Margarita Acosta Franco de García

By on marzo 21, 2024

El talento es una semilla que se siembra

ALFONSO GARCÍA PENICHE, MARGARITA ACOSTA FRANCO CON ALFONSO HIRAM EN LA CIUDAD DE MÉXICO EN 1940. Archivo AHGA.

ALFONSO HIRAM GARCÍA ACOSTA

El talento viene hecho,

y trae consigo la obligación

de servir con él al mundo.

– José Martí

La biografía no consiste […] en decir todo

lo que se sabe, pues entonces cualquier libro

sería tan largo como una vida, sino tener

en cuenta lo que se sabe y escoger lo esencial.

– André Maurois

La trayectoria de los talentos de la Cultura, por lo general, no transcurre de manera horizontal ni expedita. Ellos se enfrentan a irregularidades, aunque en determinadas etapas de sus vidas sean vistos como seres corrientes, no marcados por la aureola del éxito o de la diferencia.  Sin embargo, hay nombres que se fijan por su significación social, porque señalan su propia trayectoria, crean y enriquecen los valores del patrimonio cultural del suelo que pisen.

            El texto que ahora tengo en mis manos es casi una veleidad, porque carece de perspectiva temporal suficiente y, además, está sujeto a ese juez impávido y quisquilloso que es la contemporaneidad. Advertirlo me parece un deber elemental; escribirlo, una audacia que sólo puede permitírseles a los primogénitos.

            Este es el caso de Margarita Acosta Franco, “Mayita” para todos los que fueron sus alumnos; de una capacidad creativa privilegiada, hecha con un lenguaje muy personal en que colocaba su corazón.

            “Mayita” en algunas ocasiones escribió música, ya que estaba dotada de un tremendo oído musical. No era empírica de la música, ya que genéticamente le venía la vena de la interpretación, pues se alimentó con acordes y pentagramas desde su niñez, pues sus tías Felipa y Licha eran virtuosas del violoncello y el violín, respectivamente. Mayita estudió primero violín, luego piano, y terminó haciendo líneas melódicas con la guitarra acústica, componiendo canciones para los onomásticos o nacimientos de sus nietos.

            Personalidad relevante de la docencia, volcó sus extraordinarias dotes humanas hacia varias generaciones, uniéndolas en torno a sí a través de acciones de intercambio recíproco con la comunidad, de manera que fructificara su esfuerzo pedagógico.

            Estas razones pueden ser suficientes para creer que es inseparable la interacción social como condición para formar el talento y la cultura, y lo son. Por las mismas “Mayita” amerita ser objeto de muchas más investigaciones; además merece el respeto de todo su entorno, al ser en sí misma una institución.

Su magnitud creadora nos hace admitir como válida la existencia de una pedagogía cultural, científica y humana privativa de ella, creada para la comunidad, ejemplo de entrega y de tesón.

Yucateca de raigambre profunda, Margarita Acosta Franco desarrolló su vida productiva en la región desde su nacimiento, el 26 de abril de 1912, en Mérida, la de Yucatán. Para los que convivimos y los que visitaron su hogar sin previo aviso, no fue difícil apreciar cómo fluía su vida rodeada de libros, de notas musicales, cuerdas, partituras y, sobre todo, de mucha gente de edades distintas que esperaba de ella un consejo, una traducción, una recomendación o un tratamiento medicinal.

            Su vida transcurrió en espacios de tiempo desocupados. En su juventud, parte para Nueva York para continuar sus estudios universitarios, acompañada de sus hermanas menores, Aurora y Rosa. Hizo viajes anuales a la Antilla Mayor, en La Habana, y a la en ese entonces Provincia Oriental. Representó en la Sociedad Iberoamericana de Nueva York a la mujer latina, y durante su coronación llevó con orgullo nuestro traje regional, siendo todo un acontecimiento social al que asistió y en el que cantó Augusto “Guty” Cárdenas Pinelo, quién se encontraba grabando en la Gran Manzana en ese entonces.

