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Atisbando Cuba

II – Concluye
ALFONSO HIRAM GARCÍA ACOSTA
La semana anterior inicié esta semblanza de Alberto KORDA, su inicio en los Studios Korda y su encuentro con la cámara retratando modelos y diseño publicitario. Para concluir esta columna, agregaré su retrato de la historia, y como fotógrafo en el movimiento revolucionario de Cuba; y algunos apuntes del escritor Tomás Barceló Cuesta, quien le hizo entrevistas mientras cubría eventos importantes donde Korda dejó algunas de sus impresiones fotográficas para la historia de Cuba.
En enero de 1959 triunfó la Revolución y Korda se convirtió en uno de sus fotógrafos más reconocidos. La moda y la publicidad empezaron a ser vistas como reminiscencias pequeño-burguesas pertenecientes al pasado, por lo que poco a poco dejó de ser una fuente de ingresos para modelos, diseñadores, fotógrafos, agencias, etc. Cuando el trabajo de estudio empezó a ser casi inexistente, Korda salió a la calle a buscar bellas mujeres en los desfiles, celebraciones y mítines políticos.

Irina Morán relata:
– ¿Quieres conocer a Korda?, fue la pregunta que me lanzó Tomás Barceló Cuesta una mañana calurosa de junio, mientras desayunábamos juntos, allá por el año 2000 en La Habana.
– Claro, le respondí sonriendo en forma inmediata.
– “Es bueno que lo conozcas, chico”, agregó unos segundos después de observarme, pensando tal vez en lo que significaba Korda en términos históricos.
– “Déjame llamarlo por teléfono y ver si hoy mismo podemos caerle a su casa”.
Él lo venía visitando. De hecho, ya habían tenido un par de encuentros previos, porque Tomás estaba produciendo una serie de entrevistas a fotógrafos cubanos que de alguna u otra manera lo habían influenciado.
– “¿Sabes?”, me dijo mientras finalmente nos dirigíamos camino al modesto apartamento de Korda, ubicado en el barrio Miramar, frente a la desembocadura del río Almendares, “Ahora vas a conocer no sólo al autor de la fotografía más famosa del mundo, sino también a uno de los fotógrafos que supo retratar buena parte de la épica iconografía que marcaron los primeros años de la Revolución.”
Llegamos.
De aquellos encuentros, Tomás terminó publicando, recién a fines del 2001 y en la provincia de Córdoba, dos extensas entrevistas: una en el suplemento Temas del diario la Voz del Interior, y otra en la revista Aquí Vivimos. Pero también hubo un poco más. A comienzos de octubre de ese mismo año, Tomás fue invitado a exponer su muestra “Cubanas” en el Cabildo Histórico de Córdoba, acompañando la mega exposición de Korda, titulada Diario de una Revolución.
Comparto aquí con ustedes la versión que más me gusta de esos reportajes, donde Tomás no se priva de narrar muchos de los detalles que compartimos aquella memorable tarde de junio, en la casa de Alberto Korda, en La Habana.
El retrato de la rebeldía. Por Tomás Barceló Cuesta. (Extracto)

– ¿Korda, ¿cómo fueron sus inicios como profesional?
– Profesionalmente me inicié en el 53 o en el 54, no recuerdo con exactitud. No tengo muy buena memoria para las fechas.
– ¿Y qué estudió anteriormente?
– Comercio.
– ¿Esa fue su primera profesión?
– Mi primer trabajo fue de investigador publicitario de la empresa Sabatex, que fabricaba jabones de baño y detergentes. Más tarde fui cajero en una empresa norteamericana, cinco o seis meses, pero terminé tomándole odio a las oficinas. No soportaba los espacios cerrados.
– ¿Claustrofobia?
–Posiblemente. Me dediqué a buscar trabajos que fueran en la calle, caminando de un lugar a otro. Empecé a vender jabones y perfumes. De ahí pasé a vender máquinas de escribir Remington. También fui visitador médico del Instituto Biológico Cubano. Y no sé cuántas cosas más.
–Después se hizo fotógrafo.
– Todo comenzó así: fui a venderle una caja contadora a un fotógrafo famoso de la Habana que tenía una casa que se llamaba Estudio Mario, en la calle Amistad. Como es lógico, con una buena táctica de vendedor, le conté que yo era muy aficionado a la fotografía, para entrar en conversación con él. Entonces el hombre me dijo: “Ah, sí, tráeme tus fotos para verlas”. Y al día siguiente o dos días después, no recuerdo bien, volví con fotos mías y se las mostré. Entonces el hombre me dijo: “¿Usted sabe que tiene talento para la fotografía?”

