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Diego Bencomo
Despierta el ave cuando el alba asoma,
modula amante su canción primera
y al ver teñirse de carmín la esfera
la ruta al punto de los prados toma.
Junto a la erguida, pintoresca loma,
mira una rosa que nació hechicera,
y en su contorno, al revolar ligera,
su amor le expresa en delicioso idioma.
En vano hacerle comprender procura
su afecto tierno, su letal quebranto:
pues siempre esquiva, con fatal tristeza,
mira a la imagen de su dulce encanto.
Tú eres la rosa virginal y pura,
yo… el ave triste que mi amor te canto.
La Revista de Mérida. Periódico de Literatura y Variedades. Mérida, tomo I, 1869, p. 194.
[Compilación y transcripción de José Juan Cervera Fernández]




