            En sus viajes de descanso estudiantil, conoció a Alfonso García Peniche. Dos años después contrajeron nupcias y procrearon tres hijos: Alfonso Hiram, Alma Margarita y Gloria de los Ángeles. Ambos amantes de las Artes y de la Cultura en general, se conocieron en el ambiente del Teatro Experimental de la época y montaron la comedia en verso “Champagne Frappe”, en el Teatro “José Peón Contreras”. (1934)

            La época de los años treinta era difícil en el medio y decidieron dar el salto a la Gran Capital, donde reiniciaron su vida en las cercanías de la Basílica de Guadalupe, en la colonia Estrella, en donde montaron una pequeña academia de enseñanza del idioma inglés, fungiendo como traductora de obras y anfitriona de muchos yucatecos y habitantes de otros lares que, como ellos, llegaban a la megalópolis en busca de mejores horizontes, especialmente en la locución en los albores de la radio en México.

Nuestro hogar siempre se caracterizó por mantener las puertas abiertas a las letras y a la música. Recuerdo las veladas musicales de los sábados en las que se reunían algunos de los que después serían consagrados de la palabra radial y de la interpretación: Arturo García “El Macanudo”, que posteriormente fuera Arturo de Córdova; Wello Rivas, un magnífico compositor de boleros; Don Tránsito Conde Alcalá, pianista y afinador del piano de casa; Miguel Ángel Torres, crooner; la compositora Emma Elena Valdelamar, autora de bellos boleros; Ramón Armengol, artista de cine y pianista; Ramiro Gamboa, el “Tío Gamboín”; Abel, Armando, Ramiro, José y Serafina Domínguez, quienes formaban parte de la Marimba Orquesta “Lira de San Cristóbal”; Rubén Marín y Kall, Humberto G. Tamayo, Rosa María Alam, la primera mujer yucateca que triunfa con su voz en la música sonera, y muchos más que sería prolijo enumerar. Desde luego, debo destacar que Alfonso García era un profesional de la declamación, además de tocar la mandolina y armónica de semitonos; “Mayita”, además de anfitriona, era muy buena acompañante y lectora de música.

            Años después trasladaron su residencia a la ciudad norteña de Monterrey y posteriormente, en 1949, decidieron regresar a la tierra del Mayab y sentar bases para educar y crecer profesionalmente a sus tres hijos.

            Ya en Mérida, le dedica muchos años a la docencia media, siendo maestra de Idiomas, Taquigrafía y Mecanografía en la escuela “Jenaro Rodríguez Correa”. Imparte clases de inglés y francés en su propio domicilio, haciendo traducciones de libros en ambos idiomas; y asesora y elabora tesis profesionales, lo mismo de medicina que de agronomía para la Escuela de Agricultura “Hermanos Escobar” de Chihuahua, además de preparar médicos en inglés técnico para sus postgrados en Estados Unidos o Europa.

Celebración de Fiestas de Diamante de la Escuela “Educación y Patria”.  Primera de Izquierda: Margarita Acosta; última derecha: Aurora Acosta.

La formación cultural y académica de mis hermanas la llevan a nuevas incursiones en la formación artística de ellas. Hace mancuerna de trabajo con la maestra Socorro Cerón Herrera y, desde la antigua escuela de las “Bellas Artes de la calle 60 x 67 de esta ciudad, se dan a la tarea de llevar a escena “El Lago de los Cisnes” con las alumnas de danza clásica de esa institución.

Traduce los libretos del francés, trabaja en el diseño del vestuario, sustituye en el piano en los ensayos a la maestra titular, diseña los programas de mano. Un año después se inicia la primera temporada de ballet clásico en el Teatro “Colonial”. Participa como primer bailarín Alfredo Cortés y las primas ballerinas Alba Luz Carcaño y Mirna Vado.

Estas líneas no llevan un orden cronológico exacto, pero intentan reflejar como fluye su vida incansable acorde con las pautas morales y el desarrollo científico de su tiempo.

