El Sentido de la Muerte

By on julio 4, 2019

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Dra. LAURA SALAMANCA LÓPEZ

MTRA. TANATÓLOGA

La tanatología fue nombrada rama de la medicina forense en 1901 por el ruso Elías Metchnikoff. Trataba solo del estudio del cadáver pero, con los años, se desenvolvió en el nivel hospitalario, cerca de los pacientes que perdían la vida y así se dejaba de vivirla en casa, con el afán de ocultar la muerte, para hacerla menos visible, y así olvidar los horrores de las guerras mundiales. Actualmente, esto ha cambiado y se lucha porque el paciente termine en su casa y con los suyos, ya que la ausencia ha dejado más trabajo a la psicoterapia.

En los años 60s, la maravillosa intervención de la Dra. Elizabeth Kübler Ross dio un giro a la tanatología, incluyendo a la persona en cuestión, para poder expresar, sus sentimientos, emociones y deseos, haciendo un estudio extenso acerca del tema.

A través de los años, la Tanatología se ha convertido en algo esencial para el cuidado de las personas en duelo, no solo en personas terminales o familiares de los muertos, sino para toda aquella persona que esté pasando por una situación de pérdida, de duelo, ya sea enfermedad crónica, pérdida de un trabajo, divorcio, etc., por lo que se adhieren diversas especialidades como enfermería, psicología, psicoterapia, el derecho, antropología, etc.

Hablando de la muerte, nadie muere por vejez, toda autopsia bien efectuada revela alguna patología que la causó, siempre hay algún órgano que falló. Este hecho fundamentó por años la esperanza de que, a medida que se logre prevenir o curar las enfermedades, los organismos se irán haciendo inmortales (Cereijido & Blanck). Sigue siendo doloroso perder a un ser significativo, o estar cerca de morir; primeramente, en psicoterapia se investiga lo que significa la muerte para quien sufre el duelo y bajo las normas de su religión, de acuerdo con su experiencia de vida y partiendo de ahí, se comenzará la aventura a una autoexploración, ese viaje al interior, para poder descubrir el misterio de seguir adelante sin cargar costales, y continuar el viaje de la vida ligero…

El sentido de la muerte se encuentra en la vida misma ya que, cuando sabemos que vamos a morir, dirigimos todos nuestros esfuerzos a vivirla intensamente, descubriendo lo que por años no habíamos visto. Aparte, la muerte de alguien significativo nos hace reflejarnos en ese espejo en el que recorremos nuestra vida, y en momentos nos ponemos en el lugar del finado, pensando qué haría nuestra propia familia en caso de ser nosotros los involucrados. Y sin saber en qué momento, se comienza a hablar de muerte con miedo, si es que se habla de ella ya que lo más común es evadir hasta la propia palabra, cosa que no ocurría anteriormente.

LA MUERTE SEGÚN LOS MAYAS

Estela “¿Árbol de la Vida y la Muerte?”. Archivo AHGA.

Estela “¿Árbol de la Vida y la Muerte?”. Archivo AHGA.

Los mayas creían en la muerte después de la vida, en una línea del tiempo sin fin.

La Dra. Viera Tiesler, junto con Roberto Martínez González, dice que cada persona tiene un corazón (no como elemento unitario, sino como flujo anímico que se difunde por todo el cuerpo) formado de una serie de componentes que transitan por los espacios del cosmos, conteniendo emociones, entendimiento, estados de ánimo, valores personales, memoria y voluntad, independientes del cuerpo, localizándose en todo el cuerpo y en el aliento (Prana para los budistas). En la muerte, algunos de estos componentes anímicos se destruyen, algunos regresan el día de los Fieles Difuntos y otros viajan al inframundo, junto con el cuerpo físico, donde son limpiados de toda transgresión e historia personal, y reinsertados en un nuevo elemento o individuo diferente para el inicio de una nueva vida.

En la Cultura Maya se concibe el Hombre como de naturaleza dual, o sea, unión de cuerpo y entidad anímica que se separan en el momento de la muerte para habitar en sitios del cosmos, entre ellos el inframundo (XIBALBÁ), siendo la ceiba el puente de comunicación entre la tierra y el inframundo.

