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Ocaso

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Diagonaldesombra_1
XV

Ocaso

El día está, como pocas veces,
agrietado y obscuro.
Lamenta parsimoniosamente
el terreno que ha perdido.

No nos asombre constatar, sin embargo,
que su languidez
es puramente efímera:
debimos imaginarlo así
desde que fue concebido
en el fondo de la noche.

¡Cómo no lo hicimos
si todo – las estrellas,
los grillos, el silencio–
lo prefiguraba con sus signos!
¿Por qué no lo hicimos
si los ojos se nos llenaron
de señales precisas?

El hombre es como el ocaso:
reconoce la oscuridad
cuando su espesura lo ha cubierto.

El día está, como pocas veces,
agrietado y obscuro.
Poco a poco me invade,
en su presencia,
una larga tristeza suelta.

No es nada que deba dejarse
escrito en un poema.
Es un susurro del espíritu,
cansado de tanto quedarse prisionero
en las oscuridades de la carne.

Otra vez, quizá,
pudo haber sido un grito.
hoy es tan solo
un lamento,
un suspiro que escapa,
una inesperada distensión del cuerpo.

El día está, como pocas veces,
agrietado y obscuro.
Es indiferente a la flaqueza
de mi espíritu y mi cuerpo.
Quizá recupere su luminosidad
antes del ocaso.
Tal vez, por la tarde,
brille su cálida sonrisa.
No lo sé:
lo presiento…

Pero ya no podrán recuperar
su turgencia mis tejidos;
por hoy están enjutos,
magros, resecos.

La noche ha de venir
a interponer una tregua.
Mañana – ¿por qué no? –
el sol ha de alentar
su luz de otra manera.

JUAN DUCH GARY

[Continuará la próxima semana]

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