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Décimo noveno aniversario

Hace unas semanas finalizó el décimo noveno taller Bajo la luz de su Alma, auspiciado por la asociación Construyendo Sonrisas, y conducido por el pintor yucateco Roy Sobrino. Se trata de clases de pintura dirigidas a niñas y niños con capacidades especiales, a quienes el pintor llama con cariño “seres especiales con capacidades diferentes”.
De boca del artista y docente, ‘han sido diecinueve años luminosos’ en los que Sobrino, como docente, se ha sentido como uno más de sus alumnos. En su infancia, relata, conoció la experiencia de haber sido disléxico, lo cual lo llevó a desarrollar capacidades especiales en su momento.
Las clases de pintura tienen lugar en un entorno abierto, predominando la luz y la naturaleza sobre unas grandes mesas que el profesor visita para comentar las obras. Niñas y niños tienen a su disposición todo lo que necesitan: desde pinceles hasta coloridos botes de pintura acrílica, material que permite una gran libertad de expresión debido a su secado rápido.
Entre las obras realizadas por los alumnos, hay algunas figurativas y otras abstractas. Así, podemos admirar desde un corazón lleno de emotividad hasta paisajes en los que imperan los colores fríos como los azules, los violetas y los morados, y en los que se asoma una palmera acariciada por el viento.
Entre las obras abstractas hay algunas que, a pesar de su libertad, se apegan a la geometría y a las formas ortogonales, mientras que otras son mucho más libres: en ellas, jóvenes pintoras y pintores expresan directamente su emotividad, sin que los frene ningún tipo de limitación formal.

Se trata de un taller libre en el que, bajo la guía del pintor, los alumnos pueden seguir su propio impulso, lo cual permite que en cada una de las obras se manifieste un estilo propio. Como afirma Sobrino, cada cuadro tiene un sello muy personal. En ellos podemos comprobar que aquello que en la historia del arte se conoce como “estilo” proviene de la expresión de la personalidad más profunda del artista, cualquiera que sea su nivel.
Además, en estas obras impera la libertad y la alegría, es fácil ver que los niños están absortos en la realización de su obra. Hay también muchas sonrisas que, sin duda, provienen directamente de que se puedan aquí entregar sin restricciones a la actividad creativa.
Nos comenta el pintor que la coordinadora del programa, Lizbeth Bracamonte, ha podido observar una gran mejoría en tanto en las capacidades motrices como en la capacidad de concentración de los alumnos, lo cual nos da una buena idea del poder que puede tener el arte en quien lo practica, aun cuando no sea de manera profesional.
Se prevé una magna retrospectiva para los veinte años de Bajo la luz de su alma en la que se expondrán los trabajos de los alumnos de este proyecto. Para la ocasión, que Sobrino define como un gran festival, se contempla igualmente la producción de un video y la publicación de un libro, además de otras sorpresas, comenta el pintor.

En esta exposición los niños podrán no sólo exponer sus obras, sino también venderlas al público, como ha sucedido en ocasiones anteriores. Esto es un aspecto importante del taller, pues, de esta manera, comenta Roy Sobrino, los alumnos se integran de forma plena al panorama de la plástica yucateca.
Se trata, pues, de un proyecto al que Roy Sobrino y la asociación Construyendo Sonrisas han dedicado ya muchos años en beneficio de los niños con capacidades especiales, lo cual nos demuestra que el arte por sí mismo siempre puede ser benéfico para uno u otro sector de la sociedad, independientemente de su carácter abstracto o figurativo. En efecto, la actividad creativa por sí misma tiene un poder certero de transformación, tanto en el plano individual como en el colectivo.
ESTEBAN GARCÍA BROSSEAU





























