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La nostalgia de los buenos tiempos

“Yo trabajé en los tornos de triplay con Arturo Cetina. Era el operador de la máquina y yo era su ayudante; él vivía frente a los Vitorin, un flaco él que le decían don Tripas. Con el paso del tiempo, me enseñaron a manejar los tornos, el uno y el tres. Cuando lo aprendí, ya operaba la máquina de chapa de triplay. En ese entonces, ya vivía en la Colonia, cerca de casa de Pancho puchero, que era mi concuño ya que se casó con mi cuñada Melba Marín. Mi otra cuñada es Elsy, que fue esposa de Leocadio Ceballos, el hermano de Gaspar, que en Colonia le dicen Argolla.”
“A mí me gustaba el box. Peleé con aquél que le decían Chiquini, no recuerdo su nombre, fue soldado. Me enfrenté con varios. La primera pelea que tuve, mi debut, fue con uno de Campeche, con el campeón de allá, el Baby Flota. Recuerdo que el papá de los changos, don Rafael Serrato, era el réferi. Se boxeaba cuatro rounds. Yo casi todas mis peleas las gané por decisión, aunque también a varios les gané por KOT. Cuando peleé la primera vez con el campeón de Campeche fueron seis rounds, lo mantuve con puro jab, ningún golpe bueno me dio; por decisión unánime le gané. Yo manejaba muy bien el jab, le abrí la ceja y me ‘bañó’ con su sangre. Era la pelea estelar. Aquél promotor don Pedro Cáceres me llevaba a pelear a Tizimín, como siete peleas gané por KOT allá. En la Colonia peleábamos a beneficio de la construcción de la iglesia, no nos pagaban, era colaboración. Mi hermano Hardy, el Salado (Augusto Segura) y uno que le decían kid Míster también boxeaban.”
“Otro deporte que me gustaba después del box era trotar. Fíjate que cada año corrimos la antorcha en honor a la virgen de Guadalupe en el mes de diciembre. Corríamos de Valladolid hasta la Colonia. Recuerdo que una vez mi hermanito Luis (+) había sufrido un accidente, se le cayó parte de una albarrada encima y se le rompió un pie, se le astilló el hueso. El doctor Daniel Ríos lo operó en la Colonia. ¿Sabes cómo lo curó, sabes qué le puso? Un pedazo de hueso de ganado, y así quedó bien. Ese doctor era una eminencia. Pues así corría mi hermanito Luis con nosotros en la antorcha; Román Martín, Gabriel Barbosa –el tío sac- y Fabián Tec son los que me acuerdo que varias veces corrimos en la antorcha. Te digo que yo hacía mucho deporte. Mi servicio militar lo hice a los diecisiete años. El sargento Juanito Hernández, suegro de Adolfo Rodríguez que vivía al lado de los bungaloos (Cuartos) de solteros, nos daba instrucción militar. Marché con el Pelón Villafaña, pero fíjate cómo pasó: lo acompañe a que se inscriba en Tizimín, y ahí me dice el sargento: ‘¿Y tú qué?’ ‘¿Yo?’ le digo a su vez y volteo a ver a Pelón que me dice: ‘¡De una vez!’. A pesar de que no tenía aún los dieciocho años, no lo pensé, me inscribí ahí mismo, así que marché cuatro años. Después me dieron un grupo de muchachos para que los instruya. Esos dos años extras me sirvieron de capacitación.
“Cuando trabajaba en la fábrica, Argolla, su hermano Gaspar y yo pintamos las chimeneas antes que lo bote aquel ciclón al cenote. Creo fue ‘Beulah’, no recuerdo. Gaspar se subió hasta lo alto de la chimenea, que estaba muy alta, pero se mareó, le dio vértigo y le dijimos que se baje, y nosotros lo pintamos con unas ‘brochotas’ y pintura de aceite. Estábamos muy jóvenes.
“Cuando empecé a enamorar a Coki, en ese entonces yo vivía en La Sierra y me iba a la Colonia a visitarla a veces en el urbano de don Ramón Vidal, y en otras ocasiones iba caminando o corriendo. Cuando llegaba a la casa de mi trabajo, comía rápido para que yo pueda ir a verla. Al principio, me dolía la panza porque me iba corriendo y estaba lleno, hasta que lo vencí. Después solo terminaba de comer y me iba, no esperaba el urbano. Yo tenía mi cuarto de soltero: como ya tenía trabajo en la fábrica, ya tenía derecho de tener mi cuarto.”
Continuará…
L.C.C. ARIEL LÓPEZ TEJERO





