– Es decir, ¿con fotos realizadas por usted?
–Sí, fotos mías. Imágenes que hice cuando iba de vendedor por las calles de la Habana. Yo andaba siempre con una camarita Kodak en mi bolsillo con la que hacía fotos por ahí, de cosas que viera que me llamaran la atención.
– ¿Era una preocupación suya hacer fotos de la Habana de entonces?
–No puedo asegurar que fuera una preocupación, pero sí ya llevaba el germen de fotógrafo. Eso fue por los años cincuenta, más o menos.
– Es decir, se inició en el oficio no muy joven, ya era un hombre maduro…
– Sí, pero yo tomaba fotografías desde los 16 años, con la camarita de mi padre…
– Pero no de manera profesional.
– No profesionalmente…, tenía también aquellas fotos de Yolanda…
– ¿Yolanda?
–Sí, una noviecita que tuve a los dieciséis o diecisiete años. Salía con ella a pasear los sábados y domingos a lugares bonitos y le hacía retratos. De ahí nació mi vocación por la fotografía de moda. Aquel fotógrafo me ofreció trabajo. Hacía fotos murales, muy en boga por aquellos tiempos, donde aparecían retratados paisajes cubanos, muy hermosos, que yo salía a vender por las oficinas y donde quiera que me los compraran, por lo que recibía una comisión. Después me metí a trabajar en el laboratorio.
–Pero los Estudios Korda se conocían mucho antes del triunfo de la Revolución…
–Sí. Te cuento. En un momento conocí a Luis Peice Byers, un fotógrafo ambulante que andaba por las calles de la Habana. Hicimos amistad. Ya por esa época yo le hacía fotografías a la firma de seguros Godoy Sayan. Ganaba quinientos pesos mensuales.
–Todo un sueldazo para la época ¿no?
–Cierto. Le propuse a Luis montar un estudio. Empezamos a hacer fotos publicitarias. Había mucha competencia y no era fácil abrirse paso en esta ciudad. Pero nosotros lo logramos. Montamos nuestro estudio en el Vedado. Al poco tiempo comenzó el boom de los Korda. Nueve años después del triunfo de la Revolución, en el 68, el gobierno revolucionario nos intervino el negocio, en lo que se dio en llamar “la guerra contra los chinchales”.
–Korda no es su verdadero apellido ¿o sí?
–No. Mi verdadero nombre es Alberto Díaz Gutiérrez. Lo de Korda se lo pusimos al estudio. Pensamos entonces en un nombre bien comercial. Korda no podía resultar mejor: fonéticamente es muy parecido a kodak, la película fotográfica que más se vendía, y que aún se vende en el mundo.
–Había que ser muy competitivo en aquella época…
–Claro. Podrás imaginarte que la publicidad en Cuba era la mejor de América Latina. Desde aquí, por ejemplo, se le hacía publicidad a firmas norteamericanas y también a otros países del área. En medio de todo eso comenzamos nosotros y, poco a poco, fuimos ganando fama.
–Pero usted hizo mucha moda también…
–La moda prácticamente estaba en pañales. Yo fui uno de los que introdujo la moda fuerte en Cuba. En eso fui un pionero. Se hacía modas, claro, pero me parece que era algo bastante ingenuo: se utilizaban aquellas modelos muy cubanas, sensuales, muy tetonas, con aquellas caderas despampanantes. Yo, en cambio, seleccionaba mujeres de alta estatura, más finas, más estilizadas.
– Un concepto importado…
–Sí, era algo que ya se venía haciendo en el mundo. También cambié el concepto de la luz. Utilizaba estudios con amplios ventanales, la luz ambiente, exteriores. A veces, para lograr lo que me proponía, tiraba dos rollos para sacar una sola fotografía. Por esa época conocí a Norka. Ella fue el non plus ultra de la moda en Cuba. Una modelo única (Muestra algunas de aquellas imágenes de antaño: la mujer, que más tarde sería una de sus esposas, platinada, parece más una actriz norteamericana que una cubana).
Pocas semanas después de la entrada de los rebeldes en La Habana, Korda fue llamado junto con Raúl Corrales, Osvaldo y Roberto Salas al primer viaje de Fidel Castro, ya como primer ministro, a Venezuela. El hecho de que lo eligiesen siendo un fotógrafo de moda (algo tildado de frívolo por la Revolución) y no de prensa llama mucho la atención. En su obra, Korda se limitó a sustituir a sus modelos por los nuevos líderes, manteniendo esa estética basada en la imagen informativa pero, al mismo tiempo, simbólica, de la fotografía más comercial. Como dijo Cristina Vives, Korda “fue, por suerte, un improvisado fotorreportero, pero un experimentado publicista,” lo que a la Revolución le vino muy bien para difundir su mensaje.

