Mientras el humo se asienta

By on junio 24, 2021

Perspectiva – Desde Canadá

XXXVI

Tomo el título de esta aportación de la última canción del disco Blackout de los Scorpions, When The Smoke Is Going Down, el mismo en el que están No One Like You y la canción que dio nombre al álbum, uno de mis favoritos, el primero que escuché de los fabulosos y longevos germanos.

Aplica a tanto de lo que observo desde esta ventana canadiense…

Mientras el humo se asienta, el presidentito que tenemos en México está que no cabe de gusto por los resultados electorales de hace unas semanas. Miren que perder más de la mitad de sus aquellos famosos y tan socorridos 30 millones de votos del 2018 es una hazaña que va de acuerdo con la eficacia (es un decir) en su manera de gobernar, algo que para él es taaaan sencillo.

Pues bien, los votantes le dejaron muy en claro lo que piensan de él y de sus “logros”, haciendo aún más evidente el desacierto de sus acciones justamente en CDMX, donde gobierna el país y también dicta órdenes sobre lo que queda de la administración de la doctora Sheinbaum, otra política en desgracia que simplemente no da una. De repente, “gracias” a los buenos oficios (es otro decir) del mencionado par, la oposición gobierna ahora más de la mitad de las delegaciones.

Mientras el humo se asienta, queda muy a la vista que el manejo de la vacunación nacional obedeció a motivos electorales: organizada, rampante, cubriendo a un gran número de gentes justo cuando se acercaba el 6 de junio, ahora se usa como castigo a aquellos que osaron ir contra el designio del merolico palaciego, además de desfallecer en cuanto a cobertura y cantidad de dosis, embodegada por inescrutables designios.

Mientras el humo se asienta, se percibe la catástrofe que ha dejado el mal manejo de la pandemia en los duros números del desempleo, de los negocios que han cerrado, de los fallecidos, de personas que han pasado a formar parte de las estadísticas de pobreza. Todo lo anterior, penosamente, no ocurre en la pejelandia que las mañaneras pintan, pero describe fehacientemente la solvencia moral del actual presidente y su inhabilidad de construir.

Digo, ¿acaso alguien que dedica todos los días a aventar rollos que se apoyan en dichos, no en hechos, que pierde su tiempo en hablar más que en actuar, que no habla del presente o del futuro, sino que vive en el pasado, no es alguien que está mostrando claramente su ineptitud?

El presidente actual es como aquellos estudiantes que, el día del examen, piensan que va a convencer al Maestro de que le ponga la calificación más alta sin demostrar sus conocimientos, confiado en que la verborrea que emite es evidencia suficiente de su capacidad.

Mientras el humo se asienta, la tan temida segunda ola de contagios, esa que no se alcanzaba a percibir claramente, siguió a los anuncios con bombos y platillos de que la república mexicana estaba toda casi en semáforo verde; la virulencia y mortandad se hace presente cada vez en más familias, en más conocidos nuestros, en gente buena que hemos perdido.

En una de las múltiples incongruencias y desatinos de esta Transformación de 4ª, la principal figura que rigió los destinos y dictó estrategias erróneas, en medio de este nuevo vendaval de contagios, alegremente decidió que ya su trabajo había finalizado, anunció que ya no era necesaria su labor, y abandonó a tantos que actualmente sufren los embates del virus.

Claro, su decisión no tiene nada que ver con la arrastrada que le dio una verdadera periodista en sus últimas apariciones: al ser cuestionado con datos duros (la kriptonita de esta administración), el doctorcillo simplemente no tuvo argumentos y arremetió con grosería y prepotencia, escurriendo el bulto y sin dar respuestas claras, como también ya es costumbre desde 2018.

¿Lo peor? Los festejos con mariachi, flores y lágrimas su último día de peroratas y desinformación, cuando lo que merece el bien denominado Dr. Muerte es que se le aplique la justicia por el rosario de decisiones contra la Ciencia que enarboló y empujó, que se han traducido en tantos finados. La justicia divina se encargará de él, eso me queda claro.

Mientras el humo se asienta, observo con pesar cuán largo es el brazo de los mercaderes del terror y delincuencia, cómo influyeron en las elecciones, imponiendo y matando candidatos; al mismo tiempo, observo cuán corto e ineficaz es el brazo de la ley, cómo el poder judicial (en su gran mayoría) se ha plegado a las órdenes del ciego rencoroso que nos gobierna.

¿A poco hay algo que presumir tres años después de haber tomado el poder? ¿Cuánto crecimiento económico se ha logrado que no haya sido encomendado al ejército, la institución más fuerte y apuntalada por el actual gobierno? ¿Acaso no nos ha quedado claro que lo del gobierno ahora es amedrentar con el peso de las instituciones, calumniar, arropar delincuentes del pasado y del presente? ¿Qué país observamos tres años después de iniciada esta “Transformación”?

Desde esta perspectiva, por el contrario, queda a la vista que la estrategia del actual gobernante no es abonar para el futuro, ni construir bienestar o unión para los mexicanos, que es un farsante con piel de oveja y colmillos de lobo.

En su descargo, hay que decir que en teoría debiéramos como país migrar hacia lo que predica. Las limitadas acciones, pésima ejecución y peores individuos encargados de ellas, aunados a rollos insostenibles ante las evidencias y los hechos, terminan de hundirlo como dirigente.

Mientras el humo se asienta, por otro lado, veo con esperanza que muchos mexicanos finalmente se están dando cuenta del costal de marrullerías que cargan el presidente y sus secuaces, lo que no los hace diferentes a los anteriores, sino confirma lo que muchos ya sabíamos desde hace décadas: que el tipo no sabe hacer nada sino dividir, confrontar y destruir, que es uno más de aquellos que se han servido de México.

Está a la vista el 2024, cuando espero el resto de los mexicanos se encargue de enviar a la cloaca de la Historia al iluminado macuspano que logró engañar a tantos, y decepcionar a muchos más.

La incógnita resulta quién tendrá los pantalones de erigirse en el guía en que pongamos nuestra confianza electoral, que demuestre que en realidad desea nuestro bienestar, que no se rodee de la misma cofradía del “joder” que nos ha hundido y nos sigue hundiendo como país.

Diógenes, a ver si nos alumbras un poco…

S. Alvarado D.

sergio.alvarado.diaz@hotmail.com

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