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El poeta Adalberto A. Esteva

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Adalberto Esteva

Gabriel Ferrer Mendiolea

La familia Esteva, de Xalapa, Veracruz, ha dado nada menos, entre los más conocidos, que siete poetas y escritores, en sólo dos de sus ramas: José Ignacio Esteva, su hijo José Ignacio Esteva y González y su nieto Gonzalo; en otras ramas figuran José María, su hijo Roberto y Guillermo.

A esta familia pertenece también Adalberto A. Esteva, nacido en la propia Xalapa de las Flores el 17 de agosto de 1863, a quien titulan exquisito poeta y escritor.

Cursó sus estudios primarios y preparatorios en su ciudad capital, y los profesionales en la ciudad de México, habiéndose distinguido como estudiante talentoso hasta graduarse de abogado.

Independientemente del ejercicio de su profesión como litigante, compiló catorce volúmenes de la serie denominada Legislación mexicana o colección completa de las disposiciones legislativas expedidas desde la independencia de la República, que comenzó a ser publicada en la metrópoli desde el año de 1876, dirigida por los licenciados Manuel Dublán y José María Lozano.

Mas también a pesar de la atención debida a las necesidades de su profesión se dedicó a las letras y la poesía, y publicó en 1891 su libro titulado El libro del amor el cual clasifica González Peña dentro de la escuela romántica, como es fácil ver por el comienzo del poema “Por mi dama”:

                              El árbol de mi amor entra en la tierra;

                              la savia que lo nutre está en el suelo;

                              mas el sueño, ese pájaro que encierra,

                              suele volar a la región del cielo.

Del libro opinó Gutiérrez Nájera: “Posee Adalberto Esteva como estilista grandes cualidades pictóricas. Se ve correr el Jamapa cuando habla de él; siéntese el frescor de sus aguas cerúleas; y ya que traje a cuento esta recordación de una poesía, no inclusa en el volumen que presento, a guisa de obediente upier, la aprovecharé en prueba de lo que dejo escrito arriba en relación con el temperamento delicado, voluptuoso del autor.

“Esteva prefiere, ama –como dicen los galiparlistas–, el lago quieto, el golfo sereno, el agua sumisa que, al atardecer hiende fácilmente la barquilla. Canciones de gondolero veneciano son las suyas, que sólo se alzan cuando los astros resplandecen, la hora de las citas amorosas y acompañadas por el blanco son de las violas. Cuando la siesta enardece los sentidos, al par que agobia voluntades, cuando zumban las abejas, despiértase la musa horaciana de ese joven poeta, y tendido en la hamaca, saboreando el jugo del coco o el zumo de la naranja, abre sus labios rojos, húmedos, y descubierto el cuello apiñonado, canta”.

Otro poema que se hizo afamado fue el nominado “A Napoleón”. Esteva fue diputado al Congreso de la Unión algunas veces; y secretario de la Comisión Nacional del Centenario de Juárez. En 1919 formó una Antología nacional, libro de lectura, dedicando una parte a narraciones de diversos autores sobre historia patria; otra a artículos descriptivos del país; y una tercera a poesía nacional, dando composiciones y breves noticias biográficas de treinta y un poetas muertos y treinta y siete vivos, en aquel año.

El licenciado Adalberto A. Esteva falleció el 30 de julio de 1914, en Barcelona, España.

 

Diario del Sureste. Mérida, 20 de agosto de 1963, p. 3.

[Compilación y transcripción de José Juan Cervera Fernández]

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