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Febrero Loco

“Febrero loco y marzo otro poco”

Dicho popular

El 5 de febrero de 1917, hace casi 100 años, en Querétaro el Congreso Constituyente promulgó la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos. En el mismo evento se nombraría Presidente a Don Venustiano Carranza.

¿Cuántos jóvenes ciudadanos mexicanos saben qué se festeja este día? Muy pocos. No los culpo: no se les ha explicado la importancia de la efeméride, y los ejemplos que tienen de quienes se encargan de salvaguardar la integridad que emana de ese documento son de lo peor que tenemos como país. Nuestros políticos y “representantes” camerales han hecho todo por pervertir el espíritu de bienestar y mejor esperanza de vida que emana de la Carta Magna, sirviéndose de sus puestos para obtener pingües beneficios para ellos y sus familias. A ellos vaya que les ha hecho justicia la Revolución.

Esta misma semana, por azares en el conteo de los ciclos lunares, festejamos también el Carnaval. El Carnaval indica que la Cuaresma está próxima y precisamente de esta festividad cristiana proviene el origen de esta festividad. El nombre, dicen algunos, proviene del “abandonar la carne” – carnem-levare, precisamente lo que pide la Iglesia Cristiana en la cuaresma – y otros indican que en realidad proviene del “adiós a la carne” – carne- vale –, también como preparación al carácter religioso que adquiere la vida de muchos de nosotros a partir del Miércoles de Ceniza. En este bisiesto año de 2016 nos tomó por sorpresa que sea la primera semana de febrero cuando inicie el Carnaval y, a su vez, reconozco que es un perfecto reflejo de la manera en que hemos estado viviendo: todo demasiado pronto, demasiado deprisa.

Johannes Lingelbach, Carnaval en Roma (1650)
Johannes Lingelbach, Carnaval en Roma (1650)

Afortunadamente he disfrutado del Carnaval de Mérida desde que era un niño al que sentaban en la cajuela del coche de alguno de los amigos de mis padres, ataviado generalmente con una máscara de luchador o disfrazado de El Zorro. En esos días, nosotros éramos parte del festejo al recorrer de esa manera por el Paseo de Montejo. También he atestiguado cómo ha crecido la complejidad del festejo, cómo han aumentado los precios tanto de la comida como de las bebidas, y también he tenido la pena de observar cómo algunos tan solo van a embrutecerse consumiendo bebidas alcohólicas, importunando posteriormente a todos los que asisten, así como un aumento en la violencia. A últimas fechas, a partir de que el festejo fue trasladado a Xmatkuil, simplemente he dejado de asistir, aunque no he dado por un hecho que no lo haré más.

Poco a poco algunas costumbres van desapareciendo, devoradas por la vorágine de los tiempos, transformadas – no necesariamente para bien – con el fin de explotar la comercialización, el “bisnes”, y el Carnaval es un ejemplo de ello. En esta edición presentamos la remembranza de un tiempo en el que las escuelas se peleaban – literalmente – porque su Reina ganara el derecho a participar en los festejos. ¿Cuántos carros alegóricos actualmente pertenecen a escuelas como las que indica? ¿Cuántos son de empresas comerciales?

Mientras nosotros aún podemos disfrutar de nuestro Carnaval – a fin de cuentas, cada uno de nosotros festeja de la forma que más le agrade, en donde más le guste, y con la compañía que elija para tal fin – las grandes tribulaciones de estos días continúan: un pillo cuyo “honor” ha sido mancillado por las acusaciones que se le hicieron mientras estudiaba su doctorado en España; los planes de ser presidenta de México de una megalómana política convertida en “escritora” a la que nadie ha encontrado la manera de poner contra la pared para que siquiera devuelva un poco de lo mucho que se llevó de nuestro estado; las risibles e indignantes peticiones de los presidentes de los partidos políticos de que sea la PGR quien les diga si las personas que ellos mismos autorizan como candidatos a puestos de elección popular son sujetos de probidad; la continua desaparición/ejecución de mexicanos en estados heridos por el narcotráfico y por las estrategias gubernamentales para combatirlo; el peso que ya no regresará a niveles de 15 unidades por dólar; el petróleo cada vez más se vuelve un problema que una solución; Kate del Castillo y el Chapo Guzmán y sus relaciones peligrosas; y así, ad nauseam.

Pero no todo es malo: esta misma semana nos visita el Papa Francisco y lo que diga será muy importante para nuestro muy religioso país; y también mi madre y uno de mis amigos más apreciados y queridos cumplen un año más de vida – ¡Felicidades, Kwakiutl! –, se jugará el Super Bowl 50 – voy Denver – y se vislumbra en el horizonte la nueva edición de la FILEY.

Desde esta perspectiva, este febrero loco tiene dosis de locura amable que ojalá logren amainar un poco las agobiantes y poco esperanzadoras imágenes del futuro que nos arrojan la bola de infames personajes que pululan en nuestro horizonte nacional.

Amén.

Gerardo Saviola

gerardo.saviola@gmail.com

 

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