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Luces de México

Antonio Magaña Esquivel
(Especial para el Diario del Sureste)
Viene –en la puerta está– el Segundo Congreso Mexicano de Historia. Su inauguración coincidirá con la celebración de las Bodas de Plata de la Revolución y en él tomarán parte diversas personalidades de nuestra república de las letras. Esto todo mundo lo sabe y es inútil insistir en ello. Pero lo que el mundo no sabe y es necesario decir es que los hombres de izquierda, con una interpretación de la Historia desde el punto de vista del materialismo histórico, harán también acto de presencia, listos el espíritu y el intelecto para repudiar, de una vez por todas, esa Historia anecdótica, simple narración de hechos y sucesos al parecer independientes unos de otros. Así, por ejemplo, Héctor Pérez Martínez.
Desde Juárez el impasible –cuadragésimo volumen en la famosa biblioteca Vidas españolas e hispanoamericanas del siglo XIX que edita Espasa-Calpe S. A. de Madrid– Pérez Martínez proclamó su perfecta identificación con el tema histórico, con un ansia de investigación depuradora. Y ahora, para este congreso, preparaba un ensayo histórico cuyo solo título señala su trascendencia e importancia: “Aspectos económicos y sociales en la conquista y colonización de Yucatán”. Él bien sabe –lo manifiesta una y otra vez en esta charla que hemos anudado en plena redacción de El Nacional, mientras a nuestro alrededor se agita el trajín periodístico– que lo fundamental, que el armazón para edificar la exposición y crítica de todo un proceso vital histórico, es realizar un ensayo de la historia económica para derivar hechos y consecuencias sociales que le acompañan como un cortejo necesario y humano. Yucatán, por ejemplo. “La historia de Yucatán –ha expuesto en uno de sus sólidos “Escaparates” para conocimiento de los transeúntes– es la historia de la explotación del indio maya”.
Y así todo. Toda la historia local de la península. Citemos al azar la Guerra de Castas. Esta época y aun el aspecto de los actuales problemas yucatecos, de honda raigambre popular, solamente pueden explicarse por sus antecedentes económicos. Y nada mejor que conocer y profundizar esta economía ancestral del maya, esta explotación tradicional del indio, para estar capacitados para resolver sus actuales problemas.
Fijémonos en un aspecto importantísimo de la colonización en Yucatán –me dice Pérez Martínez–. Y es éste: la remoción de la población indígena que hicieron con todo rigor y con inicua injusticia los frailes y los conquistadores. Al derredor de una iglesia, levantada en cualquier lugar propicio con el fin de catequizar a los indios, traerlos a la civilización y a la religión católica, se improvisaba un poblado integrado por aborígenes traídos a la fuerza.
Duro e inhumano trato hacia los hombres mayas, dueños de una cultura y una tradición gloriosa; ciega y bestial manera de formarles una nueva alma, una nueva mentalidad a fuerza de azotes, de remociones caprichosas, de secuestro de los hijos a quienes se educaba en el exótico, para ellos, rito católico. Todo este absurdo sistema económico, y esta forma de colonización muy especial basada en la explotación directa del indio en la raquítica agricultura colonial, dado que la tierra era pobre y para hacerla producir era necesario mayor esfuerzo, trae concatenados los diversos sucesos históricos de la vida peninsular.
–El mismo Cogolludo, y también Carrillo y Ancona, a pesar de la ideología que sostenían y de su posición favorable a las clases explotadoras, dejan escapar datos, dispersos, cierto es, pero que el intérprete de la Historia debe tomar como antecedentes, suficientes para ensayar una interpretación económica de la historia de Yucatán.
–¿Y Molina Solís, que bebió en Cogolludo y que hasta ahora ha sido considerado como el más veraz de los historiadores de Yucatán? Su posición ideológica lo obligaba también a callar ciertos hechos trascendentales, cuya omisión no es justificable en un hombre estudioso como él.
–Por eso mismo, me dice Pérez Martínez, considero que Eligio Ancona, a pesar de su historia novelada, es el hombre más imparcial y valiente cuando juzga y critica. Su capítulo dedicado a la Encomienda y a la Guerra de Castas revela sinceridad y valentía en el hecho de haber incluido una serie de documentos verídicos con los cuales el clero pretendió justificar la explotación del indio maya. He allí precisamente los antecedentes económicos de estos hechos históricos que estamos presenciando.
Estamos, pues, en el momento preciso en que debe pretenderse un nuevo ensayo de la Historia, a la luz del materialismo histórico. De esta forma únicamente pueden explicarse y resolverse ciertos aspectos del problema indígena. Y es por esto que Héctor Pérez Martínez, que ha encauzado sus estudios históricos en esta corriente de enjuiciamiento, ha resuelto no asistir a este Segundo Congreso Mexicano de Historia como delegado. Quiere desprenderse de todo compromiso. Quiere ver y criticar desde un punto de absoluta libertad ideológica. Y como el temario de este congreso no está bien orientado en lo que se refiere a las solicitaciones que el espíritu de la Revolución hace a la Historia –con sus propias palabras– prefiere renunciar a toda liga como congresista y asistir con su carácter de escritor y comentarista independiente que hará el comento y la crítica de los conceptos anticuados de los viejos historiadores desde la tribuna libre de El Nacional.
La historia así entendida no es una simple narración de hechos estruendosos, sino un humano descifrar el cuadro de la vida colectiva donde radican los motores hondos de la causalidad histórica. Lo cual requiere un breve comento. Esto, pues, como el bacará, tiene una continuación.
México, D. F., 1935.
Diario del Sureste. Mérida, 15 de noviembre de 1935, p. 3.
[Compilación y transcripción de José Juan Cervera Fernández]




