Pero en 1968, los Studios Korda fueron intervenidos por el Departamento de Labor Social del Ministerio del Interior. Todos los negativos y equipos fueron confiscados y llevados a paradero desconocido. Semanas más tarde, sólo se recuperaron los negativos dedicados a la Revolución, que son los que actualmente se conservan en los archivos de la Oficina de Asuntos Históricos del Consejo de Estado de Cuba.
En los años 80, Alberto Korda volvió a la fotografía publicitaria y, con ellos, a sus retratos femeninos. En aquellos años -la década de los ochenta- se produjo un ligero respiro en cuanto a las dificultades económicas de la isla, por el apoyo que aportó el bloque de países socialistas a Cuba.
A pesar de este retorno a la fotografía de moda, Korda era ya un reputado artista internacional al que se invitó a realizar exposiciones tanto individuales como colectivas de sus conocidas fotografías de la Revolución. Nueva York, México, Sídney, Madrid, París, Perpiñán, Milán, Sicilia, Venecia, entre otras muchas ciudades, exhibieron su trabajo y le aportaron gran fama internacional, principalmente por su imagen mítica del Che.

En diciembre del año 2000, Korda viajó a Sao Paulo invitado a exponer en esa ciudad. Aprovechó su estancia para organizar una sesión fotográfica -la última de su vida- con varias modelos brasileñas, culminando así, en palabras de su amigo y escritor Jaime Sarusky, “su intensa trayectoria vital y profesional cargado de paciencia y sabiduría regresando, entre recuerdos y renovados bríos, a las sonrisas y los gestos elegantes de las muchachas de moda.”
Cinco meses después, el 25 de mayo del 2001, falleció en París el más versátil y privilegiado fotógrafo cubano de todos los tiempos.

Tras la muerte de Korda, sus herederos entablaron pleitos judiciales por los negativos y patrimonio del fotógrafo. Uno de los negativos originales de su famosa fotografía fue subastado en Viena el 2013 en 9,000 euros y en 2016 su hijo menor, Dante, vendió en 18,000 euros la cámara Leica con que el artista tomó “Guerrillero Heroico» y documentó los primeros años de la Revolución Cubana.

Fuentes
https://www.huffingtonpost.es/ana-berruguete/korda-retrato-femenino_b_7494666.html
https://latinta.com.ar/2016/09/quieres-conocer-a-korda/
http://www.la-razon.com/mundo/historia-detras-famosa-Che-Guevara_0_2795720442.html
https://eldiariodelamarina.com/los-retratos-femeninos-de-korda/
Archivo AHGA.





























