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Un domingo muy especial

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“Teme a la vejez, pues nunca viene sola”

Platón

Es domingo, cerca de las 8 de la mañana.

A lo lejos se les ve venir.

Caminan con pasos lentos, cansados, como si los años que han pasado se hubieran quedado sobre sus hombros.

La mayoría viene solo, como sola es su existencia desde hace algún tiempo; otros se hacen compañía en el camino, y a otros habrá que ir a buscarlos a sus casas para que estén presentes.

Son los abuelitos de San Antonio Xluch que acuden, como cada año, a llenarnos de bendiciones con su sola presencia.

La cita es donde siempre: en el anexo de la capilla de la colonia, a escasos metros del muro del aeropuerto, ese muro que desde hace años parece señalar dónde empieza la pobreza de nuestra querida Mérida; en ese lugar donde la ciudad pierde lo blanca y se pinta del color de la miseria y abandono.

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Son adultos mayores en situación de abandono, jóvenes de la tercera edad que deberían pasar tranquilos sus últimos años de existencia pero que, contrario a eso, deben sobrevivir como sea, ante la indiferencia de la sociedad, e increíblemente, de sus propios familiares.

Nuevamente el Colectivo Metalmorfosis, con ayuda de amigos, intenta hacer una diferencia, siguiendo el ejemplo de doña Elenita (+), la mami de Ricardo, quien comenzó con la labor hace años. Previamente se recolectó despensa, cobertores y ropa que les son obsequiados a los viejitos en este día, en su día.

Es domingo, pasadas las 8 de la mañana.

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Algunas mesas y sillas llegan al anexo. Fueron prestadas por algunos vecinos que diligentemente las facilitan. En la improvisada cocina, las viandas comienzan a preparase para servirse: fruta, café con leche, jugo, pan.

Hay que ir por algunos abuelitos o abuelitas. Junto con Ileana, acudimos al domicilio de una de ellas. Tocamos a la puerta.

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Una figura pequeña y de carita amable nos abre.

—“Hola, venimos a buscarle para llevarle al desayuno” —le decimos después de presentarnos.

—“¡Ay, niño! No tiene caso que vaya. Afigúrate que tengo 4 enfermedades estomacales y no puedo comer cualquier cosa. Ya me prohibieron la leche, el huevo, el pan. Hace unas semanas estuve a pura agua” —fue la respuesta de la abuelita a la invitación.

—“No se preocupe. Le haremos llegar la despensa y cobertores más al rato” —le dijimos, mientras nos observaba con una dulce mirada.

—“¡Muchas gracias! Pero, díganme sus nombres, para que al rato yo los mencione en el rosario, porque yo ya no sirvo para nada, solo para rezar el rosario” —la escuchamos decir mientras nos alejamos.

Mientras nos retiramos, llevándonos la promesa de hacerle llegar la despensa, pienso que en unos años yo tampoco serviré para mucho, y el problema es que no sé rezar el rosario.

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Mientras tanto, en el anexo el desayuno se ha servido.

Previamente hubo un momento de reflexión y oración.

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—“Para ellos es muy importante contar con la presencia del Altísimo y rezar” —nos comentó Socorro, una de las hijas de doña Elenita, coordinadora de las acciones.

El jugo, café con leche y la fruta hacen su aparición.

Hoy, quienes tanto han hecho por otros son servidos en la mesa, con el respeto que siempre se les ha debido mostrar.

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Después de recibir abrazos por parte de Santa Claus, encarnado por David Ávila, les fueron repartidos sus regalitos (la despensa, ropa y cobertores) de manos de niños, hijos y nietos que participan apoyando, intentando con esto crear un círculo virtuoso y que las nuevas generaciones se sensibilicen al problema. En el fondo de la habitación, mentalmente agradecemos a todos quienes se sumaron para lograr esta estampa.

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Es domingo, tres horas después de las 8 de la mañana.

El evento concluye.

Los vemos partir.

Caminan con pasos lentos, cansados, como si los años que han pasado se hubieran quedado sobre sus hombros.

La mayoría se va solo, como sola es su existencia desde hace algún tiempo; otros se hacen compañía mutuamente en el camino de regreso, y a unos más habrá que regresarlos a sus casas.

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Son los abuelitos de San Antonio Xluch, que acudieron como cada año a llenarnos de bendiciones con su sola presencia.

Ahora nos alejamos del muro, como si con eso nos alejáramos de la pobreza y el abandono.

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Nada más errado.

Ahora nos dirigimos San Antonio Xluch 3.

Las almas buenas, encarnadas en niños y niñas, también nos esperan.

Personas que hacen una diferencia, año tras año. ¡Gracias!
Personas que hacen una diferencia, año tras año. ¡Gracias!

Carlos M. Vivas Robertos

Fotos: Juan Albornoz

 

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