Inicio Nuestras Raíces El Carnaval de las Corcholatas (Remembranza)

El Carnaval de las Corcholatas (Remembranza)

25
0

Visitas: 5

El Carnaval de las Corcholatas

(Remembranza)

Carnaval_1_2

Carnaval_3

Era algún año de principio de los cincuentas.

Entonces se inició la competencia para elegir a la reina del carnaval  estudiantil. Una empresa refresquera proporcionaría el carro alegórico para aquel grupo que reuniera el mayor número de corcholatas a favor de su candidata.

Se formaron tres, uno por cada escuela secundaria de gobierno: La Cisneros, La Vadillo y La Eduardo Urzáiz. Las brigadas de muchachos recorrían las calles, los mercados, las panucherías, y hasta las cantinas, levantando cuantas tapas del refresco promotor encontraban.

Las candidatas eran muchachas de las más agraciadas que se pudieran ver, y cada una de ellas  con sus porristas animaba a sus compañeros. Habráse visto: costales y costales de henequén repletos se amontaban en las escuelas y, como a fin de cuentas resultó tarea imposible contar una por una las corcholatas, se acordó pesarlas.

Pero, travesuras o ingenuidad de muchachos de ese tiempo, no faltó quien propusiera alguna “ayuda” para obtener ventaja: unos remojaron las bolsas en agua para que el corcho de las tapitas absorbiera el líquido y así aumentara el peso; otros mezclaron pedruscos, tornillos y más objetos en las bolsas; y a los de la Urzáiz, que tenían fama de ser bien portados, no se les ocurrió nada o no pensaron en ello.

En una báscula de plataforma pesaron los costales. Las diferencias eran desproporcionadas entre las dos primeras escuelas y la tercera, lo que no hizo esperar sus enérgicos reclamos. Se armó el escándalo. Los muchachos llegaron a los empujones, golpes, patadas. Las muchachas gritaban y lloraban, defendiendo a los suyos, y algunas repartían arañazos. Como se dice en lenguaje coloquial: llovieron los madrazos.

Los jueces descubrieron las anomalías y descalificaron a los tramposos quienes, de no muy buena gana, reconocieron sus faltas y aceptaron la decisión.

Mientras tanto, el carro alegórico para la reina electa esperaba: en la parte central, una botella de gran tamaño del refresco, abierta por el frente, contenía el trono dorado; en los costados del carro, paneles pintados con alegorías alusivas – figuras de Arlequines y Colombinas en los espacios – y  luces de colores creaban un ambiente de fantasía.

Carnaval_portada

Llegó el día del Carnaval, el primer desfile, viernes, en un tibio anochecer del Paseo de Montejo.

Nuestra reina lucía esplendorosa y ocupó su lugar en el efímero Olimpo de Carnestolendas. Generosa, invitó a su carro alegórico a las otras dos candidatas para que la acompañaran como princesas.

Carnaval_4

Nosotros también fuimos invitados como chambelanes. Me vestí con un” flux azul pavo” que mi padre había usado en su boda: olía a naftalina, me quedaba “brinca charcos”, pero fue arreglado por el sastre.

Así celebramos la fiesta del Rey Momo cuando aquel año de nuestra ya lejana adolescencia.

César Ramón González Rosado

Mail: crglezr36@yahoo.com.mx

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.