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Gonzalo Amaro Ávila
El péndulo respira con el ritmo pautado
de cualquier otra hora de otro día cualquiera.
El minutero avanza como un alucinado,
como el perseverante que nunca desespera.
Al reloj no le importan las cosas que inventamos.
¿Él que sabe de fechas, ni que sabe de anhelos?
¿Qué sabe de las ansias que en el alma llevamos,
ni qué de nuestras penas, tristezas y desvelos?
La carátula insomne ya no miren tus ojos;
ya no te importe el lento girar del minutero,
deja al tiempo indomable correr a sus antojos
y escucha cómo ritma el reloj de la Vida
en nuestros corazones, su tic-tac milagrero:
tic-tac cuando se ama… tic-tac cuando se olvida.
Enero, 1935.
Diario del Sureste. Mérida, 3 de enero de 1936, p. 3.
[Compilación y transcripción de José Juan Cervera Fernández]




























