Visitas: 2
Remembranza

La “Jura” de Bandera
Escribo estas líneas siendo el 24 de febrero del 2016, fecha en que se festeja el “Día de la Bandera” en México. Desde hace varios días resuenan en mi mente tanto los versos que enmarcan estas letras, como los recuerdos a los que están asociados.
Todos los lunes de inicio de mes, a menos que fuera día inhábil, durante mis años escolares de Primaria y Secundaria se realizaban honores a la bandera.
“Se levanta en el mástil mi bandera,
Como un sol entre céfiros y trinos,
Muy atento en el templo de mi veneración,
Oigo y siento contento latir mi corazón…”
La primera hora de clases siempre era limitada: poco tiempo después de haber sonado el timbre que indicaba el inicio formal de las clases, las maestras nos dirigían a la “cancha”, es decir, al espacio multifuncional de la escuela. Multifuncional porque era cancha de básquetbol, de tenis, de vólibol, de fútbol rápido, de fútbol americano, etc., sin por ello dejar de ser escenario, lugar disciplinario – sí, sobre todo cuando nos ponían a dar vueltas a la periferia de la cancha en cuclillas, agarrándonos los tobillos, los clásicos “patitos” que vaya que cansaban – y también lugar de encuentro durante el recreo o a la salida para los fines que cada uno tuviera en mente.
En esos lunes, después de que nos acomodaban en la periferia de la cancha, la ceremonia seguía un patrón muy definido: la “escolta” recibiría el lábaro patrio, lo pasearía gallardamente frente a nosotros mientras la banda de guerra – o únicamente la trompeta primera del Prof. Soberanis – acompañaba el recorrido, indicándonos cuándo saludar, y cuándo dejar de hacerlo; entonces se presentarían las efemérides del mes – en diferentes formatos: trabajos, lecturas seleccionadas, etc. –, se haría alguna declamación, se presentaría algún tema de interés general, y despediríamos al lábaro patrio.
“Es mi bandera la enseña nacional,
Son estas notas su cántico marcial.
Desde niños sabremos respetarla,
Y también, por su honor, morir…”
Mientras todo lo anterior sucedía, siempre y cuando no estuviéramos en la fase de “saludar” que se mencionó, algunos buscábamos en qué entretenernos, principalmente porque el sonido era tan malo que no se escuchaban las intervenciones de los compañeros. Así, generalmente hablábamos de lo que hubiera acontecido el día anterior en DeporTv, o la última “desventura” que se hubiera presentado en “Siempre en Domingo” (recuerdo perfectamente cómo disfrutaba escuchar lo que hubiera acontecido con Iris Chacón y sus problemas de vestuario, maldiciendo que no lo hubiera apreciado personalmente; de similar manera me enteré del problema de “micrófono” de Lucerito, porque me lo contaron). Otros temas comunes eran nuestras compañeras y su desarrollo anatómico, los resabios de la última fiesta a la que hubiéramos asistido – y si tuviera algo relacionado con nuestras compañeras, ¡mejor! – y cualquier tema que quisiéramos abarcar rápidamente durante la ceremonia, todo mientras no fuéramos detectados “armando moruca” (Capi dixit).
Mientras escribía este texto, y me informaba del origen de estas letras, también acudió a mi mente la noticia de que la última línea que cantábamos – esa que dice “y también, por su honor, morir” – levantó ámpula hace unos años, porque resultaba demasiado “inapropiada” que los niños hablaran de morir, eligiéndose entonces cantar “y también por su amor, ¡vivir!”
Antes de que lo olvide, la letra de esto que se llama oficialmente “Toque de Bandera” es de la ya fallecida maestra Xóchitl Angélica Palomino Contreras, y la música es de Juan Pablo Manzanares. Si bien la música ya llevaba un buen rato interpretándose – desde 1934 – el desarrollo de la letra fue porque a la maestra – hija de un militar – le parecía que era necesario uniformar las ceremonias de homenaje a la bandera; entonces puso manos a la obra, apoyada por el Mayor Guillermo Estrello González, quien fuera entonces director de la Banda de Música de la 1ª. División de Infantería, hasta obtener las letras que cantamos tantas veces.
La maestra Xóchitl “envió la propuesta a la Dirección General de Educación Preescolar de la Secretaría de Educación Pública, explicando los motivos que le habían impulsado a realizarla. A su vez la dependencia, considerando que se trataba de un toque militar y que tal vez se encontraría alguna objeción para cantarla en los jardines de niños por parte de las autoridades militares, envió un oficio a la Secretaría de la Defensa Nacional, para solicitar el permiso correspondiente.”
“Sucedió todo lo contrario: El Ejército no sólo autorizó a la Dirección General de Educación Preescolar que el Toque de Bandera se cantara en jardines de niños sino que incluso su autora recibió una calurosa felicitación por escrito de parte del General de División Tomás Sánchez Hernández, en ese entonces alto funcionario de la Secretaría de la Defensa Nacional, era el año de 1956.”
Tantos recuerdos en este día en que celebramos a nuestro lábaro patrio, todos originados por estas letras que, junto con el “Juramento a la Bandera”, nos pretendían enseñar aprecio por este símbolo por el que tantos han luchado y caído.
Lo lograron conmigo.
¿Y contigo, querido lector?
Gerardo Saviola
Bibliografía





