Salón de la casa de mis bisabuelos en la calle 55 entre 62 y 64 en Mérida. En el corredor del patio principal ensayaba el conjunto de cuerdas familiar; su primer director fue Don Gerónimo Baqueiro Foster, considerado el mejor musicólogo de México en los años 50, lo suplió después el violinista Don Luis Garabito, violín concertino de la Sinfónica de Nueva York.

En una ocasión mi madre me reiteraba su concepto de cultura para la formación del talento, lamentando el éxodo de varios de ellos hacia la capital del país:

            “Yo pienso que en los programas para la enseñanza artística debería haber una integralidad mayor para la formación de los talentos; pero no sólo con los niños, sino también con los profesores, que deben tener más en cuenta la ética del talento, o de la asignatura que sea, porque no sólo es saber Matemáticas o cualquier otra ciencia o letras.  La cultura es todo: vestirte, la forma de hablar, el cómo conducirte.  Y eso hay que mejorarlo. Hay que leer, todo libro burila una enseñanza, pero hay que empezar con los niños. Yo les pregunté un día a mis alumnas: ¿Qué es Cultura? Y me dijeron: Cantar… Estudiar… tener un título. Y yo les dije que no, que cultura es todo, es decir buenos días, saber comportarse en cualquier lugar, y el conocimiento general. Yo a todo eso le digo “el eslabón perdido”.

            Inicié con una sentencia de “Mayita”: “El Talento es una Semilla que se Siembra”. Esa semilla la sembraron en ella sus abuelos, como también en su padre Rafael, estudioso y viajero infatigable que dominaba varios idiomas al educarse en la Europa Central; en sus tías, virtuosas de la música de cámara; sus hijos, profesionales y abiertos a la cultura general pues entre los tres han generado su propia formación en los campos de la pintura, danza, literatura, poesía y otras disciplinas; en sus nietos, también profesionistas, Addy Margarita, maestra y guía Montessori, Alma Patricia, maestra en arte integral, con especialidad en Artes Plásticas, Juan José es abogado, Alma Licenciada en Educación; Alfonso Enrique, y Gloria del Carmen son Contadores Públicos, y Gabriela, Ingeniera en Sistemas Computacionales; Abril Margarita, Licenciada en Administración de Empresas. Ahora sus bisnietos han tomado la estafeta e incursionan con éxito en sus estudios mientras que sus habilidades en las artes ya son manifiestas en la pintura, la música, la oratoria y otras…

Margarita Acosta ha dejado una simiente difícil de superar: su solidez de pensamiento pedagógico, su pluma ágil en el ensayo y en la crónica periodística que cultivó hasta en sus últimos días, su infatigable deambular por el mundo en su juventud y ya también en el atardecer de la vida, donde la libertad, la comunicación y el conocimiento no tienen tiempo marcado.

En el umbral de su existencia nos dio muestras de esa entereza, de la persona que, sabiendo la proximidad de cambio de plano astral, nos dejó constancia de cómo aceptar dignamente ese momento rodeada de toda su familia.

Nuestro agradecimiento a Addy Margarita García Campos, quien hace honor a ese amor que le prodigó su abuela, dejando constancia en este su hogar, que es la Comunidad Educativa “Bambini Montessori”, inscribiendo el nombre de su abuela en el lugar donde las letras se funden en libros: la Biblioteca, que a partir del 2014 lleva el nombre de Margarita Acosta Franco de García, en justo homenaje a quien fue su guía de luz, consejera y amiga hasta el último de sus días.

Estos son los “Libros de Oro de los Niños” que mis padres me regalaron para que aprendiera de teatro, literatura, cuento, filosofía infantil, etc. Los compraron en abonos para pagarlos en un año. Gracias. Ahora son de mis bisnietos. Archivo AHGA.

Nos felicitamos por tu gratitud y admiración al ejemplo y trabajo de una vida que nos llevó de la mano sin hacérnoslo saber.

Alfonso Hiram, Alma Margarita y Gloria de los Ángeles García Acosta.

BIBLIOTECA “MARGARITA ACOSTA FRANCO”

COMUNIDAD EDUCATIVA “BAMBINI MONTESSORI”.

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.