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Perspectiva – Desde Canadá

XVIII
El día 1º de julio se celebró aquí el Día de Canadá, que viene siendo como nuestro 16 de septiembre en México. Se llama así apenas desde 1982, porque desde 1867 hasta ese año se le llamó “Día del Dominio” (Dominion Day), refiriéndose a la creación del Dominio canadiense –de la nación, pues– a partir de la unión de cuatro provincias: la de Canadá (que se subdividió en Quebec y Ontario) con la de Nova Scotia y New Brunswick.
Mis compañeros de trabajo lamentaron que este año no hubiera juegos pirotécnicos, ni espectáculos al aire libre, ni comida y bebida en las romerías que son tradicionales en las ciudades principales en todo el territorio, que es como tradicionalmente se festeja esta fecha. A todos el Covid-19 nos ha venido a cambiar la vida y las costumbres.
En el tiempo que hemos estado todos bajo el flagelo de esta pandemia, en la zona que conforman Stormont, Dundas & Glengarry, que es donde vivo, ha habido un total de 165 casos reportados de Covid-19, sin defunciones; la fase 2 de recuperación económica ha funcionado y cada vez hay más negocios reabriendo, aunque conservando el distanciamiento social y el aforo minimizado.
Como medida adicional, tal vez al observar el desmaye que sucede en la frontera sur, el Premier Ford ha decretado a partir de hoy (7 de julio) el uso obligatorio de cubrebocas en la provincia de Ontario en todos los lugares públicos. La intención es evitar contagios y perder todo el terreno que se ha ganado. Como en todo, hay quienes apoyamos la medida en aras de minimizar la afectación, y también hay aquellos que despotrican y se sienten agredidos en su libertad de no usarlo. Bien dicen que muchos solo entienden la peligrosidad de este virus cuando ellos o alguien cercano a ellos sufre sus embates.
Mientras más vivimos, más aprendemos…
Había mencionado que la primavera pasó corriendo por estos lares, para dar paso al verano. Si alguien hace un mes me hubiera dicho que las temperaturas de estos días iban a parecerse a las de mi querido Mérida lo hubiera tildado de loco: ¡Cómo iba a ser posible que en menos de tres semanas pasáramos de temperaturas no mayores a un dígito a temperaturas de 40 grados Celsius!
Pues para seguir demostrándome que mis expectativas –junto con las de todos en este año, por lo visto– demuestran mi ignorancia sobe este nuevo país, y que mi proceso de aprendizaje no ha finalizado, justamente eso es lo que se vive en estos días en esta región de Ontario.
No solo eso: a pesar de nuestra cercanía al río St. Lawrence, la provincia ha pedido a los vecinos que, debido a la ausencia de lluvias, limitemos el uso del agua para evitar problemas de desabasto; así, han pedido que no se rieguen los jardines, que no se use manguera para lavar vehículos, y otras medidas que tienen todo el sentido del mundo, pero que simplemente no esperaba ver se aplicaran. Solo las había escuchado como obligatorias en el sur de California porque, como dice la canción que cantaba Albert Hammond, “nunca llueve en el sur de California”.
Puesto que prácticamente todos los días manejo sobre la carretera que va a lo largo del río, he visto cómo el agua se ha alejado de las riberas, y cómo las algas se han ido desarrollando sobre la superficie, señales inequívocas de que la temperatura está afectando el entorno.
El 2020 ha resultado un año inolvidable por todas las razones posibles, algunas de ellas inimaginables hasta que las hemos experimentado.
Todo lo que vivimos es aprendizaje, y somos una de las especies que más ha evolucionado, aprendiendo a adaptarnos a nuestro entorno, encontrando maneras de modificarlo y, de esta manera, sobrevivir.
Desde esta perspectiva, con el favor de Dios, y con nuestro esfuerzo, pronto daremos la vuelta a esto que nos separa, simplemente porque todo es temporal; solo el Amor es para siempre, y ese nos reunirá siempre, sin importar distancias ni épocas.
S. Alvarado D.





























