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X
TROVAS
I
SEÑORA, el caso es vulgar;
iba yo por la calleja
silenciosa, retorcida
y alfombrada por la yerba,
siguiendo el angosto surco
del zig-zag de una vereda.
Las casuchas eran grises,
las bardas de tosca piedra;
muy florecidas las ramas
sobre la calle, someras;
muy cargada de perfumes
la brisa gárrula y fresca;
muy trinadoras las aves,
muy tupida la arboleda.
Iba yo soñando idilios,
imaginando quimeras,
y troquelando en estrofas
un loco tropel de ideas.
Iba al caso, y él,
gran inventor de estupendas
maravillas; el acaso,
gran forjador de sorpresas,
hizo que tú te asomaras
deslumbradora a tus puertas
a ser flor de mis idilios,
a ser luz de mis quimeras,
luz y flor de mis estrofas,
flor y luz de mis ideas.
Señora, el caso es vulgar:
iba yo por la calleja…
II
Señora: desque te ví,
yo no sé cómo se acierta
a vivir en paz, teniendo
el alma en continua guerra.
Señora, no te busqué,
tú te asomaste a tu puerta…
yo caminaba al azar
con mi fardo de quimeras…
¿Por qué porfiaron los ojos
en mirarse tan de cerca,
dialogando cosas dulces,
diciéndose cosas bellas?
¿Por qué sonrieron los labios
de tu boca de frambuesa,
denunciando ser estuche
de las más pulidas perlas?
¿Por qué cuando yo torné
para desandar la senda,
desmayaste la mirada
sobre tu faz descompuesta,
sin ocultar a mis ojos
la visión de tu belleza,
como si amor te tuviese
con firme lazo sujeta?
¿Y por qué, lejos de ti,
me siguió tu vista terca,
con temor de que me fuese
con temor de que volviera?
Señora: no te busqué;
tú te asomaste a tu puerta…
III
Señora: he vuelto una vez
y otras cien a la calleja
que hoy está más solitaria,
más silenciosa y desierta.
Aquella menuda alfombra
ya es enmarañada selva
donde alimañas medrosas
descuidadamente medran.
Ya es un hilo imperceptible
el zig-zag de la vereda,
que pues nadie la transita
cada vez es más estrecha.
(Sólo encontrarás allí,
si tornases tú, mi huella).
Siguen las bardas mostrando
su tosca urdimbre de piedra,
en cuyos huecos la iguana
busca el sol que la calienta.
Aquellas ramas floridas
sobre la calle, someras,
ya no tienen una flor
y están sin hojas y secas.
La brisa se fue espantada,
que busca frondas espesas
para rimar con las hojas
los frú-frús de ricas sedas.
Y aquellas aves alegres
que garrulaban su orquesta
por celebrar tu hermosura,
tal vez donde estás gorjean.
Sin duda ha de ser así,
mi corazón me lo muestra,
pues desde que en él te llevo
sólo habla cantando endechas.
Voy a donde el canto rompa
en la ciudad o en la selva;
el canto será el señuelo
que me lleva a tu belleza.
Ya haré que las aves callen
si mi lira te celebra,
pues trovando tu hermosura
he de cantar mejor que ellas…
IV
Señora: cuando volví
a la lóbrega calleja
que me dio de dicha un punto,
y una eternidad de pena,
ya desparecido habían
los rastros de la vereda
bajo la red espinosa
de las erizadas breñas.
Regresé sin esperanza
de poder hallar tus huellas
y sintiéndolas muy hondas
dentro de mi ánima enferma.
El amor desesperado
compuso esta cantinela
que infortunios del amor
y sus mudanzas refleja:
–Tuve una luz a mis ojos,
tuve a la mano una estrella;
en el cielo la buscaba,
por azar la hallé en la tierra.
No fue una ilusión: la vi
muy cerca de mí, muy cerca;
pero he tornado a buscarla
y no he vuelto a dar con ella.
Por todas partes la busco
mas en ninguna se muestra.
No fue un sueño, porque está
aquí dentro el alma impresa.
La ilusión es sombra vana
y ella se fue una gloria cierta.
Si te moriste, señora,
dímelo para que muera,
que este amor que a mí me mata
no es un amor de la tierra…
V
Dicen, señora, que estuve
de mal de amores enfermo,
y que el rigor de mi mal
dislocó mi pensamiento,
que así se puso a decir
mientras de mis deseos
y a publicar sin reparo
lo que ha callado discreto.
Que hablé de tu linda faz
de la primavera reino;
de los coruscantes dardos
de tus miradas de fuego;
de la tez de tus mejillas
que los pétalos tiñeron;
de las madejas sedosas
de tu aromoso cabello;
de las rosas de tus labios
obedientes a mis besos;
y de la noche de amor,
recamada de luceros
en que bajamos al mundo
todas las cosas del cielo.
Y dicen que en los transportes
de mis delirios quiméricos
sonrisas hubo mi faz
que anunciaban mi contento
contrastando los dolores
que laceraban mi cuerpo.
Señora: quisiera estar
otra vez muy más enfermo,
que estando en mi ánima tú
no quiero estar en mi acuerdo.
VI
Que cómo te llamas tú
inquieren todos, Señora:
por lo que tienes de flor
quiero que te llamen Rosa;
por lo que tienes de luz
que todos digan Aurora;
por lo que de perla tienes
que te llamen todos Concha;
por lo que tienes de Cielo
que todos te nombren Gloria;
y porque te amo y me amas
que digan que eres “Mi Novia”.
Que digan que eres mi musa
Porque estás en mis estrofas;
que digan que eres mi pena
porque estás en mis congojas;
que digan que eres mi dicha
porque mi alma se alboroza
si en sus negruras destacas
tu imagen deslumbradora.
Que vida mía te llamen
Porque eres mi vida toda…
………………………………….
Mas que te nombre Quimera
si han de llamarte “Mi Novia”.
José Inés Novelo
Continuará la próxima semana…





