El cielo está formado por una pirámide de 13 niveles y el inframundo por 9 cuerpos como pirámide invertida. El cielo está destinado para los que morían en guerra y en sacrificio, y posiblemente para las que morían en el parto.

Sin embargo, el inframundo, según el Popol Vuh, era un camino de pruebas, llegando a dicho lugar por escaleras muy inclinadas, según Roberto Romero Sandoval, atravesando ríos rápidos de sangre y de agua, y pasando por jícaros espinosos. Atravesar por el agua representa destrucción, retorno a un estado natural y renacimiento, adquiriendo conocimiento. Los sacerdotes y chamanes llegaban al inframundo cruzando por agua.

 En el último nivel del inframundo, el cuerpo se desvanece y se convierte en esqueleto, como Xibalbá, concluyendo que lo sagrado está en el interior de la tierra, donde surge la vida, no en el cielo.

Las personas normales eran enterradas en el suelo de sus casas, mientras que a los jerarcas se les hacían tumbas especiales, amortajando su cuerpo y cubriéndolo con pigmento rojo (que significa renacimiento), agregándoles a sus tumbas objetos suntuarios o cuerpos de personas sacrificadas, que representaba la máxima expresión religiosa. Para los mayas, los huesos simbolizan firmeza, fuerza y origen, por eso se realizan diversos rituales con ellos, aun en la actualidad en Pomuch y Campeche.

Sin embargo, la Tanatología es de gran importancia ante los problemas al respecto de una muerte cercana por enfermedad, o por algún accidente que llevó a daños irreversibles donde la bioética toma un papel relevante, hablando de distanasia (donde se busca la prolongación de la vida al costo que sea necesario, sin importar el sufrimiento al que sea sometido el paciente). En la eutanasia (donde el paciente por sí mismo desea quitarse la vida) y la ortotanasia (es la postura que respeta el momento natural de la muerte de cada hombre, sin querer adelantar o prolongar su vida). La tanatología interviene, en conjunto con la familia, para hacer valer los derechos del moribundo y evitar así daños innecesarios a terceros, como serían los cuidadores primarios y hasta personales de salud del hospital donde se encontrará internado.

La dignidad de la persona se comprende solo a través del respeto a la libertad de elegir (Ávila Funes).

Breve tratado pictórico de la Historia de México / Por KINKIN / AHGA.

Breve tratado pictórico de la Historia de México / Por KINKIN / AHGA.

La Psicooncología, como área de la psicología, se encarga de canalizar las emociones de los enfermos de cáncer en una forma saludable, tratando de aumentar su calidad de vida. Viendo este aspecto desde el inicio, un buen oncólogo tratará de buscar al especialista en el tema (psicooncólogo) en el momento de dar el diagnóstico, dejando que, poco a poco, el mismo paciente vaya sacando conclusiones de su enfermedad, mientras se le acompaña por medio de los cuidados paliativos que le ayuden a vivir de una forma más adecuada, principalmente tratando de disminuir el dolor físico (por medio de los médicos tratantes).

La psicooncología trata las esferas bio-psico-social-espiritual y ocupacional en el inter, manejando sus recursos internos con los que cuenta, ya sea para salir adelante de la enfermedad o para aceptar la muerte, junto con sus creencias religiosas al sentir una esperanza de volver a tener salud o la esperanza de una nueva vida, en caso de una muerte inminente, con mucha aceptación, tranquilidad y paz interior, llevando esto mismo a cada integrante de su familia.

El paciente actual sufre un gran impacto al recibir el diagnóstico de cáncer (por parte de su médico), que algún órgano de su cuerpo es afectado por dicha enfermedad. Esto depende mucho de la edad, el sexo, su estilo de vida, sus creencias, sus antecedentes familiares, su situación económica, su familia, sus relaciones personales, su trabajo, su escuela, etc. Puede tener pensamientos de irreversibilidad o de sanación según sea el tipo de cáncer, y comienza a reflexionar sobre cómo organizó su vida, cómo la organizará de ahora en adelante, y sobre cómo se organizará su muerte, por muy dolorosa que esta sea, ya que la muerte es una herida narcisista y no podemos imaginar una existencia sin nosotros.

