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Colonia Yucatán

“El Güero” Jaime Durán, oriundo de la Villa de Umán, recuerda con nostalgia, emoción y con inusitada alegría su etapa en la Colonia Yucatán.
“¡Bendito sea Dios que nuestros mejores años los pasamos en un lugar maravilloso en donde no había distinción! Un lugar en el que a los maestros les gustaba que cada fin de semana se acercara el papá a preguntar cómo iba su hijo. Todo el tiempo los padres de familia se preocupaban y ocupaban de sus hijos. Para nosotros, la Colonia Yucatán era un paraíso, vivíamos en familia. Otra cosa que me gustó mucho desde el principio, desde que llegué, es que no había bebidas alcohólicas; al que sorprendían con copas en la calle lo llevaban a la compañía y le preguntaban dónde lo compró. Al que vendía, a escondidas, no le decían nada, sólo pegaba el camión en la puerta de su casa y le decían: ‘Prepara tus cosas porque te vas.’ A nadie le permitían vender aguardiente, la empresa controlaba todo. De acuerdo a tu número de tarjeta te daban una botella, todo era muy estricto, había control sobre eso.”
Anastasia “Tachi” Alcocer Cetina, esposa de “El Güero” desde 1962, destaca sobre todo que en esa época vivían tranquilos: Tú te ibas de vacaciones y amarrabas tu puerta, llegabas y nadie te robaba ni un alfiler, tu casa está a-ma-rra-di-ta. Nosotros fuimos a vivir allá cuando se llamaba la Selva, ¿te acuerdas, viejo? Yo tenía tres años de edad, fui con mis papás Casimiro Alcocer y Berta Cetina, somos oriundos de Tinum. Primero fue mi tío Eligio, luego mi tío Arturo, después nos mandaron buscar porque había trabajo.”
Jaime “El Güero” Durán era apenas un niño de diez años llegó a vivir a la Colonia y añade: “Cuando llegamos, la Colonia era selva: había unos jacalitos, casas de varillas y guano forrados de kancab (en maya, es la tierra que se utiliza para hacer las paredes de las casas mayas). Era un ripio, no tenían puertas, en la noche había que poner cobertores y pabellones para protegernos de los animales, de las víboras. Nuestras mamás tenían que dormir con nosotros con focos de mano: si alguien quería ir al baño, tenían que revisar primero el piso y los zapatos porque allá se metían los culebras. No había doctores cuando eso. En las noches teníamos que encender fogatas en la puerta de la calle y en la puerta del patio. Estoy hablando de cuando yo llegué, hacíamos fogatas para que no se acercaran los monos y los tigrillos que andaban cerca.”

Tachi recuerda que después se empezó a hacer las casas de madera, tipo americano, con jardines, cercas, todo limpio. “Había concursos de la casa más limpia, pasaban una vez a la semana y les daban premios para estimular a las familias a cuidar sus casas; hasta en el baño de las casas entraban a checar, desde el jardín hasta los cuartos. Míster Drury y su esposa Carmen mandaron traer médicos, él puso el hospital para los trabajadores donde estuvo el Dr. Muñoz. Salvaron a mucha gente porque allá abundaban las víboras, la gente tenía que brincar las rieles de los trucks porque ya sabían que allá se guardaban las víboras, alzabas una piedra y había una víbora. Ese hospital salvó mucha gente. Recuerdo que estaban los doctores Octavio Ríos, Eduardo Duarte, Zapata, varios.”
Jaime Durán, paisano de don Panchito González, recuerda que en ese entonces hacías como seis horas de viaje desde Tizimín.
Hasta miedo daba. Viajábamos en camión de redilas a vuelta de rueda, sólo veías pasar las víboras, los tigrillos. Íbamos en la parte de atrás, en la cabina sólo iba el chofer y su ayudante.
Las casas de madera eran de 4 aguas, 15 ciclones vimos y ni una casa se cayó, se cayeron las chimeneas con el ciclón Beulah, la compañía nos llevaba a las bodegas de la fábrica hasta que pasaba el ciclón y nunca vimos que se caiga una casa. Mi hermano Tuti –José Inés– era el mayordomo de la casa principal. Era máááásss miiiiedoso. Le pagaba a alguien para que lo acompañe a su casa de noche. ¿Recuerdas que antes a las diez de la noche apagaban la luz?
“Lo que le daba miedo” –aclara Tachi– “era cruzar por el hospital, porque habían muerto algunas personas ahí y una vez lo asustaron Wylma Medina y Margarita Marín quienes iban a un Halloween disfrazadas de momias. En ese entonces en la Colonia se decía que para esas fechas los fantasmas venían a saludar a sus parientes a las 12 de la noche. Ven que viene Tuti y lo empiezan a perseguir con gritos suaves y moviendo los brazos; pegó la carrera mi hermano. Asustado, llegó a mi casa. Tachi le contó a Lyssan Schneider, una joven estudiante de la universidad de Berna, en Suiza, que fue a la Colonia Yucatán para hacer su tesis doctoral “Cambio del uso del suelo y gestión de recursos. Impacto sobre la migración y el clima en el noreste de Tizimín Yucatán” y quien me acompañó a Umán ya que quería conversar con un matrimonio que haya vivido allá para recabar datos para su tesis.
Continuará…
L.C.C. VICENTE ARIEL LÓPEZ TEJERO






























Todo lo bello que se vivía en esos tiempos sin duda se llama ‘Respeto y educación» Cosa que los jóvenes han ido perdiendo día a día junto con sus valores Morales y espirituales. La gente adulta siempre ha sido más educada porque había calidad en la educación por parte de los maestros y claro, tambien por la que se recibía en casa. Se trabajaba en conjunto y esos eran los resultados. Incluso las autoridades colaboraban y no había corrupción,todo era limpio, sin trampas, sin robos ni corrupción y eso era lo que aprendían los niños. Ahora hay una enorme falta de educación y valores desde los programas de TV, letras de canciones, shows infantiles, películas, educación en casa, en las escuelas que le han tratado educación al maestro. Cómo no va a estar de cabeza el mundo? Que le estamos enseñando y heredando a las nuevas generaciones?