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Silvia Ramón Valenzuela (ii)

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La nostalgia de los buenos tiempos

Cuando me casé, los padrinos de mi esposo Marcelino fueron don Ramón Vidal y doña Lenny Loria, que son de Valladolid igual que mi esposo. Mis padrinos iban a ser el doctor Mario Lezama y Wilma Urtecho, pero en ese tiempo también cambiaron al doctor de lugar de trabajo y los representó don José Urtecho, papá de doña Wilma.”

Al que he saludado acá en Valladolid es al ingeniero Mario Lezama, hijo del doctor. Es muy buena gente, nos hablamos por teléfono y me ha dado mucho gusto saber de él, al igual que de los compañeros de la Sierra.

Cuando nos casamos, Marcelino y yo nos fuimos a vivir a Palizada, Campeche. Cuando estábamos viviendo en la Colonia, él se llevaba mucho con Arturo Jasso y con Antonio Tello, que eran de su época, igual que Bernardo –Nardo- Martínez, que se casó con Nery Braga. Víctor Martín y Pancho Orozco también son mis amigos; a Pancho Orozco una vez lo vi en la clínica del ISSSTE en Mérida y después de varios años de no vernos me reconoció, me saludó.”

Jajajaaaa. No, nada serio,” responde Silvia a la pregunta acerca de si en su juventud en Colonia tuvo varios enamorados o le tenían miedo al Sargento. “Nos divertimos, ya sabes, las bachatas en las casas eran sin alcohol, refrescos, horchatas, todo muy sano; eso sí, mucho baile, igual en la Colonia en los bailes que organizaba la empresa Medval había una bonita convivencia.

Mi papá era muy católico, la virgen de Guadalupe era su patrona. Cada vez que íbamos a Mérida nos llevaba a misa a la Catedral y a la Iglesia de San Cristóbal, a visitar a la virgen Lupita; igual cuando nos íbamos a pasear a la capital a visitar a los parientes a la ciudad de México: tenía que llevarnos a visitar la villa de Guadalupe.”

Él fue muy ordenado, muy estricto, como te digo, pero veía que no haya relajos, que los soldados estén bien ordenados. Lo querían mucho, se preocupaba mucho por ellos, lo respetaban y querían mucho. Jugaba voleibol con la tropa, pero solo para matar el tiempo y convivir con ellos; en las nochebuenas, les hacía piñatas a los hijos de los militares, les daba sus dulces, lo querían mucho. Le gustaba nadar e igual le apasionaba escuchar mucho en la radio estaciones de Cuba, Radio Mil, la W ‘La voz de América latina desde México’. Le gustaba mucho leer la revista ‘Selecciones’, era muy aficionado a esa revista, cada año se suscribía.”

“A los ochenta y un años falleció. Mi mamá murió a los setenta y cinco años, igual acá en Valladolid. En ese tiempo yo ya vivía acá. Mi papá se quitó de la Colonia cuando se empezó a quitar la gente y se fue a vivir a Mérida un tiempo; la verdad, no recuerdo que año se quitó de allá.

Mis hermanos Antonio y Cesar fueron a presentar examen al Colegio Militar, pero solamente Antonio se quedó, estudió transmisiones, entró como sargento primero y salió como teniente. César por un problema de la vista no aprobó.

Regresando a mis recuerdos de la Sierra, mi comadre es Socorro Mugarte, Doña Chuza; la mayor de sus hijas Eva es mi ahijada. Otras ahijadas que tengo son las gemelas García, Carmita y Genny. Tenía yo diecisiete años cuando fui su madrina de Primera Comunión. El padre Petrucci les dio por primera vez el Sacramento de la Eucaristía.

Cuando yo vivía en la Sierra me gustaba mucho la convivencia. Todos nos conocíamos. Recuerdo mucho a Cristina Tec, Fely Canto, Raquel Cabrera, Chely Bates, Delta Villafaña, Elsy García, y aquella chica que le decían Rusia, de apellido Aguilar. Era una convivencia como hermanos, muy bonita, como familia. Esas navidades, esas aventuras de ir en el camión urbano de la Sierra a la Colonia, ir al cine. Cuando le fallaba el camión a mi padrino Ramón Vidal y nos regresábamos caminando a la Sierra a oscuras, nos daba miedo por las culebras, pero nunca nos pasó nada.

Me encantaba ir al parque de la Sierra, aunque nada más por las vacaciones iba a la Colonia. Hasta que se jubiló mi papá me quedé a vivir, pero luego, cuando me casé, ya me fui a vivir a Palizada. Me embaracé muy pronto y no regresé a Colonia hasta que nació mi hijo, como a los dos años. Como estaba muy mala la carretera, que era de terracería, me dijo el doctor que no podía ir así por mi estado. Tenemos cuatro hijos, Marcelino, Gualberto Janitzio, César Fabricio y Silvia Naybi.

Mi papá estuvo de comisario en la Colonia cuando se dio de baja de la SEDENA Pancho López –Felipe Leal– que era el policía. A mi papá le encantaba el béisbol y procuraba ir a los juegos cuando los Leones jugaban en Mérida.”

Aprovecho una pausa para comentarle que varias veces lo saludé en el parque Kukulcán, cuando íbamos con el Canal 13 a transmitir por Tv. Los juegos de los Leones de Yucatán. “Síííííí… Siempre cargaba con su famoso radio de baterías,” comenta entre tímidas risas.

Continuará…

L.C.C. Ariel López Tejero

Vicentelote63@gmail.com

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