En este aspecto se entremezcla la esperanza humana, esperando una cura biológica que dejará en manos de los médicos y una esperanza divina según sus creencias. Los Psicooncólogos, Tanatólogos, Psicólogos, Médicos, Oncólogos y demás especialistas, somos parte de esta esperanza humana donde se contiene solo en la escucha y en el abrazo emocional, donde la palabra asertiva alentadora tiene una acción mágica, por lo que el paciente se siente como un individuo reconocido. La esperanza que da la fuerza que proporciona la motivación para enfrentar la decisión y el tratamiento.

La calidad de vida en esta etapa de la enfermedad es un tema muy valioso e importante de tomar en cuenta para la medicina paliativa, ya que está presente cuando las esperanzas y expectativas del paciente son satisfechas por su experiencia.

El paciente quiere retomar su vida anterior (como antes de la enfermedad) y se esfuerza por hacerlo, y no importa que las sesiones de quimio y radio pudieran ser dolorosas e incomodas, con el instinto de sobrevivencia que tienen, y con ayuda del especialista, se va logrando que lleguen a vivir de la misma forma como lo venían haciendo antes de la enfermedad, incluso le da la oportunidad de reflexionar ante la vida que ha vivido. El paciente en su mente mantiene la idea y el anhelo de vivir sin dolor, y eso le da la fortaleza de no mirar hacia otro lado, sino hacia lo que quiere lograr (en este caso, será la salud nuevamente), o la muerte, en su caso, en una forma tranquila y en paz.

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La medicina se ha centrado exclusivamente en tratar este tipo de enfermedades (cáncer) y el estudio para su cura, y ha dejado de lado en el abandono y la marginación a los enfermos desahuciados, considerados como fracasos médicos por la falta de compromiso hacia el final de esta vida, por el tiempo que este tipo de pacientes demanda, mandándolos a su casa como: “máximo beneficio” a morir “dignamente”. Mandarlos a su casa está bien, ya que todos los integrantes de la familia deben estar conscientes del padecimiento del enfermo, hasta los niños de la familia, y que muera en su casa también, pero ¿y la calidad de vida? Ya de aquí aparece una nueva forma de hacer medicina llamada “cuidados paliativos” en los que se atiende al enfermo y a su familia en forma integral, cuidando los aspectos ya mencionados, procurando el máximo bienestar posible, que incluye tratar síntomas físicos como el dolor, la dificultad respiratoria o la depresión, y la atención integral a la familia, que también sufre el proceso terminal, ayudándole a manejar sus sentimientos, permitiéndole expresar sus miedos y temores, facilitando un mejor entorno social familiar, con sensibilidad hacia las necesidades espirituales y la trascendencia  del proceso de morir, sin juzgar, si prejuicios y sin intentar imponer nuestros valores

La medicina paliativa tiene como fin brindar al paciente una mayor calidad de vida, rechazando medidas que disminuyan esta calidad, aunque en el proceso alarguen la vida. Propone un cambio en la mentalidad hacia el proceso de morir, partiendo de metas y esperanzas realistas sobre que, si el enfermo vive más, será que viva mejor. Lo importante es su bienestar en los últimos días. Libertad para elegir es un derecho que el enfermo tiene, siempre y cuando se encuentre con todas las facultades para hacerlo, facilitándole toda la información que requiera y acompañándole en un proceso de deliberación en el que se contemplen sus posibles alternativas y, de no ser así, le toca a la familia tomar la decisión para el bienestar de su familiar, conociendo el tratamiento previamente. Con el deterioro que vendrá con el tiempo, se tomarán nuevamente medidas diagnósticas y terapéuticas apropiadas a su situación o, en algunos casos, estas medidas serán tomadas por la familia del enfermo.

Los cuidados paliativos no aceleran la muerte ni prolongan la vida, asisten y acompañan hasta que la muerte ocurre, como un proceso natural, en un marco de alivio y contención.

Continuará…

Todo lo que hacemos es una gota en el océano, pero si no lo hacemos, el océano tendrá una gota menos – “Madre Teresa de Calcuta”

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