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Tango en Noche de Luna Llena

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Tango en Noche de Luna Llena

El 14 de febrero, como todos los años, el día de la amistad y el amor, la actriz y bailarina Gaviota López Abraham, en su Café-Teatro “El Sonido del Eco”, presenta al joven pianista Jorge Eumir Castro e invitados en concierto. En esta ocasión fue para regalarnos el género musical sudamericano “Tango” y hacer caminar por “Corrientes” en Boca y “Volver” con Gardel a la milonga del Cono Sur.

La adaptación local de este género musical, con la danza característica de la región del Río de la Plata y sus zonas de influencia – Buenos Aires en La Argentina, y Montevideo en Uruguay – es familiar en todo el mundo, así como de los más populares.

Mi opinión sobre este género, con la que otros investigadores musicales coinciden, es que dejaron su impronta en el Tango, la Habanera Cubana, el Candombe, el Tango Andaluz, la Milonga, la Mazurca y la Polka Europea.

La noche tanguista coincide con la luna llena de febrero en su local de la “Casa del Árbol”. en Jardines de Mérida. Con la coreografía de Gaviota y el piano de Eumir produjeron una noche agradable, llena de recuerdos y sentimientos. Cabe destacar la presencia de dos parejas ejecutantes de los bailes: Isabel Ku y Alejandro Martín, y Rosalinda Alcaraz y Romeo Carmona –este un gran deportista de la tercera edad, en otra faceta de su vida–, así como el solo de Gaviota, que danzó con un maniquí como solía hacerlo Fred Astaire, en un filme inolvidable.

Ulises Sobrino dio la nota cantada, acompañado de los bailarines antes mencionados, interpretando Caminito, Uno, Melodía de Arrabal, Mano a Mano, Volver, A Media Luz, Canaro en París, La Cumparsita y El Choclo. Cabe destacar que, antes del solo de Gaviota, declamó con propiedad el poema festivo “La Corbata”, aunque el audio compitió con la voz, pero fue muy aplaudido.

Como acotación al calce, se cantó “Sombras”, que todos aplaudieron, cuando esta canción de nuestra coterránea Rosario Sansores es un pasillo ecuatoriano, considerado el segundo himno de Ecuador. Que quede asentado que se cantó con acento gaucho, aunque no era música para esa noche.

El trabajo de los bailarines estuvo muy bien realizado con indumentaria ad hoc, proporcionándonos la danza sensual con pareja abrazada que propone una profunda relación emocional entre ellos, atrayendo a nuestra mente las palabras del poeta Enrique Santos Discépolo que definió el Tango como: “Un pensamiento triste que se baila”.

La escenografía nos daba la sensación del cabaret pobre de arrabal, con piano de cola, bandoneón de gran tamaño al centro, iluminación acorde con rojos y oscuro. Hay que destacar al pianista Eumir Castro como acompañante que rescata la tradición familiar musical de su padre Jorge Carlos Castro, fundador de “El Sonido del Eco”.

Dos funciones el mismo día, a las 7.00 y 8.30 p.m., con teatro en pleno, redondearon un triunfo artístico del teatro independiente de nuestra ciudad. Como nota adicional, recordaré que el 30 de septiembre del 2009, a petición de las ciudades de Buenos Aires y Montevideo, la UNESCO declaró al Tango: “PATRIMONIO CULTURAL INMATERIAL DE LA HUMANIDAD”.

Alfonso Hiram García Acosta

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