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José Luis Trueba Lara y Carlota

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Era el miércoles 18 de marzo. Llegué, como de costumbre, 15 minutos antes de la cita con José Luis Trueba Lara, quien acudió una vez más a la Feria Internacional de la Lectura Yucatán 2026 para presentar su más reciente novela: “Carlota, la otra historia”.

Esta entrevista, posible gracias a nuestras amigas de Editorial Océano, se realizó por la tarde, poco antes de que José Luis ingresara al salón Chichén Itzá, en la Sala José Emilio Pacheco, donde se reunió con sus seguidores, acompañado de Aída López Sosa.

José Luis Trueba Lara, nacido en la Ciudad de México en 1960, es un aferrado escritor y editor que ha publicado una buena cantidad de libros, reportajes, novelas, cuentos, ensayos y antologías. En Océano cuenta varias novelas dedicadas a la historia de México como Malinche, Moctezuma, Hidalgo, Juárez y Díaz.

¿Desde cuándo tienes la inquietud de hacer realidad esta obra?

¡Ah, chirrión! Carlota me anda correteando más o menos desde agosto del 2010. La muy canija no me suelta desde hace 16 años. Es más: le tuve que hacer un libro para que se fuera. Te cuento… La primera vez que apareció en mis libros, en mis novelas, fue en “La derrota de Dios”, una novela de aquella época que trataba de Miguel Miramón y ahí sale Carlota nada más una vez, cuando se encuentra con la esposa de Miguel Miramón y me la pone como palo de gallinero. Eso de palo de gallinero no lo digan, es malo. Luego vuelve a aparecer en otra novela mía que se llama “Pronto llegarán los rojos”, que es cuando Porfirio Díaz toma la Ciudad de México, ahí vuelve a salir. Luego me la vuelvo a topar con Juárez, que por aquí está; luego me la vuelvo a topar con Porfirio Díaz hasta que dije: ¿Cómo me quito de encima a esta mujer que parece está mal de sus facultades mentales? Hagámosle una novela.

Sobre Carlota existen más de cien libros certificados…

¡No, hombre! Creo que la cifra se queda corta. Podrías llenar una biblioteca, deben ser más de cien, deben ser demasiados…

Siendo Carlota un personaje tan recurrente de la literatura ¿cómo se te ocurrió que su historia fuera narrada a través de una persona tan loca como la propia emperatriz de México?

Fíjate que cuando empecé a pensar en la novela de Carlota, el problema no era la historia, pues todos sabemos más o menos de que trata, por lo menos las líneas generales. El chiste de una novela no es la trama, aunque ustedes no me lo crean; el chiste de una novela es cómo vas a contar esa trama. Entonces yo decía: ‘Bueno, Carlota no puede hablar de sí misma. ¿Por qué no? Porque, bueno ¿pues qué hacemos con Fernando del Paso? “Noticias del Imperio” es una obra maestra, entonces no. Tampoco podía hacer una gran puesta en escena donde Carlota estuviera platicando, porque ¿qué hacemos con “Las Coronas de Sombras” de Usigli? Entonces pensaba ¿cómo le hago para abordar a Carlota?, ¿cómo le hago para atacar al personaje? Un día pensaba cómo miramos nosotros la realidad. Cuando me hice esa pregunta, me dije: ‘Ya sé, Carlota debe ser contada por una persona cercana a ella, una dama de la corte. Eso, ya está. Palomita, una dama de la corte, segunda; ahora, ¿una dama de la corte normal? ¿Que se sienta incomoda por todas las cosas raras que hace Carlota? Necesito a alguien que la comprenda, alguien que la entienda; por lo tanto, tiene que estar loca. Solo un loco entiende un loco y ahí todo funciona bien. De ahí nació este personaje, que en realidad es el único inventado de la novela; todos los demás personajes que salen en la novela son reales. La narradora es una mujer que fue dama de la corte, que se escapó del manicomio; es una mujer empobrecida, porque la guerra cobra.

La novela “Carlota la otra historia”, de José Luis Trueba Lara, cuenta la vida de Carlota de Bélgica, emperatriz del Segundo Imperio Mexicano, desde una perspectiva muy distinta a la historia oficial. En la foto: Ricardo Pat, José Luis Trueba Lara y el L.C.C. Ariel López Tejero en la FIILEY 2026.

Pero fue un gran acierto, desde mi punto de vista, porque todos los usos y costumbres del México de aquella época los describe ella de una manera muy coloquial además…

¡Claro!

Eso hace que el libro sea divertido en muchas partes, pese a lo trágico de la vida de Carlota.

Eso que acabas de decir es crucial. Por eso me ayudaba mucho la dama loquita: estuvo en el Imperio, estuvo en el Castillo, vivió cerca de Carlota y, de pilón, lo entiende todo, lo entiende porque lo ha vivido, porque es parte de su existencia. En ese sentido fue muy divertido trabajar con mi loquita, pues…

Existe una conexión entre Carlota y Yucatán que me gustaría que comentaras a nuestros lectores.

