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Dr. Adán W. Echeverría-García
“Me meo en sus instituciones” sería la forma soez de parafrasear lo que alguna vez les dijo Andrés Manuel a los diputados y senadores mexicanos, llevándose entre las patas tanto a la Suprema Corte de Justicia como al Poder Ejecutivo que entonces recaía sobre Vicente Fox Quesada, quien actuaba como Presidente de México, pero funcionaba como servidumbre de Gringolandia al mismo tiempo, entregando los recursos humanos y naturales al fallido país de las barras y las estrellas. Con un grito, Andrés puso en vilo a los tres poderes que conforman nuestra nación.
Cuando Andrés tomó la presidencia en 2018, desde luego que entendió que esos mismos tres poderes debían ser sacudidos para que cayeran de aquellos árboles, todos, o al menos la mayoría de los frutos podridos que pudieran caer, que no se sostenían más que con promesas, doblaje de rodillas, mucha saliva, y oscuros acuerdos que pudieran ser ilegales (la más de las veces), o legales, pero poco éticos. Un bosque de árboles de corrupción que entre sus raíces tenía injertos de Grandes Empresarios, millonarios, junto con personajes del crimen organizado que se enriquecían a balazos, junto con la gran mayoría de la Sin Clase Política que conforman los partidos Acción Nacional, Revolucionario Institucional y el ya desaparecido de la Revolución Democrática, así como las poco menos de 20 familias que controlan en México todos los sistemas de comunicación masiva: prensa, radio y televisión, y sus Comenta-noticias construidos en personajes que se sienten famosos.
Con el voto del pueblo se logró sacar del poder a los partidos políticos, se les contuvo y se les redujo casi a la nada al controlar la presidencia, la gubernatura y congresos de la mayoría de las 32 entidades federativas, tanto como las cámaras de diputados y senadores. Todo lo anterior costó… y mucho. Empezó durante el gobierno de Andrés, hasta consolidarse al inicio del gobierno de Claudia, controlando de esta forma al poder Ejecutivo y al Legislativo. Con el voto del pueblo, se logró reformar al poder Judicial ya gobernando Claudia.
El poder de los medios de comunicación de México es el único que aún sigue dando batalla. Se le enfrentó y sigue enfrentando desde La Mañanera de Andrés, y ahora con La Mañanera del Pueblo de Claudia.
Lo que desde México, desde nuestro gobierno, aún no logra controlarse es el aparato político económico internacional, regido por los abusos legaloides de Gringolandia, controlada por un personaje hallado culpable y condenado por las propias leyes de su país, que funciona como el Emperador que el mismo Imperio siempre ha negado ser. Hoy, este personaje se ha quitado la máscara, evidenciando con toda amplitud su deseo de dominar el mundo con base en la industria armamentista que siempre ha armado ejércitos de todo el mundo, provocando guerras, desestabilizando países.
Donald Trump Primero, rey y emperador gringo, quiere justificar todos los bombardeos que ha perpetrado en menos de un año de su fallido gobierno con una ley totalmente gringa: nombrar terroristas a los gobiernos de otros países, a los presidentes de otros países, con la enferma intención de bombardear el país que quiera para así atraparlos (secuestrarlos) y llevarlos ante las cortes de su país para ser juzgado.
El 3 de enero pasado eso ocurrió. No declaró la guerra, no necesita hacerlo; el Congreso de su país no lo aprobaría. Bastó con acusar al presidente de Venezuela de ser narco terrorista, para cobardemente bombardear Caracas, la capital de Venezuela, matar a más de 80 civiles y secuestrar al presidente Nicolás Maduro y a su esposa.
Hoy, como gritara Andrés, toda América debemos gritar: ¡Abajo el Rey, el Emperador Donald Trump Primero! y ¡Abajo su Ley Antiterrorista que se está usando como pretexto para atacar a cualquier gobierno, cualquier país que se le oponga!
¡Quien tenga oídos, que escuche!





























