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Nuestros finados se apersonan, según nuestras tradiciones mayas, este fin de semana. En realidad, algunos de ellos nos acompañan siempre, en nuestros recuerdos, en los lugares donde convivimos con ellos.
La comida de las ánimas, nuestro Hanal Pixán, es uno de los más bellos ejemplos de la simbiosis entre la cultura maya y la religión católica que pretendió reemplazarla. Similar es el ejemplo de la Cruz Verde, que no es más que una ceiba, árbol sagrado para nuestros antepasados mayas.
Por si fuera poco, así como durante la comunión católica se consume el cuerpo de Cristo, cuando comemos un mucbilpollo estamos consumiendo simbólicamente el cuerpo de nuestros finados, hombres del maíz del Popol Vuh.
Acaso algunos aún continúen con la iluminación de los patios para que los finados encuentren el camino a su casa, con la necesaria lechada a las albarradas y árboles, sin olvidar la limpieza de la vivienda.
Cada uno de nosotros guarda al menos un recuerdo de estos eventos en su vida. Cuando niños, porque comíamos muy rico, aunque fuera después del fastidioso e interminable rezo; cuando adultos, porque la familia se reunía para celebrar a los que habían partido, conviviendo y compartiendo recuerdos mientras creábamos nuevos.
Entonces finalmente entendimos que tener una familia es una riqueza que no muchos poseen…
Pareciera que nuestras costumbres de antaño van sucumbiendo ante celebraciones como la del jalogūin, que allende fronteras tiene su máxima manifestación.
Sin embargo, mientras quede una familia que se reúna para preparar la mesa de las ofrendas y las viandas, rezar a sus difuntos, y cocinar los ricos mucbilpollos y pibes, podremos decir que nuestras tradiciones se conservan.
¡A preparar nuestros altares, llenándolos de aquellos alimentos y bebidas que nuestros difuntos disfrutaron cuando estuvieron con nosotros, para que puedan alimentarse de su esencia y del amor que aún les guardamos!
Elevemos una oración por su descanso mientras convivimos en familia en estos días, apreciando nuestro origen, prometiéndonos conservarlo, respetarlo y difundirlo.




























