordado por instancias gubernamentales o sociales. Mucho de esto ya se ha comentado.
Retornando al filme, para quienes están en este quehacer del rescate quedan claros, durante la trama, los momentos por los que puede atravesar casi cualquier caso. Sin afán de arruinarles la trama en la cinta, me permitiré comentarlos.
El abandono
Infinidad de mascotas en México son abandonadas, sobre todo en las grandes ciudades, y en ocasiones de la manera más cruel: alejando al animal lo más que se pueda del entorno donde ha crecido para que ya no regrese. Algunas cifras mencionan que en México existen en esta situación ¡17 millones de perros! Es el “premio” que reciben muchas mascotas por haber crecido y dejar de ser aquel juguete tierno regalado en alguna fecha especial. La cinta toca esto de manera genial, desde el punto de vista del perro, incluso con cambios de color y textura, tal como podría ver el mundo un can.

El abuso
Los perros en situación de calle están expuestos a cualquier accidente y, en el peor de los casos, a todo tipo de abusos por parte de las personas. Un perro que ha sido de casa y es lanzado al asfalto sufre mucho si es que sobrevive. Los perros de raza muchas veces son vendidos para reproducción y comercialización, los de tallas más grandes incluso son usados como cebo para perros de pelea.
El encuentro
Tal como sucede en la vida real, Cometa y su rescatista se encuentran por azares del destino, en un momento en el que cada uno parece haber tocado fondo y ante la disyuntiva de confiar o no en un desconocido. Los rescatistas se encuentran en esta situación siempre, tratando de ganarse la confianza de un alma rota o maltratada. Es un momento donde a veces hay que encarar al maltratador, incluso recurriendo a instancias legales y otras no tanto.
La responsabilidad y desesperación
Rescatar no es fácil: quien rescata se hace cargo de un ser que siente, una vida que para muchas personas no tiene gran valor, pero al fin y al cabo es una vida. El personaje de Roberto Martínez entiende esto al hacerse cargo de Cometa, aun cuando él también se enfrenta a una situación precaria en este momento de la vida. Roberto experimenta lo que cualquier rescatista ante la falta de dinero cuando su amigo se enferma (12 mil pesos para una operación son necesarios); sin embargo, no lo deja morir y busca la manera de reunir el recurso. Este momento retrata a otro personaje, que afortunadamente también vemos en la realidad: el veterinario solidario al saber que Cometa es un perro rescatado

El desprendimiento
Cuando todo parecía ir bien, el rescate se complica dejando al personaje central y su familia sumidos en la pena. Pero, tal como sucede en la vida real, después de un tiempo deciden darse una segunda oportunidad, solo para reencontrarse con un amigo al que paradójicamente deben dejar partir para cumplir un ciclo. La función de un rescatista después de devolver la salud no debería ser quedarse con el can, sino encontrar una familia para su rescatado, quizá una parte muy difícil, ya que la cultura de la adopción animal aún está en pañales.
Desde mi punto de vista, “Cometa. Él, su perro y su mundo” cumple con acercar —de alguna manera— a un público no experto a un problema existente y creciente: el abandono y maltrato animal. Tiene también la bondad de mostrar la luz al final del camino en la forma de las adopciones responsables a través de instituciones o rescatistas independientes.
Porque cuando te haces cargo una vida en desgracia, en realidad no estás rescatando: más bien ella rescata lo mejor de ti como persona.
“Cometa. Él, su perro y su mundo” es una película independiente por lo que su corrida comercial sería muy breve, aunque ha dado una sorpresa en taquilla, lo que ha obligado a programarla por más días y en más salas. Sin duda, un trabajo sencillo, pero bueno de su director Leonardo Arturo (quien también produce), contando con las actuaciones de Louis David Horné, Lizzy Auna, José Salof Y “Rocker” como Cometa.
Carlos M. Vivas Robertos





