¡Ah claro! Carlotita, ahí donde ustedes la ven, fue muy paseadora. Estuvo en muchísimos lugares del país, pero el viaje más largo que hace durante todo el imperio es aquí, a Mérida. Aquí estuvo varias semanas. La llevan a las haciendas, la llevan a algunos pueblos, la llevan a Uxmal, y de lo único que se queja de los yucatecos es que son demasiados musicales. ¿Qué quiero decir? Carlotita ya se iba a dormir, se estaba acostando, y llegaban las serenatas; salía y daba las gracias, se regresaba a dormir, y la que sigue. Duraban las serenatas de 8 de la noche a 6 de la mañana. ¡Claro! Un día está bueno, pero al cuarto día dices: ‘Ya, por favor, ya no me toquen esa.’ Es de lo único que se queja, de que eran tantas las serenatas, que se queda sin dormir ahí. Por supuesto, al día siguiente, en los eventos públicos, ahí anda cabeceando como señora en transporte público, durmiéndose.

¿Te gustaría que tu novela de Carlota se convirtiera en una serie de televisión?

Hay dos razones por las cuales creo que no. Sí me gustaría verla en serie, sería divertido. Es más, no sé si la vería…

Jajaja ¿Porque ya te sabes toda la trama?

¡Ya me la sé! Entonces ver una serie que ya sé de qué se trata no, no está bueno. Hay un detalle por el cual la novela no funciona para una serie: está en contra de la imagen oficial de Carlota…

Es verdad, es verdad…

Carlota ¿cómo tiene que ser? Alta, guapa, güera, etcétera, cuando la verdad es no era nada de esto, Carlota era chaparrita, un poquito gordita, de cabello cafecito castaño, morena.

José Luis Trueba Lara decidió que su novela “Carlota la otra historia”, fuera narrada por una cortesana que ha perdido la razón, quien asegura haber sido cercana a Carlota. Desde su propia locura, reconstruye la vida de la emperatriz, mezclando recuerdos, rumores, chismes y fantasías.

Creo que el éxito de tus novelas está en la desmitificación precisamente que haces de los personajes históricos. Los presentas más terrenales, más humanos.

Eso es lo que yo busco. Mira, yo te voy a contar una intimidad, eso lo va a dejar claro. Descubrí que los personajes de la historia eran mis cuates. Sé que es raro tener puros amigos muertos, es raro, pero recuerdo cuando estudié filosofía haber leído a Platón. Hay una escena en los Diálogos, cuando Sócrates va al mercado de Atenas a ver todo lo que no necesita, como si fuéramos a un centro comercial o a un mall a ver todo lo que no necesitamos. Te juro que esa escena me encantó. Una cosa que me pareció fascinante es que la viví junto con Sócrates mientras leía. Estaba hace 2 mil 500 años en Atenas con gente que tenía esa cantidad de tiempo muerta.

Estaba seguro que has escrito más de 50 libros, unos 60 quizá, pero me aclaras que son más de cien libros, o sea, llevas más de la mitad de tu vida trabajando.

Llevo dos terceras partes de mi vida escribiendo…

¿Cómo escribes?, ¿por las mañanas, en las tardes?

Escribo tempranito. Me levanto todos los días a las 4:30, cinco de la mañana, y camino al lugar donde escribo. Me siento a trabajar en piyama, ni me baño, y escribo de corrido de lunes a domingo, los siete días de la semana, de 5 de la mañana a una de la tarde. Alguien me diría: ‘Oye, José Luis, ¿no es mucho?’ No, es lo mínimo por una razón: el escritor es como un deportista, como un músico. Al deportista nadie le critica que diario entrene, me da igual el deporte que sea. ¿Por qué? Porque si deja de entrenar tres, cuatro, cinco días, pierde la forma; un músico es igual: llegamos a un concierto, vemos a un grupo bueno, me da igual el género y parece re fácil, nada más le hacen así. ¿Pero cuántas horas de ensayo hay para que eso que está ahí se vea fácil? Un escritor tiene que escribir diario, al menos en mi caso.

Pero no podemos concebir toda esa entrega, ese profesionalismo, sin un gozo implícito.

Aaaah, vamos al gozo y al retozo. El gozo es muy fácil. Escribir se parece mucho a actuar, hagan de cuenta que yo soy José Luis Trueba y de pronto desaparezco y llego al escenario, y cuando llego al escenario ya no soy José Luis: soy un personaje. Me da igual si soy Hamlet o lo que ustedes quieran y manden; lo que hace el actor es prestarle su cuerpo al personaje. Entonces, no es José Luis, es el príncipe de Dinamarca. En la escritura pasa lo mismo: me siento a escribir y escribo no con los dedos sino con todo el cuerpo, es decir, tengo que sentir lo que sienten mis personajes; tengo que vivir junto con ellos todo eso, porque si no, no me la creo y tú tampoco, y tú menos.

RICARDO PAT

riczeppelin@gmail.com

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