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Perspectiva

Políticamente (In)correctos
“La pucha con la moral, que es cuestión de geografía”
A Veces Yo Me Pregunto, Facundo Cabral
Hemos visto en las primeras dos semanas de febrero de este año de 2017 tres ejemplos de cómo ser políticamente incorrecto, siendo los protagonistas la directora del ITM en una ocasión, y el rector de la UADY dos veces, cayendo ambos en boca de mucha, demasiada diría yo, gente que les ha demostrado que su liderazgo tan solo lo obtienen del puesto que ocupan, porque autoridad moral simplemente no tienen.
Primeramente, en un video de muy mala calidad del rector de la UADY, y unos días después de la directora del ITM, escuchamos un muy artificial y poco sentido exhorto a contribuir a la seguridad en nuestra ciudad y nuestro estado usando transportes registrados, en velada alusión a apoyar a todos los transportistas menos a UBER, quien sostiene una batalla contra el gobierno del estado, confrontación que ya se salió de control y que ha mostrado que nuestro gobernador es capaz de hacer aparecer como bueno lo que a todas luces es malo, y que confrontar es algo que no tiene problema en hacer, aunque en ello surja la violencia y la prepotencia.
Al ver ambos videos, no pude menos que pensar que bastante tienen que hacer los ilustres personajes mencionados anteriormente por arreglar en sus diferentes “reinados”, como para preparar arengas que caen en terreno seco, puesto que ninguno de ellos se ha ganado el respeto ni de los alumnos bajo su responsabilidad, ni la de sus compañeros educadores. Ambos son tremendos petardos que tienen deudas contraídas con grupúsculos, y que ahora fueron convertidos en arietes por la torcida maquinaria del poder que “gobierna” desde el palacio de la 61.
Más les hubiera valido a los dos hablar de los pros y contras de lo que les pidieron hacer, o considerar en sus monólogos a aquellos ciudadanos y estudiantes que usan los servicios que ellos fustigaron veladamente, que descalificar unilateralmente a un servicio que a todas luces es aceptado por la mayoría de los yucatecos, y su alumnado.
En estos tiempos que vivimos, todos nosotros tenemos una opinión que pudiera muy bien no coincidir con la de muchos, que es absolutamente nuestra y que, por lo tanto, nos la libertad de emitirla sin cortapisas ni reparo; no es el caso cuando se trata de funcionarios públicos, quienes están obligados a ser políticamente correctos para evitar herir las susceptibilidades de grupos de ciudadanos que acaso no coincidieran con sus posturas absolutas. Este fue el pecado de ambos, además del burdo rol que jugaron como personeros de Rolo y sus huestes en su cruzada contra UBER.
Pero no acaban en eso las desventuras del rector Williams: apenas este fin de semana la Filey, que queda bajo su patrocinio, pretendiendo utilizar la popularidad de una reciente novela de carácter masoquista – escrita por una mujer – que tuvo eco favorable en un alto porcentaje de la población femenina, emitió un póster que ha agraviado por igual a feministas como a artistas, tanto hombres como mujeres, quienes aluden que tal póster atenta contra la dignidad de la mujer.
Me queda claro que el rector Williams no es el Marqués de Sade, y tampoco es Henry Miller, y jamás podría ser Anäis Nïn – autores controvertidos en su época, que tocaron temas poco feministas en sus obras –, como para que el gremio artístico le aplaudiera la acción, por lo que el póster que alguien de su staff inicialmente creó con fines lúdicos – y que evidentemente él no revisó desde las ópticas de lo políticamente correcto – ha causado tal revuelo, que amenaza en convertirse en una nueva tempestad que deberá capotear con mucho tacto, un sentido que deberá desarrollar con mucha velocidad si es que desea acabar bien su término.
Aquí vale la pena hacer énfasis en que todos los funcionarios públicos necesariamente deben cuidar sus opiniones, y que el rector y su staff cometieron un faux pas en estos días de inclusión y de feminismo.
Sin embargo, también me queda claro que nadie hizo pronunciamiento alguno por los libros y el tratamiento que dio la autora de la obra a las mujeres en sus letras – trato en el que, por cierto, se basó ese cartel de la Filey –, protestando sus ventas en nuestras librerías; tampoco observé manifestaciones de protesta por la exhibición de ambas películas (aunque parece que serán tres, como las entregas del libro de marras) en nuestros cines, en las que se exhibe ese mismo trato que ahora se califica de “denigrante”. Antes bien, ha sido un éxito internacional para la autora, siendo las principales compradoras del libro las mujeres.
Desde esta perspectiva, hay una línea muy fina entre la protesta que es congruente con la conducta, y la protesta tan solo porque algo (o alguien) no nos agrada. Hay que ser claros.
Pero, claro, esta es tan solo mi opinión, total y completamente mía, sin acotaciones ni necesidad de ser políticamente correcto…
Gerardo Saviola





























