Inicio Cultura Mitsu e Hiraku (XIX)

Mitsu e Hiraku (XIX)

27
0

Visitas: 32

MITSU_19

‘Muchos Shinobi-no-mono se volvieron introspectivos; algunos potencializaron su yo interior, algunos incluso pactaron con fuerzas incontrolables. Todo era válido con tal de alcanzar el poder que les permitiría trascender a un nuevo plano’ – AYUMI KOIZUMI, Cronista

Hiroshi fue informado de que un comando de asesinos se encontraba en Paraguay, cerca del conjunto de islas cariocas donde se escondía con Chieko. Al clan Matsumoto solamente le restaba un refugio inédito. Dio instrucciones de llevar a Chieko a ese bunker.

Salieron de Brasil navegando por la vía costera de Natal, la capital de Río Grande del Norte. Durante la travesía, Chieko permaneció en meditación en el camarote de aquel yate turístico que no parecía despertar mayor interés a los pobladores, acostumbrados a un movimiento álgido de visitantes.

El musculoso japonés se preguntaba qué era lo que hacía su ex novia en aquellas sesiones, desconocía a qué nivel había sido capaz de llegar. En la tradición Shinobi el yo interior, es decir, el espíritu, es capaz de salir del cuerpo para realizar visitas a otros planos existenciales. Él mismo había logrado adentrarse a sitios inexplicables en los que interactuó con otras almas que viajaban por aquellas carreteras mentales. Dos cosas le impidieron continuar avanzando: la primera fue la designación de cuidar a Chieko, y la segunda, y más contundente, fue haberse enamorado de ella.

Desembarcaron en Vitória, capital del estado de Espíritu Santo; en lugar de volar directamente a Río de Janeiro, lo hicieron tierra adentro a Belo Horizonte, donde dejó a Chieko bajo el cuidado de la mayoría de su equipo: 14 guerreros, seis mujeres y ocho varones. Descansaron esa noche, y en plena madrugada Hiroshi salió con 5 de los suyos rumbo a Río, utilizando un avión mercante.

La razón de esta estrategia obedecía a que sus informantes le indicaban que un comando de asesinos esperaba instrucciones de su líder disfrazados de turistas. Se hospedaban en un lujoso penthouse de la famosa cadena hotelera Ferrara, en plena Piedra de la Tijuca, en laparte superior de un edificio de 8 pisos, y una manzana de extensión, construido sobre aquella formación rocosa.

El informe detallaba que llevaban en Río de Janeiro una semana, viajando desde Paraguay donde estuvieron inicialmente junto con otros asesinos. Algo había ocurrido que los planes originales obligaron a aquella división de fuerzas. Todo parecía indicar que el aburrimiento y falta de noticias había causado mella en el ánimo de aquellos mercenarios, porque desempeñaban sus roles de turistas a niveles demasiado elevados, con juergas y un desfile interminable de excesos.

Aquella magnifica información le había sido proporcionada a uno de los contactos del clan Matsumoto por unos inesperados y poderosos aliados. Hiroshi sabía que existían riesgos de que fuera una trampa del ‘Asesino de Negro’, pero necesitaba aprovechar cualquier ventaja que le permitiera eliminar la mayor cantidad de enemigos potenciales.

Por ello, apenas descendieron en el aeropuerto Santos Dumont, en una sola vagoneta recorrieron los kilómetros que los separaban de aquel lujoso hospedaje. Se escondieron en un edificio en reparación, tras dejar inutilizados a los veladores. Era el sitio ideal, pues estaba ubicado muy cerca de su objetivo. Desde allá fue fácil contabilizar a los enemigos conforme llegaban, en tres diferentes grupos, todos con evidentes copas de más.

El plan era simple: divididos en parejas, llegar al octavo piso para ingresar en las tres habitaciones que conformaban el penthouse. Utilizarían armas tradicionales pues las consideraban no solamente efectivas sino principalmente honorables.

Eran las 5:35 de la mañana cuando los seis shinobi penetraron al hotel escalando por la parte trasera. Sus trajes azul oscuro los hacía invisibles a larga distancia. Eliminaron las cámaras de seguridad y subieron al balcón. En silencio, Hiroshi señaló a cada dúo su objetivo, eligiendo el cuarto del centro para él.

Las 3 puertas salieron volando al mismo tiempo.

En la primera habitación cuatro rivales, aun despiertos, bebían cerveza. Dos no pudieron reaccionar y sus cabezas salieron despedidas en diferentes direcciones. Los otros lograron evitar los tajos mortales, aunque recibieron terribles cortadas de los afiladísimos sables, sucumbiendo casi de inmediato ante el feroz ataque.

En la otra, dos parejas se entregaban a los placeres carnales. No tuvieron ninguna oportunidad.

Hiroshi y Nakano enfrentaron a seis enemigos: Dos cayeron fulminados de inmediato cuando shuriken penetraron por sus ojos, desgarrándoles el cerebro; otro par dormía y fue eliminado de inmediato. Los últimos dos estaban en el baño y salieron desarmados, decididos a ofrecer resistencia.

Por unos instantes, los Shinobi se observaron, como decidiendo a qué enemigo atacaría cada uno. De manera relampagueante, Hiroshi lanzó dos tajos que arrancaron brazos y parte del cráneo de su objetivo. Su alumna hizo lo propio con su adversario: un ataque descendente con la katana le rompió la clavícula y penetró en su pecho hasta cortar su corazón.

No hubo gritos ni alertas. Los únicos sonidos fueron producidos por las cabezas y los cuerpos que cayeron al piso; siendo aquellos lugares diseñados para el descanso y la privacidad, fueron prácticamente inaudibles.

De inmediato, recogieron cualquier cosa que consideraron les pudiera ser de utilidad. Silenciosamente abandonaron el lugar, que quedó completamente entintado de rojo.

De inmediato retornaron al aeropuerto para abordar el mismo avión que los había traído desde Belo Horizonte. Ahí continuarían su persistente huida.

+++++++

Marcia llegó aquella mañana, decidida a renunciar de aquel agotador trabajo. Consideraba que a sus 33 años todavía tenía mucha vida por delante, que merecía disfrutar, sobre todo ahora que finalmente se había divorciado de Orestes, un desgraciado borracho.

Estaba convencida que su cuerpo aún era sumamente tentador y con ello le bastaría para pronto encontrar un amante que la sacara adelante; se decía a sí misma que ella no vino a este mundo a limpiar cuartos de otros.

Mucho había elucubrado en las últimas semanas hasta que reunió el valor para tomar aquella determinación.

Sí, aquel sería su último día como mucama. Realizaría un trabajo impecable en aquella jornada; sería una despedida digna.

Entonces abrió la habitación principal del penthouse

Sus gritos alcanzaron a escucharse hasta la playa.

Continuará…

RICARDO PAT

riczeppelin@gmail.com

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.