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Fianzas: ¿Negocio Estatal?

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Fianzas: ¿Negocio Estatal?

“Nunca te des por vencido, mantén vivos tus sueños; nunca te des por vencido, mantén la cabeza en alto…”

Never Surrender, Triumph

¿Recuerdan los lectores aquellos días del 2014 en los que semana tras semana leíamos de redadas de jóvenes que consumían bebidas embriagantes en “fiestas” en las que se pagaba una cuota de “admisión” con el que se adquiría el derecho a consumirlas en “barra libre”? Además de que se volvió negocio para aquellos que vendían las “bebidas”, durante algún tiempo fueron la “moda” a la que se sujetaron nuestros jóvenes. A base de redadas “sorpresa” fue que se suspendieron, o acaso se volvieron más discretas.

Puesto que no se pedía precisamente identificación o prueba de mayoría de edad, resultaba que siempre había jóvenes que no habían cumplido los dieciocho años en esos festejos y, tan solo por ese hecho, automáticamente los organizadores y los asistentes eran apresados y, mientras se comprobaba su responsabilidad, como presuntos culpables de “corrupción de menores.” En su afán de propagar la oportunidad de relajo, los jóvenes publicaban con anticipación en redes sociales dónde serían las francachelas, y la Policía entonces solo tenía que presentarse a una hora en la que estuviera segura de que nadie opusiera resistencia para actuar.

Invariablemente, todos los asistentes – con la excepción de los menores de edad y las jovencitas – eran subidos a las “julias”, que entonces los llevaban al Edificio Blanco – los separos de la Policía Estatal, en periférico, junto a Fiscalía General del Estado – para fincarles responsabilidades. Muchos padres aprendimos en esos días todo lo que había que hacer para sacar a uno de nuestros hijos cuando resultaba “levantado” en esas pachangas. Ante la amenaza de que se les fincaran responsabilidades mayores – la corrupción de menores es un delito grave, con prisión de por medio – nos pasábamos muchas horas entre ambos edificios, esperando inicialmente su traslado de los separos a las celdas en la Fiscalía, para entonces esperar a que las autoridades fijaran una fianza (generalmente de cinco mil pesos) y entonces, 48 horas después de haber sido llevados ante la justicia, eran liberados con las reservas de ley.

Todo lo anterior le sucedió al “hijo del primo de un amigo” (mju, Gil Gamés dixit) y por eso me sé todos los detalles. Después de pagar la fianza, recibir nuestra copia del acta de liberación, y luego recibir a nuestros sucios hijos, las investigaciones y deslindes continuaban, hasta que se asignaba la responsabilidad al culpable, generalmente el organizador del evento. En ese preciso momento se decretaba entonces la inocencia de nuestros hijos, y en ese momento podíamos exigir la devolución de nuestra fianza depositada por la liberación de nuestros vástagos.

Pues bien, he aquí que muchos desconocen que pueden hacerlo y, al no solicitarla, dejan en las arcas estatales mucho dinero cuyo destino final desconocemos. Esto de la devolución aplica en todos los casos en los que se deposita una fianza; tan solo hay que solicitarla en la misma agencia en la que se depositó.

Cuando platiqué con el abogado que se encargó de localizar la que deposité hace ya más de dos años, me informó que las autoridades prácticamente rezan para que nadie pida la devolución de sus fianzas. De hecho, en el transcurso de la investigación para localizar en qué agencia había quedado la que hice yo – la agencia fue cerrada y los expedientes que llevó pasaron a otra – hubo un momento en el que consideramos pedir un amparo para agilizar la localización, puesto que nos parecía sumamente extraño que tardaran tanto, como si quisieran desalentarme.

Por otro lado, otro abogado me contactó justamente cuando estaba en los trámites de localizarla, para ofrecerme sus servicios de “recuperación” de la fianza, sin saber yo cómo obtuvo mis datos, ni cómo se enteró de los detalles.

Obviamente, y creo que coincidirán conmigo, esto parece contubernio en beneficio de unos cuantos y es por ello que se los platico, en caso de que “el hijo del primo de un amigo” de ustedes se haya visto en las mismas circunstancias: recuperen su dinero, no lo regalen.

Con la copia que les entregaron al pagar la fianza y liberar a sus hijos, acudan a la Fiscalía General del Estado y soliciten la devolución en la agencia en la que les entregaron esa copia; si tienen a un abogado de confianza, que les acompañe, pues los vericuetos en ese edificio ellos los manejan al dedillo. Cuando localizan el expediente, el trámite de devolución es muy rápido y sencillo: en esa misma agencia les dan un oficio que deberá llevarse a la oficina de Egresos del Estado, junto al Centro Anti Canceroso de la avenida Itzáes, frente a la Ex Penitenciaría, y en dos días hábiles le entregarán un cheque a su nombre.

Desde esta perspectiva, nadie está peleado con su dinero y, al margen del amargo y enfadoso aprendizaje que acarreó aquella experiencia de hace dos años, es bueno saber que ese dinero es recuperable.

Le deseo la mejor de las suertes al padre “del hijo del primo de su amigo” en la recuperación de su fianza.

Gerardo Saviola

gerardo.saviola@gmail.com

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