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No pensé deprimirme, pero la situación…. los acontecimientos, el tiempo alterno, los autocastigos fueron suficiente, ¿no?
Lo lamento. Tienes razón: el derecho de derramar lágrimas debería restringirse, pagar impuestos por ejercerlo; limitarse al dolor físico, a las escasas enormes alegrías, y quizás a ciertos rasguños en el alma.
Sí, estoy todavía con la expresión de sufrimiento, mas te juro que ya entendí los mecanismos del error. Mira:
Paso 1: Cansancio, físico sin duda.
Paso 2: Hartazgo de situaciones.
Paso 3: Mirarte como si te descubriera.
Paso 4: Comprobar que tus manos me recuerdan otras.
Paso 5: Fingir que nada tuyo ni suyo me importan.
Paso 6: Cuestionar la vida.
Paso 7: Conseguir placebos.
Paso 8: Provocar el pasado.
Paso 9: Inconformarse con el presente.
Paso 10: Confirmar la impotencia y llorar.
¿Ves? Sí, ya entendí, debería aprender a vivir con el pasado. Sí, también sé que nada es eterno. ¡Sí, te digo que no volverá a suceder! Puedes marchar tranquilo.
No importa el dolor derramado y las pupilas brillantes; no significa nada permanecer con tres o cuatro universos machacando la columna; carece de sentido indagar por el frío que se enterró en las entrañas; pierde validez intentar que otros entiendan…
–Voy como por el paso 6
(Es hora de llamar por teléfono, comprobar lejanías y llorar de nuevo).
Melba Alfaro
Próxima semana: “Así, a lo estúpido”





























